
Mantiene Arucas el tono gris que la caracteriza: de ahí el valor blanco de sus fachadas en casas señoriales.
Y ese tono la define más allá de otras características. Verdad que es muy imperfecta, que a veces actúa con descaro y olvido, sobre todo, con los apartados barrios; sin embargo, su casco histórico sabe mantener su peculiar característica: ese tono gris que ensombrece la ciudad y, posteriormente, la aclara para situar en su debido momento todas las cuestiones importantes de sus habitantes. Es una suerte vivir aquí, donde las luces navideñas, por ejemplo, hace tiempo que dejaron atrás el engañoso afán de competición con otras ciudades y villas del entorno. Y eso forma parte también de su peculiaridad.
En cualquier caso, Arucas tiene y mantiene su encanto. Que no es poco.
Juan FERRERA GIL




























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