Una buena noticia en una democracia basura
Digan los que digan los rankings de calidad de las democráticas, que no los veo informando tanto desde que regresó Trump.
¿Serán también víctimas, de las del grupo que no incluye sangre derramada, del asesino que ocupa la Casa Blanca con todas las garantías y los defectos de la democracia más imperialista del mundo?
¿Tengo razón con mi duda, o quizás no me funciona el móvil ni estoy al día?
Sí, digan lo que digan, solo veo democracias intentando ocultar la basura. Solo puedo opinar de la española con algún conocimiento de causa.
Es basura que los poderosos tarden décadas en recibir las condenas que se merecen por parte de los jueces que intervienen para atender las demandas que intentan que las leyes se cumplan, desde los veinte años que han sido necesarios para que una orilla del mar mallorquín regrese a su estado natural donde una tal Pedro J. se construyó una piscina ilegal hasta una “Operación Kitchen que era imposible sin el conocimiento de las altas instancias del PP”, según acaba de declarar otro tal, esta vez llamado Luis y de apellido Bárcenas”, en un periódico que un día dirigió el mismo de la piscina.
O fue basura, sin salir de la Justicia, tardar cinco años en dictar sentencia un único tribunal, precisamente el Constitucional, contra una amnistía fiscal, la de un tal Montoro, que casualidad, justo el tiempo necesario para que esa sentencia no permitiera recuperar ni un solo euro de los de verdad.
Sí, la justicia en el Reino de España es garantista, pero solo para quien pueda pagar las “garantías”.
“NO KING” gritan millones de americanos, recuerdo, y también que acabo de escribir “Reino”.
Porque llena de basura la democracia el hecho de que siga vigente la Ley de Secretos de 1968, franquista, por tanto, que sirve hasta para ocultar unas encuestas que Adolfo Suárez ordenó realizar en 1976 y que certificaron que la sociedad española quería República. Sí, son aquellas de las que Victoria Prego nos enseñó por la tele la prueba irrefutable, vídeo del ex presidente incluido, pero de las que casi nadie habla.
¿Acaso alguien como Pedro Sánchez dimitiría para seguir ocultando montones de verdades como puños que sucedieron hace medio siglo?
¿Porqué nadie exige de verdad derogar esa ley franquista?
¿Acaso, señor presidente, son los papeles del 23F, solo desclasificados a medias, la única “deuda” de esa clase que la clase política, valga la redundancia, sigue debiendo a la sociedad española?
¿Cuánto tiempo más hay que seguir ocultando una historia que no se sabe por qué ni a quien molesta, para que se pierda hasta la última gota de decencia?
Sí, es democracia basura, porque es la única que se puede construir desde una forma de Estado que es ilegítima porque fue restaurada durante los tiempos más asesinos de la dictadura y cuando llegó el cambio inevitable continuó gracias a un pacto firmado en medio de amenazas y mentiras.
Y sigue aumentando la cantidad de basura que se sigue volcando sobre la democracia hoy cuando el jefe del Estado y siempre peligroso MASUFA (el 62.h de la Constitución vigente) se niega a renunciar a su derecho a cometer hasta el más execrable de los delitos (el 56.3 de la misma ley) y quienes gobiernan, por mucho que lo hagan desde la supuesta máxima autoridad de cualquier democracia que son las urnas, son tan cobardes que no se atreven a arrancarle una impunidad que podría acabar con esas mismas urnas.
¿O acaso alguien pone en duda que lo único que le interesa al MASUFA Felipe VI es conservar el trono, para él y para su descendencia, y que le importa un bledo si lo que hay por debajo es democracia con mucha basura o dictadura?
¿O acaso alguien duda de que el mismo MASUFA que lleva más de cuatro años negándose a renunciar a la impunidad (al menos desde que nos lo contó Carmen Calvo en “El País” el 9 de mayo de 2022), y por mucho teatro de impertinencias que le monten Abascal y sus fascistas de vez en cuando, lo que está haciendo con su negativa a la reforma del 56.3 es avisarnos de que, si las urnas se atrevieran a proclamar la III República, siempre saldrá de los cuarteles algún golpista para volver al pasado, sea cual sea la cantidad de sangre que deba derramarse?
Porque ahí siguen, contra toda evidencia, los del PP y Vox repitiendo que la II República fue la culpable de aquel 18 de julio de hace 90 años, y de tanta desgracia como vino después, hasta que aquel infierno dejó de funcionar gracias a que hay una ley que sí se sigue cumpliendo. Esa, la que siempre termina matando a los malos, aunque también se lleve a los buenos.
Pero hemos dicho Abascal y Vox y también recordamos la “una buena noticia” que hemos escrito en el título.
Resulta que Vox más que duplicó su porcentaje en las elecciones de Extremadura, lo mejoró un 60% en las de Aragón y, en cambio, únicamente un 7% en las de Castilla y León, las más recientes. No me cabe la menor duda de que el estallido de la crisis interna, con García-Gallardo entre los que se han enfrentado al jefe máximo, ha hecho dudar a muchos de sus votantes parando su incremento, al menos de momento. La corrupción, por mucha que sea, no altera la confianza de quienes votan a las derechas, pero no parece que ocurra lo mismo cuando la autoridad es cuestionada.
¿Será porque su mentalidad es autoritaria y la democracia un mal menor, y quizás temporal, que no queda más remedio que soportar?
En este punto no me queda más remedio que regresar a Trump y a unas redes sociales que vuelven a decir que está enfermo.
¿Volverán las leyes de la vida a cobrarse una que es culpable para que sigan viviendo miles, o quizás millones, de las que son inocentes?
Quizás lo llamamos democracia y solo se trata de lucha por el poder en un terreno de juego lleno de trampas a favor de quienes han podido legislar desde un poder parlamentario que siempre fue mayor, y por tanto injusto, al de los votos que iban recibiendo en las urnas gracias a una ley electoral que diseñaron tergiversadora desde el principio.
Otra norma calculada con las peores intenciones que va pudriendo con mayor intensidad las democracias a través de las personas que las gestionan. No es casualidad que sea una de las normas que menos se reforman, pues la convierten en las reglas de un juego que solo quieren disfrutar ellos.
Domingo Sanz




























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