Semana Santa

Tres escritos y dos malagueñas para “El Cristo atado a la columna” de Teror (vídeo)

La escultura, restaurada en varias ocasiones y atribuida a la influencia de grandes maestros, destaca por su perfección anatómica y el equilibrio entre lo espiritual y lo humano.

Redacción Miércoles, 01 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:
El pasado año en que recorrió por primera vez la calle de La Mina.El pasado año en que recorrió por primera vez la calle de La Mina.

 

Realizada por el artista José Luján Pérez en 1793, por encargo del sacerdote Domingo Navarro del Castillo y su hermana Catalina. Algunos investigadores consideran que esta talla está influenciada por la imagen homónima perteneciente a la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Las Palmas de Gran Canaria, realizada por Tomás Calderón de la Barca.

 

Se ha restaurado varias veces: para la instalación de una pletina metálica; el repintado de la columna realizado por Francisco Suárez León en 1908 o la última, llevada a cabo en el 2013 por Carlos Valero que eliminó repintes y viejos tratamientos.

 

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El Señor del Granizo

 

La efigie de Jesús azotado que se venera en la iglesia parroquial de Santo Domingo, es de las más notables obras del arte cristiano que Las Palmas atesora. Por las calles de la ciudad llévasela en procesión la tarde del martes santo siguiendo la misma ruta tradicional que en los viejos tiempos en que la comunidad de frailes dominicos la conducía hasta el convento de San Bernardo, bajándola por las calles de la Vera-Cruz, la Carnicería y Mayor de Triana, entre el tañer de las chirimías que acompañaban el canto del Miserere, y entrando con ella en los conventos de San Agustín, San Francisco, Santa Clara y San Ildefonso para que la venerasen los religiosos.

 

No hemos de hacer el estudio de la grandiosa efigie del Cristo como obra artística, tan conocida y admirada, y tenida por nuestro inmortal Lujan Pérez como precioso modelo, el más perfecto y acabado que él tuvo aquí y en el que se inspiró para su Jesús a la Columna, de Teror.

 

La bellísima imagen del Señor de la Columna es obra del notable es cultor madrileño Tomás Antonio Calderón de la Barca y es posible que ninguna otra de las que existen en Canarias la supere. Los nombres del escultor y del artista que la pintó se leen sobre la peana, junto al pie derecho de la imagen, donde aparece escrita esta inscripción: Tomás Antº Calderón de la Barca fecit—Manuel de Blas, pintor-Madrid 1.778.

 

El canónigo Don Felipe Alfaro, viendo el lamentable estado en que ya se encontraba la antigua efigie del Señor a la Columna que poseían en la iglesia de su convento los religiosos dominicos, y teniendo gran devoción por este doloroso paso de la pasión de Jesús, mandó traer esa nueva estatua que fue encargada al notabilísimo escultor de la corte y llegó a la ciudad, en un navío que iba de paso para Nueva España, en las mismas vísperas de la Semana Santa de 1779. Se estrenó la preciosa imagen en la procesión del martes. Lujan Pérez fue el primero en verla, llevado por el Sr. Alfaro, cuando fue sacada”

 

José Batllori y Lorenzo (1914)


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Una obra maravillosa de Luján Pérez

 

Un amigo me Invita a ver una estatua maravillosa y, para excitar mi interés y mi curiosidad, agrega:

 

-Yo creo que se trata de una de las obras más bellas de Lujan Pérez. Interesado y curioso, en efecto, me dirijo en compañía del invitante a casa de D. Guzmán Compañ, donde está la maravilla. El Sr. Compañ no la posee, sino que la tiene en depósito para retocarla y pintarla; el Sr. Compañ sabe de esos menesteres, puesto que cultiva a su vez el arte excelso de la escultura. Industrial y artista, posee en un mismo inmueble una tienda de novedades, una escuela de dibujo y un taller de modelado y talla.

 

Semejante mezcla de arte o industria prueba que el Sr. Compañ vive ampliamente la vida: lo práctico y lo ideal, lo útil y lo bello, lo del cuerpo y lo del espíritu. En la planta baja, se venden género; en el piso superior, en las habitaciones interiores, se moldean figuras, se retocan y pintan imágenes, se enseña gratuitamente a trazar correctas líneas y a sacar de duros bloquea el simulacro de la forma humana.

 

D. Guzmán con la mano derecha enciende lumbre espiritual, y coa la siniestra escribe la prosa del comercio.

 

En una de esas estancias severas encontramos la efigie hermosísima que se atribuye a Luján. Va Cristo a la Columna, de dibujo y traza impecables. Desde luego reconocemos la “manera” del escultor canario, el sello de su estilo y el carácter de su visión estética, serena y armoniosa.

 

Jesús flagelado, torturado, ofrece una actitud grave y tranquila, como de quién, siendo hombre, se halla asistido de un poder divino y supera al dolor. Nada más perfecto que aquella anatomía donde se acusan los menores detalles de la estructura corpórea.

 

Miembros, tendones, músculos, huesos, relieves de todo el conjunto orgánico, aparecen portentosamente estudiados, interpretados, plasmados. Se ve que el artista acabó por enamorarse de su propia obra hasta poner en ella la pasión absorta y exclusiva del creador verdadero. Se olvidó del tema místico para humanizar artísticamente al personaje. Hay una sobriedad, una elegancia, una clásica grandeza en la humanidad lacerada del Nazareno que alejan toda impresión religiosa. El rostro dulce y triste, conmueve, pero no aterra ni produce angustia en los contempladores. La cabeza, casqueada de una cabellera profusa que cae en desorden, no parece de Luján. Los ojos medio cerrados, las manos y los pies asombrosos de realismo anatómico, el torso desnudo y magro, el varillaje del costillar en resalte estupendo, le dan a la figura la apariencia de una producción clásica y el valor de un magistral estudio de la desnudez. Puesta en un museo, sin firma ni filiación, sin retoques ni pinceladas coloristas, podría pasar por un hallazgo arqueológico; se la diría desenterrada de las inmensas tumbas de Grecia o de Roma, y no lo dudaría nadie.

 

La soberbia escultura ha sido enviada al Sr. Compañ desde el Hierro, por el párroco de Valverde a fin de que le dé una manita y la restaure y recomponga. Allí ignoran, de seguro, el tesoro que posean. Cuantos aquí la han visto, doctos y legos, convienen en que es de una belleza suprema.

 

Yo le encuentro semejanza con el Cristo a la Columna, también de Luján, que se venera en la iglesia de Teror, más opino que en mucho le aventaja y excede (1) Aunque Luján sólo hubiera hecho ese milagro de arte -no exagero en el calificativo- por él merecería la inmortalidad.

Y por él, y por los demás prodigios de su labor titánica, merece que todas sus obras sean reproducidas y se forme con ellas una galería, un museo, culto a su nombre y orgullo de nuestra región.

 

-Tal como está ahora, vista desde algo lejos, no parece tallada en madera.”

 

Francisco González Díaz (La Laguna 1917)
 

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Evocación de la Semana Santa en Teror

 

Y el Martes Santo nos íbamos muy temprano todos a la parroquia para oír el canto de la Pasión que tanto nos impresionaba, y, por la tarde, la procesión del Señor a la Columna, una imagen espléndida, esbelta, que lleva a la izquierda la columna de alabastro a la que está atado”

 

Ignacio Quintana Marrero (1965)

 

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Malagueñas del Cristo atado a la columna 

(José Luis Yánez - 2024)

 

Llegue mi voz dolorida

Desde la tierra hasta el cielo

Y mis lágrimas te sanen

Las penas de tu tormento

-

Amarrado a esa columna

Sufres por darnos la vida

Déjame besar tu frente

Y curarte las heridas”

 

 

Jose Luis Yánez Rodríguez

Cronista Oficial de Teror

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