LA BRISA DE LA BAHÍA (279). Aprender a leer

La enseñanza tradicional y el placer de la lectura frente a los desafíos de la era digital.

Juan Ferrera Gil Lunes, 20 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

Decía Vargas Llosa, don Mario, que la cosa más importante que le había pasado en la vida era aprender a leer.

 

Yo no recuerdo cómo aprendí, solo que desde el primer instante disfruté con aquella aventura de las palabras. Recuerdo las redacciones que nos mandaba el hermano Antonio Calvo y las de mi primer maestro, el de los primeros números y las primeras letras, don Francisco Rebollo. Era la época en que redactábamos y no existían los artilugios de hoy en día. También don Juan Viera dedicaba las tardes a elaborar una redacción que combinaba con un dictado. Luego con su preciosa letra en la pizarra corregíamos las faltas cometidas. Todo un proceso. Ahora no sé si se hace así. Me temo que todo eso se ha perdido.

 

Sin embargo, en mis últimos años de enseñante me vi contrarrestando la nefasta influencia de internet y los móviles y cómo los alumnos comenzaban a tener dificultades a la hora de redactar o aguantar la lectura de un simple folio. Así que pusimos manos a la obra y como otros compañeros utilizaban ya los medios tecnológicos, yo, impertérrito y con fe berroqueña, me empeñé en la pizarra y en el valor auténtico de las palabras. Así que reproduje lo que me habían enseñado los maestros que tuve. Y me enseñaron bien. Luego, las historias leídas y contadas pasaron a otro estadio de consciencia donde la vida es sueño. Claro que yo todavía, en aquel tiempo lejano de alumno, no conocía a Calderón de la Barca. Supe de él mucho después: cuando la memoria se convirtió en valor numérico.

 

Cuando mis hijos descubrieron las palabras iban leyendo cualquier letrero o denominación de tienda. Y al ir en coche era toda una aventura no solo por el descubrimiento de ellos, sino porque yo caía en la cuenta de los distintos negocios que en la ciudad había y de los nombres que los reprersentaban. ¡Cuán importante es ese simple gesto de la lectura! Ya los cuentos leídos se convertían en otra cosa cerrada y única, donde la improvisación había ido a tomar por saco. O leías o leías. No quedaba otra. Pero ese momento mágico desapareció misteriosamente. Como un arcano nacido de las profundidades de la Tierra. Sí, sí.

 

No sé si el escritor Manuel Vicent tiene razón o no: “leer es como volar, es como navegar con el viento a favor.”

 

Una opinión a tener muy en cuenta. Sí.

 

Juan FERRERA GIL

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