Guía de Gran Canaria. El honor de devolverle su verdadero nombre

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Conviene decirlo con claridad y serenidad: Santa María de Guía fue históricamente el nombre de la parroquia, no el nombre civil del municipio. La extensión de esa denominación al ámbito municipal no respondió a una continuidad natural e incontestable de la historia local, sino a una decisión tomada en los años sesenta, en un contexto político muy concreto, cuando el franquismo impulsaba en toda España una visión nacionalcatólica de la vida pública y tendía a reforzar en el espacio civil fórmulas de solemnidad religiosa.
 
Ese matiz es decisivo. Porque no se trata de cuestionar la importancia espiritual, cultural y sentimental de la parroquia ni de la devoción mariana en la historia de Guía. Esa dimensión forma parte de la memoria más íntima del pueblo y merece todo el respeto. Pero una cosa es la identidad religiosa de una comunidad y otra muy distinta su denominación civil e institucional. Confundir ambas fue, precisamente, una de las señas de identidad del franquismo: borrar los límites entre lo civil y lo religioso, y convertir esa mezcla en una forma de legitimación pública.
 
Por eso, recuperar Guía de Gran Canaria no sería una impugnación del pasado ni una agresión a la tradición. Sería, más bien, un acto de claridad histórica. Sería devolver al municipio el nombre que le corresponde como realidad civil, distinguiéndolo con naturalidad del nombre parroquial, que pertenece a otro ámbito y a otra función dentro de la vida local. La parroquia seguiría teniendo intacta su relevancia. La devoción seguiría ocupando su lugar en el corazón de muchos vecinos. Lo único que cambiaría es que el municipio volvería a nombrarse como municipio, no como prolongación simbólica de una estructura religiosa.
 
Y precisamente por eso, este momento ofrece una posibilidad excepcional. Esta es una gran oportunidad histórica de pasar a la historia devolviendo a Guía su nombre. No por afán de protagonismo, ni por cálculo político, ni por simple gesto simbólico, sino por algo mucho más valioso: por respeto a la verdad histórica del pueblo. Pocas veces una corporación municipal tiene ante sí una ocasión tan limpia, tan digna y tan cargada de sentido cívico como la de corregir con serenidad una distorsión heredada y restituir una identidad toponímica más fiel a la memoria real del municipio.
 
Devolver a Guía su nombre sería, en ese sentido, un acto de honor institucional. No se trataría de borrar nada, sino de ordenar. No de enfrentar, sino de distinguir. No de reabrir heridas, sino de cerrar con elegancia una confusión nacida en otro tiempo político, bajo otra mentalidad y bajo una forma de entender las instituciones que hoy debería contemplarse con la suficiente distancia crítica. La parroquia puede conservar plenamente su nombre, su simbolismo y su centralidad en la historia religiosa local. El municipio, por su parte, puede y debe recuperar el suyo: Guía de Gran Canaria.
 
A veces se piensa que pasar a la historia exige grandes obras, proyectos aparatosos o decisiones espectaculares. No siempre es así. En ocasiones, la verdadera estatura pública se mide en la capacidad de corregir con dignidad lo que nunca debió alterarse. Y pocas decisiones podrían ser tan nobles como esta: devolver a Guía su nombre. No sería solo una corrección administrativa. Sería una afirmación de madurez, una muestra de respeto por la historia local y una forma ejemplar de entender el servicio público.
 
Porque hay gestos que trascienden un mandato y quedan en la memoria de un pueblo. Y este podría ser uno de ellos. Recuperar Guía de Gran Canaria sería mucho más que una rectificación formal: sería reconciliar al municipio con su verdad histórica. Sería reconocer que la fe y la identidad civil pueden convivir sin confundirse. Sería asumir que las decisiones nacidas al calor de una época ideológica determinada no tienen por qué condicionar eternamente la manera en que un pueblo se nombra a sí mismo.
 
Por eso esta no debería verse como una discusión menor ni como una polémica estéril, sino como una oportunidad noble. La oportunidad histórica de pasar a la historia devolviendo a Guía su nombre. Pocas responsabilidades pueden ejercerse con tanta limpieza. Pocos legados pueden dejar una huella tan serena y tan digna. Y pocos honores institucionales serían comparables al de restituir al municipio el nombre que verdaderamente le pertenece: Guía de Gran Canaria.
 
Guayarmina Guanarteme
 
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