Ventana folclórica, hoy con "los yerberos y yerberas" (vídeo)

El saber de los yerberos y yerberas, transmitido de generación en generación, sigue siendo un pilar de la identidad canaria y un ejemplo de convivencia respetuosa con el entorno natural.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Martes, 28 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:
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En Canarias, la relación entre el ser humano y la naturaleza ha dado lugar a una de las tradiciones más ricas y menos conocidas del Archipiélago: la de los hirveros o yerberos. Durante generaciones, estos hombres y mujeres han sabido interpretar el territorio como un auténtico botiquín natural, utilizando las plantas para curar, aliviar y acompañar la vida cotidiana.

 

Lejos de tratarse de una práctica aislada, el oficio de hirvero estuvo presente en prácticamente todas las islas, especialmente en las zonas rurales, donde el acceso a la medicina era limitado. Su conocimiento, basado en la experiencia y transmitido de forma oral, formaba parte del día a día de la comunidad.

 

Un oficio extendido por todo el Archipiélago

 

En Gran Canaria, muchos recuerdan a figuras como Enrique Cáceres Hernández, conocido como “Enriquito el yerbero”, que recorría pueblos del norte como Gáldar, Guía o Arucas ofreciendo sus hierbas y consejos. Su figura representa a toda una generación de hombres del campo que conocían el territorio como nadie.

 

Pero no fue el único. En distintos puntos de la isla y del Archipiélago encontramos ejemplos similares: mujeres yerberas en mercados, curanderos en zonas rurales o pastores que aplicaban remedios naturales tanto a personas como al ganado.

 

En Tenerife, por ejemplo, destacaron las llamadas gangocheras, mujeres que transportaban cestos cargados de hierbas, vendiéndolas o intercambiándolas, mientras transmitían el conocimiento popular sobre sus usos. En La Palma, algunos curanderos combinaron el uso de plantas con prácticas simbólicas y rituales, reflejando una visión más amplia de la salud.

 

Y esa tradición no ha desaparecido del todo. En la actualidad, figuras como Vicente Díaz Melián, conocido como hierbero, continúan manteniendo vivo este oficio. Desde Agaete, participa en romerías, talleres y encuentros, difundiendo el uso de plantas medicinales y prácticas como los sahumerios, heredadas de la tradición.

 

Creencias y saberes populares

 

El mundo de los hirveros no se limitaba a lo medicinal. Estaba profundamente vinculado a las creencias populares y a la observación de los ciclos naturales. Muchos yerberos sostenían que las plantas alcanzaban su mayor potencia en momentos muy concretos del año. Así, se consideraba que durante la noche de San Juan —cuando coincide la luna llena con la noche más corta— las hierbas concentraban con más intensidad sus propiedades.

 

También se sabía que determinadas plantas, como la tedera (Bituminaria bituminosa), tuvieron en el pasado un uso muy extendido tanto en personas como en animales, aunque hoy han caído en desuso. Curiosamente, algunas de estas especies han despertado en la actualidad el interés de la investigación científica, llegando incluso a ser aprovechadas con fines farmacéuticos fuera de las islas.

 

Por otro lado, el uso excesivo o inadecuado de las plantas medicinales ha provocado que algunas especies de la flora canaria se encuentren hoy amenazadas, lo que pone de relieve la importancia de recuperar no solo el conocimiento, sino también el respeto con el que los antiguos hirveros trataban el entorno.

 

Video Grupo Bejeque- Polca de las hierbas medicinales.

 

Las plantas más utilizadas

 

El repertorio de hierbas medicinales en Canarias es amplio, pero algunas han sido especialmente comunes en todas las islas:

 

  • Manzanilla, para problemas digestivos.

  • Poleo, muy utilizado en resfriados y digestiones.

  • Tomillo, con propiedades antisépticas y respiratorias.

  • Orégano salvaje, tanto medicinal como culinario.

  • Llantén, para heridas y afecciones cutáneas.

 

Un patrimonio que debemos conservar

 

El uso intensivo y, en ocasiones, descontrolado de algunas especies ha supuesto un riesgo para la flora canaria, provocando que ciertas plantas se encuentren hoy amenazadas. Esto hace necesario recuperar no solo el uso de las hierbas, sino también el respeto con el que los antiguos hirveros trataban el entorno.

 

A pesar del paso del tiempo, el legado sigue vivo. Desde los antiguos yerberos de las medianías hasta figuras actuales como Vicente Díaz, el conocimiento de las plantas continúa formando parte de la identidad cultural de Canarias.

 

Conclusión

 

Los hierberos forman parte de una historia que atraviesa todas las islas. Son memoria, cultura y territorio. Y aunque muchos ya no están, otros siguen en la brecha, manteniendo viva una tradición que habla de una Canarias más cercana a la tierra, más sabia y profundamente conectada con la naturaleza.

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