
La matraca es un instrumento de percusión tradicional ampliamente utilizado en diversas manifestaciones culturales y religiosas del mundo hispano. Fabricada generalmente de madera, produce un sonido fuerte y seco cuando se hace girar o se agita, gracias al golpe repetido de pequeñas piezas móviles contra el cuerpo del instrumento. Su sonido característico ha acompañado durante siglos celebraciones populares, rituales y procesiones.
Origen y significado
El origen de la matraca se remonta a tiempos antiguos, cuando las comunidades utilizaban instrumentos simples de percusión para marcar ritmos, llamar la atención o anunciar acontecimientos importantes. Con el tiempo, la matraca se integró en diversas tradiciones culturales y religiosas.
En muchos lugares de tradición católica, especialmente durante la Semana Santa, la matraca sustituye al sonido de las campanas en determinados días, como el Jueves Santo y Viernes Santo. Su sonido áspero simboliza recogimiento y solemnidad, marcando un momento de silencio y reflexión dentro de la liturgia.
La matraca en la Iglesia de Gáldar
En la Iglesia de Santiago Apóstol de Gáldar, en Gran Canaria, la matraca forma parte de las tradiciones vinculadas a la celebración de la Semana Santa. Este instrumento se sitúa en la torre del templo y su sonido sustituye al de las campanas durante los días del Triduo Pascual, especialmente desde el Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual, siguiendo una antigua costumbre de la liturgia católica.
La ciudad recuperó esta tradición en 2016 mediante la elaboración de una nueva matraca artesanal, inspirada en el modelo que existió en Gáldar hasta mediados del siglo XX. El instrumento, construido en madera y dotado de un eje con varios martillos que golpean al girar, produce un sonido potente que recuerda a muchos vecinos las celebraciones de antaño y anuncia los actos religiosos de la Semana Santa galdense.
Cada año, cuando la matraca vuelve a sonar desde lo alto del templo, convoca a los fieles y visitantes a participar en las celebraciones, manteniendo vivo un símbolo sonoro de la tradición y la memoria colectiva del municipio.
La matraca en Canarias
En las Islas Canarias, la matraca también ha tenido una presencia destacada dentro de las costumbres religiosas y populares. Durante generaciones, su sonido ha formado parte del paisaje sonoro de los pueblos, especialmente en los días de Semana Santa, cuando sustituía al repique de las campanas en señal de recogimiento.
En muchos municipios, eran los propios vecinos y en ocasiones los más jóvenes quienes hacían sonar pequeñas matracas de mano por las calles para anunciar celebraciones religiosas o acompañar determinadas procesiones. Esta práctica, además de cumplir una función litúrgica, se convirtió en una tradición popular transmitida de generación en generación.
Algunas iglesias del archipiélago contaron también con matracas de gran tamaño instaladas en las torres, similares a la de Gáldar, cuyo sonido podía escucharse desde distintos puntos del pueblo. Aunque con el paso del tiempo muchas de estas piezas dejaron de utilizarse, en los últimos años se ha despertado un interés por recuperar estas tradiciones sonoras, restaurando instrumentos antiguos o construyendo nuevos siguiendo modelos tradicionales.
La matraca, por tanto, forma parte del patrimonio cultural inmaterial de Canarias, recordando una época en la que los sonidos de los instrumentos tradicionales marcaban el ritmo de la vida comunitaria y de las celebraciones religiosas.
La matraca en el folclore
Más allá de su uso religioso, la matraca también forma parte del folclore popular. En fiestas tradicionales, carnavales y celebraciones comunitarias, se utiliza para acompañar música, bailes y comparsas. Su sonido rítmico contribuye a crear una atmósfera festiva y participativa.
En algunos lugares, la matraca también se emplea en actividades infantiles y juegos tradicionales, donde su mecanismo sencillo y su sonido llamativo la convierten en un objeto divertido y educativo.
Construcción del instrumento
La matraca suele elaborarse de manera artesanal con madera resistente. Está compuesta por:
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Un mango o soporte que permite sostenerla.
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Un cilindro o rueda dentada que gira al mover el instrumento.
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Una o varias lengüetas o martillos de madera que golpean al girar.
Este mecanismo sencillo permite que, con un pequeño movimiento de la mano, se genere un sonido repetitivo y potente.
Un símbolo de tradición
La matraca es más que un instrumento: es un símbolo de tradición y memoria cultural. Su sonido evoca celebraciones antiguas, rituales comunitarios y el vínculo entre generaciones que mantienen vivas las costumbres populares.
Hoy en día, la matraca sigue presente en muchas fiestas y eventos culturales, recordándonos que incluso los instrumentos más simples pueden tener un profundo significado dentro del patrimonio folclórico de los pueblos.
Curiosidad del lenguaje popular: “ser un matraquillento”
La influencia de la matraca no solo se encuentra en las tradiciones o en las celebraciones religiosas, sino también en el lenguaje popular. De la palabra matraca nace la expresión “ser un matraquillento” o “matraquillenta”, utilizada para referirse a una persona que habla mucho, insiste constantemente o repite algo una y otra vez.
El origen de esta expresión está en el propio sonido del instrumento. Al igual que la matraca produce un ruido repetitivo y continuo cuando se hace girar, una persona matraquillenta es aquella que no para de hablar o de insistir en algo, llegando a resultar pesada o insistente. Sin embargo, en la mayoría de los casos se utiliza en un tono cercano, humorístico o familiar.
Este tipo de expresiones demuestra cómo los elementos de la vida cotidiana y de las tradiciones populares terminan formando parte del habla de la gente, conservando así pequeñas huellas de la cultura tradicional en el lenguaje diario.
Imágenes de Juan Lorenzo Santana Medina de la Semana Santa de 2016 en este enlace





























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