Gáldar: así se regala una alcaldía

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]En Gáldar no hay un problema con quien critica, hay un problema con lo que se hace. Y mientras se siga intentando desviar la atención con rumores sobre quién escribe o qué intereses tiene, se estará confirmando lo de siempre: que incomoda más la verdad que la mala gestión. No represento a ningún partido, no tengo que rendir cuentas a nadie y por eso puedo decirlo sin rodeos.
 
El grupo de gobierno se ha acomodado. Hay concejales que llevan tiempo más centrados en conservar su puesto que en justificarlo. Se ha normalizado una forma de gobernar sin ambición, sin exigencia interna y sin asumir que el cargo público no es un premio, es una responsabilidad. Se toman decisiones sin la profundidad que merece el municipio, se evita el conflicto, aunque sea necesario y se prioriza no incomodar antes que hacer lo correcto. Eso no es gobernar bien, eso es dejar pasar el tiempo desde una posición de poder.
 
Y si esto ocurre es porque pueden hacerlo. Porque enfrente no hay presión real. La oposición no está fallando por detalles, está fallando en lo esencial. No hay proyecto, no hay liderazgo, no hay una mínima capacidad de generar ilusión. Se limitan a criticar sin construir, a reaccionar sin proponer y así es imposible que la ciudadanía los vea como una alternativa seria.
 
Peor aún es el papel de los partidos que ni siquiera tienen representación. Aspiran a gobernar, pero no generan absolutamente nada. No conectan, no movilizan, no aportan ideas que cambien la conversación. Son irrelevantes para la mayoría de la gente, y eso no es culpa del contexto, es consecuencia directa de su falta de trabajo político real.
 
Y conviene dejar de suavizar lo evidente: la oposición en Gáldar no está siendo útil. No está fiscalizando con rigor, no está marcando el debate y, lo más grave, no está construyendo una alternativa real. Se ha instalado en una comodidad peligrosa donde parece suficiente con aparecer puntualmente, lanzar alguna crítica aislada y desaparecer sin dejar rastro. Así no se genera confianza ni se construye proyecto. La oposición no está para acompañar al gobierno ni para sobrevivir políticamente, está para incomodar, proponer y demostrar que hay una forma mejor de hacer las cosas. Y hoy, simplemente, no lo está haciendo.
 
Y hay que decirlo sin matices: la oposición es responsable directa de esta situación. No por lo que hace, sino por lo que no hace. Por su falta de trabajo constante, por su incapacidad para construir un proyecto reconocible y por su absoluta desconexión con la realidad del municipio. No basta con aparecer en momentos puntuales ni con repetir críticas que no van acompañadas de soluciones. Eso no es hacer oposición, eso es cumplir el expediente. Han renunciado, en la práctica, a disputar el gobierno. Y los partidos que ni siquiera tienen representación están en una situación aún más preocupante: no existen políticamente porque no han sabido generar ni interés, ni confianza, ni ilusión. No es que la ciudadanía no les dé oportunidades, es que no ven en ellos nada que merezca ser apoyado. Y mientras sigan en esa dinámica de irrelevancia, seguirán siendo parte del problema, no de la solución.
 
La consecuencia de todo esto es clara: le están regalando la alcaldía al actual grupo de gobierno. No porque este lo esté haciendo especialmente bien, sino porque nadie está haciendo lo suficiente para disputarla. Así de simple. Sin alternativa, no hay cambio. Sin presión, no hay mejora.
 
Gáldar se está quedando atrapado en una dinámica peligrosa donde unos gobiernan sin exigirse más y otros renuncian, en la práctica, a ser una opción real. Y mientras tanto, el municipio avanza por inercia, sin un proyecto claro y sin el nivel político que merece.
 
Esto no va de siglas ni de colores. Va de responsabilidad. Va de tomarse en serio el papel que cada uno tiene. Gobernar no es mantenerse y hacer oposición no es aparecer de vez en cuando. O se eleva el nivel o todo seguirá igual, aunque cambien las caras.
 
Y mientras eso no ocurra, la crítica va a seguir. Directa, incómoda y necesaria. Porque el problema no es que se diga, el problema es que hay demasiados motivos para decirlo.
 
Lo realmente preocupante no es quién gobierna, es que nadie esté demostrando merecer hacerlo.
 
Guayarmina Guanarteme
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