Ventana folclórica, hoy con "Las gangocheras", voces y equilibrio en la memoria de Canarias (vídeo)

Las vendedoras ambulantes marcaron la economía y la vida social de las islas, llevando productos esenciales a comunidades apartadas y dejando una huella imborrable en la cultura popular canaria.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Jueves, 07 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

Las llamadas gangocheras, conocidas con este nombre en Tenerife, representan una realidad que fue común en todas las islas Canarias: la venta ambulante tradicional ejercida, en su mayoría, por mujeres. Aunque el término variaba según el lugar, su presencia fue esencial en la vida cotidiana del archipiélago durante generaciones.

 

Estas mujeres recorrían pueblos y caminos cargadas con todo tipo de mercancías: desde frutas, verduras y huevos hasta pescado salado o pequeños enseres. Allí donde no llegaban tiendas o mercados, ellas llevaban lo necesario, convirtiéndose en un eslabón fundamental de la economía local.

 

Uno de los rasgos más recordados de estas vendedoras era su voz. Anunciaban su llegada con pregones que aún hoy resuenan en la memoria colectiva: “¡Huevos frescos!”, “¡Pescado salado!”, “¡Verdura del día!”. Cada una tenía su tono, su cadencia y su manera de hacerse reconocer, utilizando la voz como su principal herramienta de trabajo.

 

Pero si algo definía también a las gangocheras era su destreza física. Muchas de ellas transportaban la mercancía sobre la cabeza, utilizando únicamente un pequeño rulo de tela —una especie de aro improvisado— que les servía de apoyo. Sobre él colocaban cestas, cajas o bandejas, manteniendo un equilibrio sorprendente incluso en caminos irregulares o largas distancias.

 

Esta habilidad no era casual: requería práctica, resistencia y una gran coordinación. Caminar durante horas bajo el sol, con peso sobre la cabeza y sin perder la estabilidad, habla de una fortaleza que hoy resulta difícil de imaginar. Las manos, muchas veces, quedaban libres para sostener otros bultos o simplemente para ayudarse en el trayecto, lo que hacía aún más eficiente su labor.

 

Esa imagen, a de una mujer erguida, avanzando con paso firme, con su carga perfectamente equilibrada y anunciando su mercancía, forma parte del paisaje humano de otra época. Una estampa que resume esfuerzo, ingenio y adaptación a las circunstancias.

 

 

En todas las islas existieron estas mujeres, aunque no siempre bajo el nombre de gangocheras. Sin embargo, compartían las mismas condiciones: largas jornadas, trabajo duro y una profunda conexión con las comunidades a las que abastecían.

 

Un ejemplo de esta realidad lo encontramos en el Puerto de la Cruz, donde se alza una de las esculturas más reconocibles del litoral: la figura de una mujer que avanza con una cesta sobre la cabeza y otra carga en la mano. Esta obra, conocida popularmente como el monumento a la pescadora, representa precisamente a esas mujeres del trabajo cotidiano vinculadas a la venta y distribución de productos del mar y la tierra. La escena, captada en bronce, resume a la perfección la destreza, el equilibrio y la fortaleza física que caracterizaban a las gangocheras y vendedoras ambulantes de otras épocas en Canarias.

 

A todo esto se sumaba un aprendizaje que comenzaba desde muy jóvenes. Muchas de estas mujeres crecieron viendo a sus madres o abuelas dedicarse a la venta ambulante, incorporando desde niñas habilidades como cargar peso, mantener el equilibrio o tratar con la clientela. No era solo un trabajo, sino una forma de vida que se transmitía de generación en generación. Además, era habitual que trabajaran basándose en la confianza: fiaban productos a vecinos y vecinas, anotando mentalmente o en pequeñas libretas lo que se debía, lo que refuerza la estrecha relación que mantenían con la comunidad.

 

Hoy, aunque esta práctica ha desaparecido casi por completo o se ha transformado en formas más reguladas de comercio, su recuerdo sigue vivo. Especialmente en esas voces que todavía resuenan en la memoria colectiva, como un eco de la vida cotidiana de otro tiempo.

 

Fueron, sin hacer ruido, una red de sustento, comunicación y supervivencia en la Canarias de otro tiempo.

 

Desde la ventana folclórica de InfonorteDigital, reivindicar a las gangocheras es también poner en valor la historia cotidiana del archipiélago, esa que se construyó paso a paso, voz a voz y con un equilibrio admirable.

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