Cebollas de GáldarEl Cabildo de Gran Canaria, a través de su Consejería de Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica, tutelada por Miguel Hidalgo, y las y los agricultores que cultivan la conocida como cebolla tradicional de Gáldar trabajan codo con codo con el objetivo de garantizar la continuidad, la salvaguarda y el reconocimiento y diferenciación de este producto local y de sus distintas variedades.
Una estrecha colaboración que, en la práctica, se ha traducido en el desarrollo de estudios e investigaciones científicas por parte de los técnicos de la Agencia de Extensión Agraria de Gáldar, dependiente de la Consejería, en las que además han colaborado expertas y expertos en la materia, y cuyas finalidades han sido el estudio, la protección y la puesta en valor de este producto agrícola local.
Asimismo, junto a ese trabajo científico, el Gobierno insular ha realizado un esfuerzo inversor en forma de subvenciones a las y los productores, mediante la concesión de ayudas destinadas impulsar las explotaciones de cultivo de las cebollas tradicionales de Gáldar en sus cuatro variedades (Blanca de Gáldar, Roja de Gáldar, Chata de Sardina y De Embarque), de elevada diversidad genética y adaptadas durante generaciones a las condiciones del noroeste de Gran Canaria, y que comparten una misma historia agrícola y un fuerte arraigo en la zona.
Y es que hay que tener muy en cuenta que, hoy, Gran Canaria representa aproximadamente el 16 % de la superficie total de cultivo de cebolla en todo el Archipiélago y que la dedicada a esas cuatro variedades se concentra principalmente en Gáldar, con unas 12 hectáreas distribuidas en zonas como Piso Firme, Las Rosas, Sardina y Los Quintana, y en Los Llanos y Troya, en el municipio de Agaete.
Porque, como se defiende desde la Consejería, la cebolla tradicional de Gáldar no es solo un producto agrícola, sino que es parte de la identidad rural de los municipios y “gracias al trabajo conjunto entre los técnicos de la Agencia de Extensión Agraria de Gáldar y al compromiso de las y los agricultores, este cultivo sigue muy presente en el mercado, con mayor respaldo técnico y con pasos firmes hacia su diferenciación y reconocimiento”, aseguran.
Y eso se ha conseguido, entre otras razones, por esa colaboración entre el Cabildo y los productores y productoras, que se inició en 2015, cuando arrancaron los primeros ensayos en fincas colaboradoras del municipio y en la Granja Agrícola Experimental del Cabildo de Gran Canaria. Unos trabajos en los que, a lo largo del proceso de valorización, tomaron parte activa especialistas de reconocido prestigio en distintas áreas, que desarrollaron sus trabajos científicos siempre en coordinación con las y los agricultores locales, de forma que se consiguió la integración del conocimiento técnico y la experiencia práctica.
En este contexto, cabe recalcar que una parte especialmente significativa de la investigación fue la recopilación de testimonios de agricultores y seleccionadores tradicionales, que se produjo mediante las entrevistas en profundidad que realizaron los técnicos de la Agencia sobre prácticas de cultivo, selección de semilla y manejo agronómico, cuyos contenidos fueron contrastados con bibliografía técnica.
De este modo, el resultado de esa combinación de la ciencia y el conocimiento transmitido de generación en generación quedó fielmente recogido en el libro La cebolla de Gáldar. Tradición y Ciencia, editado por el Cabildo de Gran Canaria en 2018, cuyas páginas aglutinan las investigaciones y dan testimonio del papel fundamental de las y los agricultores como custodios de este patrimonio agrícola.
Posteriormente, tras la publicación del libro y a propuesta del propio sector, el Cabildo comenzó a realizar los trámites necesarios ante las instituciones competentes, para avanzar hacia figuras de protección que permitan diferenciar este producto en el mercado.
En concreto, en 2023, se solicitó la Marca de Garantía Cebollas de Gáldar, como paso previo a una futura Denominación de Origen. Posteriormente, El 15 de octubre de 2024, se constituyó la Asociación de Productores de Cebollas de Gáldar (Aprocegal), integrada actualmente por 14 agricultores jóvenes y profesionales.
Y casi un año después, en septiembre de 2025, se pidió al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del Gobierno estatal la inscripción de las cuatro variedades tradicionales de cebolla de Gáldar en el Registro de Variedades Comerciales. Este trámite, que hoy está en fase de estudio, resulta imprescindible para su reconocimiento oficial y constituye un avance técnico clave dentro del proceso de la Denominación de Origen.
Ayudas para inversiones, gastos corrientes y riego
Además de todo ese trabajo, el Cabildo ha destinado partidas económicas a colaborar con Aprocegal, con objeto de contribuir a la continuidad de este cultivo. De ahí que, en este 2026, se hayan asignado subvenciones a la optimización del riego en las explotaciones, para apoyar a las y los cultivadores en la gestión eficiente del agua y para contribuir a reducir los costes de producción.
Estos fondos se unen a los que ya se otorgaron en 2025 a la Asociación por medio de dos subvenciones nominativas. La primera de ellas se centró en ayudas a las inversiones y permitió la adquisición de maquinaria de uso comunitario para facilitar labores como la plantación, mientras que la segunda se orientó a cubrir gastos corrientes y se empleó principalmente en acciones de promoción, como el serigrafiado de cajas identificativas con el sello de las cebollas tradicionales de Gáldar.
No hay que olvidar que, tal y como recalcan desde el Servicio de Extensión Agraria de Gáldar, “el mantenimiento de este cultivo tradicional implica afrontar importantes costes de producción, especialmente en mano de obra y agua, los dos factores que más inciden en su viabilidad”.
Es más, detallan que la selección y plantación de los cebollinos se realiza de forma manual, siguiendo prácticas heredadas durante generaciones, y es una labor exigente que requiere tiempo y personal especializado. Por eso, hacen hincapié en que la escasez de mano de obra en el sector agrícola supone actualmente una de las principales dificultades para la continuidad de este tipo de cultivo tradicional. “Y si se tiene en cuenta, además, el coste del agua, un recurso cada vez más limitado debido a la disminución de las precipitaciones y a los efectos del cambio climático, los gastos asociados al riego se incrementan aún más”, añaden.
En este escenario, el Cabildo de Gran Canaria mantiene su voluntad firme de continuar apoyando a las y los productores, y subraya que todas estas medidas no sustituyen el esfuerzo del agricultor, sino que buscan reforzar su capacidad para mantener un cultivo que forma parte del patrimonio agrícola en esta comarca.































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