El poder que no se vota

Paco Vega

[Img #3806]¡Ay! «¿Quién maneja mi barca, quién, que a la deriva me lleva...?», como repetía el estribillo de aquella famosa canción de Remedios Amaya; o, más bien, ¿quién maneja realmente el poder en esta sociedad?
 
Se nos hace creer que son los partidos políticos quienes marcan el rumbo. Sin embargo, con demasiada frecuencia, son los grandes poderes económicos los que deciden las prioridades reales. Basta observar cómo infraestructuras o proyectos energéticos que la sociedad nunca reclamó se convierten, de pronto, en objetivos estratégicos. Los gobernantes se fotografían eufóricos junto a los promotores y se apropian del «mérito», mientras el coste —ambiental, social y, a menudo, también público— queda relegado a un segundo plano.
 
Los casos de corrupción, las puertas giratorias y los lobbies empresariales no son anomalías: forman parte de un engranaje que responde a intereses bien definidos. No es exagerado afirmar que don Dinero pone la música y la política baila a su compás.
 
En ese contexto, los medios de comunicación desempeñan un papel clave. Actúan como altavoz, pero también como filtro; son el lubricante perfecto que permite que el sistema funcione sin fricciones visibles. Se encargan de amplificar las bondades de determinados proyectos y de invisibilizar cualquier disidencia. No se trata solo de lo que se dice, sino de lo que se omite.
 
La consecuencia es evidente: la percepción de la realidad depende, en gran medida, de las fuentes que se consulten. Cada medio construye un relato que influye en la posición política del ciudadano. La objetividad periodística, lejos de ser la norma, se ha convertido en una aspiración cada vez más rara. Mientras tanto, los grandes poderes económicos invierten en aquellos medios que mejor sirven a sus propósitos, asegurando que el mensaje dominante sea el que más les beneficia.
 
Un amigo me dijo una vez que no todos los medios mentían. Y es cierto: no siempre se miente de forma directa. Pero omitir, sesgar o seleccionar también son formas eficaces de manipulación. No contar toda la verdad puede ser tan decisivo como falsearla.
 
Aparentemente, se trata de una manipulación bien disimulada para el ciudadano despistado o para aquel que se interesa por la política de forma esporádica. Todo el ámbito informativo se ha visto desbordado en los últimos años por la irrupción masiva de las redes sociales que, al igual que los medios de comunicación, son codiciadas y manipuladas por los poderes económicos. También aquí hay un poderoso frente de batalla por el que todos luchan, conscientes de su gran penetración entre una ciudadanía hastiada de las formas tradicionales. La posibilidad de interactuar en redes —al contrario de lo que sucede en los medios convencionales— convierte a cualquier plataforma en el escaparate perfecto para «eruditos de sofá», a veces a sueldo de don Dinero, que entretienen y adoctrinan a más personas de las que imaginamos.
 
Y cuidado con las redes sociales y los medios de comunicación, que los carga el diablo de las mentiras y, al final, acaban manejando la barca de todos.
 

 

Paco Vega
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