Fernando Clavijo, politico del año
El presidente de la Comunidad Canaria, Fernando Clavijo, tiene asegurado el galardón de “político del año” -eso sí, en la modalidad: desastre- por ser capaz de incendiar la reputación de la principal industria de nuestra tierra en apenas 48 horas. Con su histriónica puesta en escena ante la crisis del crucero MV Hondius por el brote de hantavirus en su pasaje, ha puesto en evidencia un modo de entender el poder basado en el ruido y la irritación que son pésimos compañeros de viaje para las relaciones institucionales en general y también, en este caso, para tranquilizar al sector turístico.
Porque Clavijo, que repite cargo como rostro de la fuerza política que ha gobernado los destinos de Canarias casi de forma ininterrumpida desde los albores de la democracia, ante este trance sanitario ha decidido jugar la carta del "miedo preventivo" intentando vetar un atraque técnico y humanitario que contaba con todos los avales de la OMS y del Ministerio de Sanidad y llevando el choque con el estado central a un nivel de tensión que roza lo temerario. Y que el buque afectado haya terminado fondeando en Tenerife por imposición de la Marina Mercante, ha dejado a Clavijo en una posición de "rebeldía institucional" que compromete la confianza de la actividad turística crucerista.
Y lo ha hecho, literalmente, delante de todo el mundo. Siendo que Clavijo es un mandatario que presume de conocer el sector no debería ignorar que el turismo vive mucho de las percepciones. Y las que ha dejado esta semana a nivel internacional en los noticieros y en la internet es la de una Canarias gobernada por la improvisación y el conflicto. Ha dejado una huella informativa que, probablemente, tendrá malas consecuencias reputacionales para el sector turístico de nuestra comunidad.
Todo lo cual resulta paradójico, porque Coalición Canaria ha sido históricamente el mayor aliado de los grandes tenedores de infraestructuras turísticas. Las políticas de la fuerza “nacionalista” han sido, sistemáticamente, las de facilitar el modelo de masas invasivo que sostiene los balances de resultados de los gigantes del sector. Y a costa de los intereses generales de la ciudadanía canaria, como en los últimos años ha vuelto a quedar de manifiesto en el ninguneo de las quejas y reivindicaciones expresadas en las manifestaciones populares en torno al lema “Canarias tiene un límite”.
Sin embargo, en esta crisis Clavijo ha preferido a la seguridad jurídica y de los negocios que tanto defiende, el titular de impacto. Con frases como "Canarias no será cómplice de un experimento sanitario del Estado" o aludir a los tiempos de las "colonias" ha enviado un mensaje demoledor a los mercados internacionales: Canarias es un destino donde la confrontación política puede estallar ante cualquier dificultad. Y para un turista escuchar a un presidente autonómico cuestionar la seguridad de sus puertos y la eficacia de sus hospitales es una razón de peso para cambiar de destino vacacional.
Estando a pocas semanas de la celebración del Día de Canarias, mientras las campañas publicitarias de su gobierno nos hablan del "modo Canario" como una forma de ser amable, sosegada y hospitalaria, la realidad oficial que está proyectando su gobierno autonómico es muy diferente. Al utilizar una crisis sanitaria mínima en términos de riesgo real para la población, gracias a los eficaces servicios sanitarios de control que se disponen como certifican los expertos epidemiólogos, para alimentar un discurso de "nosotros contra ellos", el presidente ha subordinado la defensa de los intereses generales a la agitación del sentimiento de agravio.
Fernando Clavijo puede llegar a ser el peor "político del año" de Canarias por haber demostrado que para salvar su relato victimista y de confrontación -tan en boga entre la clase política en estos tiempos de polarización forzada- ha estado dispuesto a poner en riesgo la marca Canarias y el motor económico que su propio partido ha ayudado a construir durante cuarenta años. Esperemos que, al menos él, haya disfrutado, mientras duró, de su minuto de gloria internacional.
Xavier Aparici.
Filósofo y experto en gobernanza y participación.































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