
Que Corina Machado le haya regalado su medalla del Nobel de la Paz al vanidoso y egocéntrico Trump denota una sumisión sin precedentes ante un mandatario internacional, que se considera dueño de medio mundo, y tal vez del mundo entero, y una humillación personal que destila machismo trasnochado. No se entiende, la verdad, después del desprecio recibido por un gobernante sádico y a quien la democracia le importa un pimiento. Indudablemente, será el más rico del cementerio. Porque una vez se morirá, como todos, y entonces se igualará con el resto de los mortales subyugados ante su desfachatez y enorme presencia. Tiempo al tiempo. Lo malo, las secuelas que deja.
Juan FERRERA GIL




























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