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A falta de apenas un año para la celebración de las próximas elecciones municipales, el clima político dentro del actual grupo de gobierno comienza a tensarse. Lo que hasta hace poco parecía una legislatura relativamente cómoda empieza a mostrar grietas internas propias de los periodos preelectorales. Las miradas ya no se dirigen tanto a la gestión diaria como a un objetivo mucho más inmediato: la confección de las próximas listas electorales.
En los pasillos del ayuntamiento, en los encuentros informales y en las conversaciones de despacho, se percibe un ambiente de creciente nerviosismo. Cada movimiento, cada posicionamiento y cada declaración pública parece responder menos a la estrategia institucional y más a la pugna interna por asegurar un puesto en la candidatura que se presentará a las urnas.
La reciente marcha de quien muchos dentro del entorno político local apodaban “El Gran Guanarteme Chico” ha alterado aún más el delicado equilibrio interno. Su salida ha dejado un vacío simbólico y político que distintos sectores del grupo intentan ocupar, abriendo un nuevo capítulo de rivalidades silenciosas y alianzas tácticas.
Por un lado, se encuentra la llamada “vieja guardia”, un grupo de concejales que, casi sin darse cuenta, se aproxima ya a las dos décadas ocupando cargos municipales. Muchos de ellos llegaron en su día presentándose como una alternativa circunstancial, una solución provisional para un momento político determinado. Sin embargo, el tiempo ha ido consolidando sus posiciones hasta convertirlos en piezas veteranas del engranaje municipal. Ahora, ese mismo tiempo que les dio estabilidad comienza a jugar en su contra.
La presión llega desde distintos frentes. Uno de los más comentados en el ámbito político local es el del sector que gira en torno al conocido como “el señor que va a los Goya”, una figura mediática que, según algunos observadores, ha ido ganando influencia dentro del entorno del gobierno municipal. Este grupo representa una corriente que busca renovar caras, ganar visibilidad pública y proyectar una imagen más contemporánea del equipo político y sobre todo, con formación.
Pero la pugna no se limita a un simple choque entre veteranos y aspirantes emergentes. Existe también un tercer bloque, formado por aquellos concejales que han alcanzado responsabilidades institucionales sin una trayectoria política o profesional especialmente sólida. Son perfiles que, según comentan con cierta ironía algunos analistas locales, llegaron a la política municipal “sin oficio ni beneficio” y que ahora intentan consolidar una posición que nunca imaginaron alcanzar.
A todo ello se suman las inevitables caras nuevas que empiezan a asomar en cualquier ciclo electoral. Militantes jóvenes, perfiles técnicos, figuras procedentes del ámbito social o cultural que aparecen como posibles fichajes para renovar la imagen del partido. Cada nuevo nombre que surge alimenta inevitablemente las inquietudes de quienes ya ocupan un asiento en el salón de plenos.
El resultado es una ecuación complicada: demasiadas aspiraciones para un número limitado de puestos. La metáfora que algunos utilizan en privado es clara: muchas bocas para un pastel que no crecerá demasiado.
Pese a todo, dentro del propio gobierno municipal existe la percepción de que la mayoría absoluta podría revalidarse en las próximas elecciones. No tanto por una gestión especialmente brillante —según admiten algunos en voz baja— sino por una combinación de inercia política y un factor que consideran determinante: la debilidad de la oposición.
En efecto, uno de los elementos que más ha favorecido la estabilidad del actual grupo de gobierno durante la legislatura ha sido la incapacidad de las fuerzas opositoras para articular un proyecto sólido y reconocible. La ausencia de una alternativa clara ha permitido al ejecutivo municipal gobernar con relativa tranquilidad, incluso en momentos de fricción interna.
Sin embargo, esa aparente tranquilidad no elimina la inquietud que empieza a extenderse entre algunos concejales. El cálculo es inevitable: si la lista se reduce, si aparecen nuevos nombres o si el partido decide apostar por un cambio de imagen, no todos tendrán garantizada su continuidad.
Para algunos, especialmente aquellos que han hecho de la política municipal su principal ocupación durante años, la posibilidad de quedarse fuera del próximo mandato empieza a ser una preocupación real. Más de uno, comentan con sorna algunos observadores, podría verse obligado a replantearse su futuro laboral.
Y es ahí donde surge la ironía que circula en ciertos corrillos políticos: quizá alguno de esos concejales que nunca llegó a cotizar antes de entrar en política tenga que empezar a pensar en una salida profesional alternativa.
Aunque, como dicen entre bromas y resignación algunos veteranos del lugar, siempre quedará algún puesto disponible… aunque sea revisando los parkings municipales.
Guayarmina Guanarteme
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