En la imagen, José Manuel Vega y Silvano MarsegliaEl 9 de mayo de 1950, fecha de gran valor simbólico, Robert Schuman, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, selló el fin de una era de conflicto entre Francia y Alemania y marcó el inicio del proceso de integración europea.
Su valiente y visionaria acción abrió un futuro prometedor para Europa en su conjunto, un futuro en el que los pueblos podrían comprenderse mutuamente y alcanzar un objetivo común de unidad basado no solo en la economía, sino también en los valores espirituales y culturales europeos.
Del odio, la discordia y la lucha fratricida, Schuman sembró la semilla de la paz y transformó las esperanzas de millones de ciudadanos en un acto concreto de fraternidad.
La AEDE (Asociación Europea de Profesores) reconoció de inmediato el valor de esta iniciativa y, a partir de la segunda mitad de la década de 1950, amplió su labor, involucrando a docentes de diversos países y formando cuidadosamente a estudiantes con un claro compromiso de sentar las bases de una educación europea integral.
Los objetivos de la Asociación eran profundizar la comprensión del profesorado sobre los asuntos europeos y utilizar todos los medios adecuados para resaltar las características comunes de la civilización europea. El objetivo final era fomentar la formación de una conciencia cívica europea. Era necesario conectar con la ciudadanía, especialmente con las generaciones más jóvenes, e inculcarles la conciencia de pertenecer a una comunidad europea.
La labor de la sección canaria de la AEDE siempre ha sido destacable, gracias al compromiso de José Manuel Vega Pérez, una gran inspiración y un auténtico líder europeo. En el Congreso Europeo celebrado en Estrasburgo en abril de 1998, José Manuel Vega Pérez fue elegido por sufragio universal Vicepresidente Europeo de la AEDE, cargo que ostenta hasta la actualidad.
En julio de 2001, gracias a los esfuerzos de José Manuel Vega, se celebró en Las Palmas de Gran Canaria el XIV Congreso Europeo de la AEDE, bajo el lema «Escuelas y ciudadanía europea».
El Congreso, inaugurado con una solemne ceremonia en el gran anfiteatro de la Universidad de Las Palmas, abordó la importancia del dominio de idiomas y la educación lingüística en familias y escuelas, para que los ciudadanos europeos sean conscientes de su papel en la creación de una Europa unida y solidaria.
El Congreso, que contó con una nutrida participación, se desarrolló en un ambiente notablemente constructivo, con contribuciones de representantes del mundo académico, cultural y político de diversas partes de Europa, quienes destacaron aspectos clave, desde la política cultural y educativa hasta la integración europea, las nuevas tecnologías de enseñanza y la interculturalidad.
Desde su creación, Europa Unida ha trabajado arduamente y, sin duda, ha construido, en 76 años, un gran edificio entre los países europeos, pero no ha logrado fortalecer adecuadamente sus cimientos.
Sobre todo, no ha conseguido desarrollar una visión clara y de futuro del mundo para salvaguardar los grandes valores europeos y, ante todo, la paz.
Europa ha llegado, por tanto, muy debilitada al mundo actual, donde las grandes potencias se dedican a redefinir sus roles. Europa se encuentra en una situación de incertidumbre y profunda desorientación en un mundo que se arma para nuevos conflictos, con Trump dominando la política internacional de manera totalmente impredecible.
Además, con la llegada de Trump a la Casa Blanca, la sólida alianza de defensa con Estados Unidos, en la que Europa siempre había confiado, ha desaparecido.
Europa, lamentablemente, hoy solo puede contar consigo misma y debe elegir entre permanecer inactiva y permitir su destrucción, o reaccionar.
Esta es una situación particularmente difícil e inquietante para Europa en un contexto geopolítico notablemente inestable, caracterizado por una creciente incertidumbre en las relaciones internacionales.
Ha resurgido la imposición del poder militar, mediante la cual busca perseguir sus propios intereses a costa de los demás.
Europa debe saber cómo reaccionar y actuar ante este delicado momento. Para afrontar los desafíos, debe ser capaz de actuar con determinación, debe ser capaz de integrar sus diversas identidades manteniendo una fuerte unidad para construir el futuro.
La supervivencia de la Unión Europea dependerá de su fortaleza política y defensiva, que le permita garantizar su propia seguridad mediante la construcción de un modelo diferente de relaciones internacionales, centrado en el respeto a los valores europeos y al derecho internacional.
Debemos esforzarnos por construir una Europa auténtica, temida y respetada, capaz de presentarse como una gran potencia en el contexto global, especialmente frente a Rusia, China y los propios Estados Unidos.
Esta es la Europa que queremos.
Si Europa quiere tomar las riendas de su futuro, debe comprometerse a prepararse para los cambios necesarios para construirlo. Fundamentalmente, debe cuestionar su lugar en el mundo, definir sus propios valores y establecer una identidad común. Pero, sobre todo, Europa debe forjar su propia autonomía frente a Rusia, Estados Unidos y China.
Europa, aprendiendo de diversas situaciones, debe reconocer la necesidad de convertirse en un actor principal. Se necesita un nuevo proyecto, un proyecto para una Europa política, basado en la Declaración Schuman de 1950, que considere detenidamente los desafíos del mundo actual.
Debemos revitalizar el camino de paz y desarrollo que comenzó hace más de 76 años. Los Padres Fundadores tenían ideas muy claras al proponer la integración para evitar las tristes consecuencias del auge del nacionalismo.
Debemos comprometernos a fortalecer el «Demos» europeo, un verdadero proyecto político para el pueblo europeo. Debemos trabajar para inspirarlo.
Hoy, en esta difícil situación para Europa, la AEDE continúa su labor con compromiso. Es responsabilidad de los miembros de la AEDE dejar claro que la Unificación Europea es un gran logro fundado en un patrimonio cultural compartido basado en el respeto a la persona humana, la libertad, el sentido del bien común, la democracia, la responsabilidad y la solidaridad, y, sobre todo, la paz.
Para el mundo de la educación, comprometerse con una Europa unida y fuerte significa abordar mejor su misión educativa de preparar a los jóvenes para su futuro como ciudadanos europeos en un mundo de paz.
Silvano Marseglia
Presidente Europeo de la AEDE






























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