
Una noche de verano, de esa en que las estrellas brillan con calma y el mundo parece quedarse quieto durante unos segundos invitándote a pensar, mi hija me hizo una pregunta:
—Mamá, ¿cómo empiezan a escribirse las historias?
La miré sin prisa, pensando cuál sería la mejor respuesta si es que la había. Miré al cielo, cogí aire y cerré el libro que estaba leyendo.
—Suelen empezar con una pregunta —le dije—, con una duda. Alguien que, como tú, no se conforma con lo que ya sabe y decide buscar respuestas.
Ella frunció el ceño, pensativa.
—¿Todas empiezan igual?
Asentí.
—Las buenas, sí. Porque si empiezas a escribir, sin que haya algo que motive tu alma, serán solo palabras vacías.
Ella, guardó silencio.
Yo, volví a abrir mi libro.
—¿Y cómo termina una buena historia? —volvió a preguntar.
Cerré el libro y volví a mirar al cielo —lo hago siempre que necesito inspiración—.
—Pues, supongo que cuando por fin entiendes lo que antes no entendías. Cuando descubres que el mundo es un poquito más grande de lo que imaginabas. Cuando aprendes.
—¿Y después?
—Después llega la parte más importante y emocionante de todas, la parte en la que, pese a haber terminado, alguien se da cuenta de que todavía le queda mucho por contar aprender y… comienza otra historia.
Olga Valiente




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27