Decir la verdad no cuesta, cuando se hace donde toca

Juan Reyes González

[Img #5587]El autor del artículo de opinión publicado recientemente: “El uso del pseudónimo, decir la verdad cuando decirla tiene precio”, busca, a mi entender, varios objetivos a la vez. A saber:

            Lo primero que hace es blindarse. Si alguien va a atacar el texto diciendo, “si fuera verdad daría la cara”; el título ya responde por adelantado: no doy la cara porque tiene consecuencias. Y además, convierte el pseudónimo de supuesta cobardía en un acto de prudencia legítima.

 

            Lo que hace seguidamente, es denunciar un clima de represión interna. Me explico: la frase “cuando decirla tiene precio”, tal cual la entiendo yo, acusa directamente, porque supuestamente está diciendo, que en ese partido o entorno no hay libertad real para discrepar. Que quien habla paga con aislamiento, castigo o bloqueo político. Intuyo que el título, además de describir su caso, dibuja un ambiente donde la crítica se persigue.

 

            Acto seguido, reivindica la verdad frente al poder. Pone: “decir la verdad” en el centro, presentándose como la voz que se atreve, aunque tenga que esconderse. Eso busca, también, a mi entender, generar empatía en el lector: si tiene que ocultarse, será porque lo que dice molesta a quien manda. Entiendo que se coloca del lado del débil que denuncia al fuerte.

 

            Luego, le da autoridad moral al contenido. El título sugiere que lo que viene a continuación, es incómodo pero necesario. Si hay un precio por decirlo, entonces debe ser importante. Creo que no deja de ser una manera de decirle al lector: “esto que vas a leer no lo verás en los discursos oficiales, porque nadie se atreve a firmarlo”.

 

            Y para finalizar, señala el marco de lectura antes de empezar. Antes de entrar en los detalles del “dedazo” y del candidato, ya ha condicionado, a mi juicio, cómo debes leerlo. Si luego describes falta de debate, miedo o purpurina para la foto, el lector ya tiene la clave: todo esto pasa porque hablar cuesta caro. Resumiendo, está más que claro, que el autor usa ese título para “legitimar el anonimato, acusar de falta de democracia interna y presentarse como testigo incómodo que paga un coste por hablar”. A mi modo de ver, es ataque y defensa en la misma frase.

 

         Y ya concluyo manifestando que en mi opinión: Decir la verdad no cuesta, cuando se hace donde toca; cuesta cuando se convierte en panfleto sin autor en susurro de pasillo o en acusación lanzada desde la sombra. La democracia no cobra peaje por hablar, cobra compromiso por sostener lo que se dice y ese compromiso tiene nombre y apellidos. Gáldar merece que la debatan a cara descubierta y que respondan con su firma, porque el único sitio donde la verdad no tiene precio es donde hay luz y taquígrafo. En el resto, lo que hay es ruido. Y el ruido por mucho que se disfrace de valentía, que yo sepa, nunca ha llegado a construir un solo proyecto. 

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