No hay nada más político que un mapa

Raúl Vega

[Img #38416]Me quedé un rato mirando y buscando Canarias, igual que tenemos el gaznate preparado para el gofio, tenemos el ojo educado para buscar nuestro país en un mapa. Por equivocación u omisión, es difícil que estemos donde debemos estar. Pero no, allí no había Archipiélago por ningún lado. Hablamos de un cole de Telde, creo recordar que Telde sigue siendo Canarias…”

 

No hay nada más político en este mundo que un mapa. Esa es la premisa fundamental de la geografía crítica. Desde hace décadas India, Pakistán y China publican mapas diferentes por la disputa de la frontera de Cachemira. Los rusos no tienen dudas, al menos desde 2014, de incluir a Crimea en un mapa de sus territorios. La representación del Mar de China Meridional choca con las reclamaciones de varios países. Más cercana es la disputa en el Sáhara Occidental, donde Marruecos representa los Territorios Ocupados como propios, mientras que la República Árabe Saharaui Democrática los representa como su legítimo territorio, siempre con la coletilla de Territorios Ocupados, mientras pasan generaciones lejos de su país en los campamentos de Tinduf.

 

Muy conocida es la excesiva proyección de Europa y América del Norte, en un claro ejemplo de eurocentrismo. A esto se le llama la Proyección de Mercator, una proyección geográfica del siglo XVI que a día de hoy es reconocible en su simbolismo del mundo. Otra proyección existente es la de Gall-Peters, una alternativa más justa que pretende enterrar, al menos en parte, la visión colonialista a través de los mapas. En palabras del geógrafo, J.B. Harley, “los mapas son textos sociales, cargados de poder, ideología y contexto”. Foucault, por su parte, afirma que “el poder y el conocimiento se implican mutuamente”.

 

Con todo lo anterior, es una evidencia que nuestra representación en los mapas es una decisión claramente política, histórica y simbólica. Tiene que ver con muchos motivos, que me atrevo a señalar. En primer lugar, para acercar el archipiélago, lo máximo posible, a la Península Ibérica. Eso genera una sensación de cercanía. Aunque exista Google Maps y sea fácilmente comprobable, la percepción es que Madrid está al lado mismo porque escuchamos su radio, vemos su televisión, nos tragamos su cultura y vienen aquí los ponentes y artistas traídos de “Península” a ilustrarnos. En segundo lugar, para alejarnos de nuestro contexto real en las inmediaciones de África. Si África es representada más pequeña de lo que debiera ser en los mapas, el racismo geográfico hace que el discurso oficial se avergüence de ese hecho. En tiempos de calima, como los días anteriores, nos volvemos a dar cuenta dónde estamos, quiénes somos y cuáles son nuestros verdaderos países vecinos, que no son precisamente Portugal y Francia.

 

Siguiendo con Harley, el geógrafo asevera que “los mapas no son neutrales; seleccionan, omiten y jerarquizan el espacio”. El cartógrafo Denis Wood indica que “los mapas no muestran el mundo; muestran lo que alguien quiere que veamos del mundo”. Además de los dos motivos anteriores, me aventuro a dar una tercera idea: esa representación de los mapas pretende generar una sensación de pequeñez, desubicación y alejamiento de su posición atlántica natural. Una representación no españolizante de nuestra geografía, con un foco algo más amplio, dejaría bien a las claras la privilegiada situación de Canarias, al lado de África y en una posición atlántica central.

 

Reforzando este idea, y salvando claramente las distancias, ahora que se habla tanto del Estrecho de Ormuz como nodo central energético mundial, Canarias es una suerte de cruce de caminos entre rutas atlánticas, con importancia histórica como punto para el comercio atlántico o con peso en el tránsito naval sobre todo a nivel logístico. Además, por vía aérea está mucho más conectado con el continente europeo que muchos territorios continentales, lo que invalida la afirmación de “estamos lejos”. Pero la conexión es con Europa por decisión política y económica, igualmente podría ser un nodo importante para vuelos con África y América, cercano a lo ya hoy en día es Azores. Para que se hagan una idea, de Azores a Madrid se tardan tres horas, más o menos lo que corresponde entre Canarias y Madrid, mientras de Azores a Nueva York son solo cinco horas. Pero claro, transitar en Canarias de camino a América pone en jaque el negocio en Madrid o Barcelona.

 

Toda esta parrafada es un desahogo vital ante la ineptitud de los libros de texto y muchos de los docentes en Canarias. El otro día me encontré con un dibujo para pintar y pegar en la libreta que abría el tercer trimestre de un curso de Primaria de un colegio cuyo nombre no voy a desvelar. El dibujo estaba encabezado con un texto de letras redondas que decía 3er trimestre. Abajo, en tipografía más pequeña, Ciencias Sociales. Más abajo, el dibujo: un mapa de la Península Ibérica. Me quedé un rato mirando y buscando Canarias, igual que tenemos el gaznate preparado para el gofio, tenemos el ojo educado para buscar nuestro país en un mapa. Por equivocación u omisión, es difícil que estemos donde debemos estar. Pero no, allí no había Archipiélago por ningún lado. Hablamos de un cole de Telde, creo recordar que Telde sigue siendo Canarias… Es fácil que el alumnado determine así qué es lo importante y qué no lo es. Además, como ellos no están tendrán que agarrarse a algún lugar que en ese mapa sí esté. Y ese es el lugar verdaderamente importante y prestigioso.

 

El panorama no mejora cuando abres el libro Santillana de ese curso: todo son ríos, mapas de España, valles, campiñas y un pequeño recuadro donde, fuera de lo importante, explica lo que es una caldera, un barranco o un malpaís. Yo me imagino la respuesta del docente en cuestión: es el libro que nos manda la Consejería. La Consejería, que ya se intentó cargar el Eje de Patrimonio, dirá que los docentes pueden intervenir en esas cuestiones. Pero para eso hay que tener conciencia y eso es mucho pedir. Para la construcción de una verdadera Escuela Canaria, no solo se trata de reforzar contenidos canarios, sino de construir una verdadera educación desde aquí. Algo así resume el Decálogo para la Escuela Canaria de la Fundación Canaria Tamaimos. Porque, aunque sea de manera inconsciente, no hay nada más político que un mapa.

 

Raúl Vega

Periodista

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