La Montaña de Gáldar: esto no va de fiestas, va de respeto

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Lo que está pasando en la Montaña de Gáldar no es una simple polémica, no es un desacuerdo puntual, no es “una cosa más” dentro de la vida del barrio. Lo que está pasando es algo mucho más profundo. Es una falta de respeto. Es una forma de hacer política que divide, que enfrenta y que desprecia años de trabajo silencioso de vecinos y vecinas que han dado todo sin pedir nada a cambio.
 
Y duele. Duele porque no viene de fuera. Viene de quienes deberían cuidar, unir y representar a todos por igual.
 
Muchos todavía tienen en la cabeza aquel momento. Un micrófono, un discurso, un lugar que debería ser símbolo de unión y no de enfrentamiento. Y, sin embargo, lo que se escuchó allí no fue conciliación, no fue diálogo, no fue respeto. Fue señalamiento. Fue tensión. Fue una forma de hablar que parecía más pensada para dividir que para construir. Y lo peor es que aquello no se quedó en palabras.
 
Aquello fue solo el principio.
 
Porque después llegó lo que muchos ya temían. Una nueva Comisión de Fiestas, presentada con respaldo institucional, sin disimulo, sin matices. Una comisión que no nace del consenso del barrio, que no surge de la unión de la gente, que no responde a una evolución natural. Nace desde la ruptura. Desde la decisión de apartar a quienes, durante décadas, han estado ahí organizando, trabajando, equivocándose a veces, sí, pero siempre dando la cara por el barrio.
 
Y aquí es donde hay que parar y preguntarse, pero de verdad, mirándonos a la cara unos a otros: ¿esto es lo que queremos para la Montaña de Gáldar?
 
Porque esto no va de quién organiza unas fiestas. Esto va de algo mucho más serio. Va de si el trabajo de años vale algo o no. Va de si cualquiera puede ser apartado de un día para otro porque alguien con poder decide que ya no molesta o ya no encaja. Va de si el barrio pinta algo o si todo se decide desde arriba.
 
Hoy le ha tocado a una asociación. Mañana puede ser otra. Hoy son las fiestas. Mañana puede ser cualquier otra cosa que forme parte de la vida del barrio.
 
Y entonces ya no habrá vuelta atrás.
 
Porque cuando la gente siente que su esfuerzo no vale, deja de implicarse. Cuando siente que todo está decidido de antemano, deja de participar. Cuando siente que da igual lo que haga, se apaga. Y un barrio que se apaga no es un barrio vivo. Es un barrio dividido, desconfiado, roto.
 
¿De verdad queremos eso?
 
Las fiestas no son un premio, no son un instrumento, no son un campo de batalla. Son el reflejo de lo que somos. De nuestra historia, de nuestra gente, de lo que hemos construido juntos con los años. Y eso no se puede romper así, de golpe, sin escuchar, sin respetar, sin contar con quienes han estado siempre.
 
Porque aquí hay algo que no se puede olvidar: las instituciones están para acompañar, no para imponer. Para apoyar, no para sustituir. Para escuchar, no para decidir por todos.
 
Y cuando eso se olvida, pasan cosas como esta.
 
La Montaña de Gáldar no necesita que la dividan. Necesita que la respeten. Necesita que la escuchen. Necesita que quienes toman decisiones entiendan que un barrio no es un tablero donde mover piezas a conveniencia.
Esto no va de política. Va de dignidad. Va de memoria. Va de comunidad.
 
Y sobre todo, va de no quedarse callados.
 
Porque el silencio, esta vez, también divide. ¿Seguimos con otros barrios de Gáldar?
 
Guayarmina Guanarteme
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