Guía: de fiesta en fiesta hasta el banquillo

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]De la condena judicial a la indignidad política: Guía merece que el alcalde dimita.
 
Intolerable, inadmisible, vergonzoso, bochornoso, escandaloso y absolutamente incompatible con la dignidad institucional que debe representar el máximo responsable de un municipio. El alcalde de Guía ha sido condenado a 40 días de trabajos en beneficio de la Comunidad y a ocho meses sin permiso de conducir, y solo por eso ya debería haber presentado su dimisión inmediata. Porque aquí no estamos hablando de un simple error administrativo ni de una cuestión menor; estamos hablando del máximo representante institucional de un pueblo condenado judicialmente y aferrado al cargo como si nada hubiera ocurrido.
 
La imagen es devastadora para Guía. Un alcalde sentado en el banquillo de los acusados, juzgado, condenado y posteriormente intentando desviar el foco hacia quienes critican políticamente lo sucedido, como si el problema fuese la reacción ciudadana y no los hechos que han desembocado en la condena. No, señor alcalde. El problema no es que se hable de esto; el problema es que haya ocurrido. El problema es la pérdida absoluta de ejemplaridad institucional y que Guía tenga hoy a un alcalde condenado representando públicamente al municipio.
Porque un alcalde no es únicamente un gestor. Es también un símbolo institucional, una referencia pública y la cara visible de un municipio entero. Y quien ocupa ese cargo debe mantener una conducta acorde a la responsabilidad que representa. Precisamente por eso resulta tan grave lo ocurrido. Durante demasiado tiempo se ha proyectado una imagen pública más centrada en el protagonismo constante, la exposición permanente y el ambiente festivo que, en la prudencia, la seriedad y la ejemplaridad que exige el cargo. Y cuidado: aquí no se está cuestionando la vida privada de nadie. Se está cuestionando la imagen pública y política de quien decidió ocupar la máxima representación institucional de un pueblo.
 
Porque existe una enorme diferencia entre participar en actos populares como un vecino más y ejercer como alcalde manteniendo la necesaria altura institucional que requiere el cargo. La ciudadanía no exige perfección, pero sí exige responsabilidad, coherencia y ejemplaridad. Y cuando un alcalde termina condenado judicialmente, esa confianza queda profundamente dañada. ¿Cómo piensa ahora presidir los plenos municipales? ¿Con qué autoridad moral va a exigir cumplimiento de normas, civismo o responsabilidad pública? ¿Cómo pretende pedir respeto hacia la institución cuando es precisamente la institución la que hoy aparece gravemente deteriorada por su situación judicial?
 
Guía merece algo mejor. Merece estabilidad institucional, credibilidad y representantes públicos que no coloquen al municipio en el centro de la polémica y el descrédito. Y lejos de asumir responsabilidades políticas inmediatas, el alcalde opta por victimizarse y cargar contra quienes opinan públicamente sobre el caso, incluso cuestionando declaraciones de representantes políticos de otros municipios. Pero la crítica política no solo es legítima: es necesaria. Porque el silencio ante hechos así sería complicidad, porque normalizar una condena judicial en un cargo público sería degradar todavía más la confianza ciudadana en las instituciones y porque la ciudadanía tiene derecho a exigir responsabilidades a quienes ocupan puestos de máxima representación pública.
 
Ninguna condena judicial puede maquillarse con discursos victimistas ni con intentos de desviar la atención. La realidad es una: el alcalde de Guía ha sido condenado y continúa en el cargo. Y eso, políticamente, es insostenible. Mientras tanto, el municipio sigue teniendo problemas importantes que resolver —bienestar animal, servicios públicos, atención vecinal, infraestructuras y múltiples necesidades reales de la ciudadanía—, pero la imagen que hoy trasciende fuera de Guía no es la de un municipio que avanza, sino la de un ayuntamiento marcado por el escándalo y la pérdida de credibilidad institucional.
 
Le invito a que ya que deberá cumplir 40 días de trabajos en beneficio de la comunidad, quizás podría empezar dedicando parte de ese tiempo a colaborar con la Concejalía de Bienestar Animal del propio Ayuntamiento de Guía, que usted mismo gestiona, donde vecinos y colectivos llevan años denunciando la presencia constante de animales deambulando por el municipio y una gestión claramente insuficiente ante una obligación que no es opcional, sino de obligado cumplimiento según marca la Ley de Bienestar Animal. Sería, al menos, una manera de empezar a devolver algo a un pueblo cuya imagen institucional hoy queda gravemente dañada por la conducta de quien debería haber sido el primero en dar ejemplo.
 
Por responsabilidad política, por dignidad institucional y por respeto a Guía y a sus vecinos, presente su dimisión. Porque ningún cargo público está por encima de la imagen y el respeto que merece un pueblo entero.
 
Brindaremos por ello.
 
Guayarmina Guanarteme
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