El retorno de san Ramón Nonato

La iniciativa del obispo Fray Valentín de Morán impulsó la construcción de un nuevo templo en Teror y la creación de retablos destacados, reflejando el fervor religioso y artístico del siglo XVIII en Canarias.

José Luis Yánez Rodríguez Viernes, 27 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
SAN RAMÓN EN LA BASÍLICA ANTES DE LA RESTAURACIÓN DE LOS SESENTASAN RAMÓN EN LA BASÍLICA ANTES DE LA RESTAURACIÓN DE LOS SESENTA

Fabricóse el retablo de San Ramón Nonato, y se dedicó a este santo por orden de Su lltma. en reconocimiento de su generoso ánimo que motivó a emprender iglesia semejante”

 

Llevaba casi nueve años en las islas como obispo, el mercedario Fray Valentín de Morán y Estrada, cuando el 15 de febrero de 1760 decretaba la clausura por ruina del segundo templo que desde 1600 albergara en el valle de Teror la Santa Imagen de Nª Sª del Pino.

 

Dos días antes afirmaba la necesidad de un nuevo edificio que, en justicia, diera custodia a la Virgen, ya que “siendo este templo el más frecuentado de la isla y que justísimamente llama a si la devoción de los fieles, pues veneran en él a quien tantas veces han confesado deber su especial protección" era lógica la intención de construir en la Villa un templo con características artísticas y arquitectónicas dignas de meritar el honor de alojar la Imagen, advocación predilecta de los grancanarios.

 

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Al mes siguiente Fray Valentín comenzaba la cuestación de fondos para tal fin con un donativo propio de 1500 pesos, al que seguirían sumándose otros muchos. Por ello, y ejecutando lo ordenado por Morán, el 14 de julio de 1760 se dieron los primeros golpes de azada que iniciarían las obras de los cimientos de la futura iglesia.

 

Morán firmó el 20 de julio en Santa Cruz de Tenerife, el decreto comisionando a Estanislao de Lugo-Viña y Franchi-Alfaro para que bendijera el solar y colocara la primera piedra. Destacada personalidad de la iglesia canaria de entonces, había nacido en 1708 en Tenerife, y era canónigo y Dignidad de Tesorero de la Santa Iglesia Catedral, Juez Apostólico del Tribunal de la Santa Cruzada, Gobernador Eclesiástico, Provisor y Vicario General del Obispado. En cumplimiento del decreto, dos semanas más tarde, el martes 5 de agosto, cuando la Iglesia católica celebra la festividad de la Dedicación del Templo y Ntra. Sra. de las Nieves, el canónigo acompañado de eclesiásticos, autoridades civiles y el pueblo de Teror, se dirigió, siguiendo lo establecido por el Ritual Romano, "procesionalmente con cruz y ciriales al sitio donde debía fijarse el Altar mayor de la nueva iglesia" y precisamente allí, en el centro de los cimientos de la pared trasera a dicho altar colocó la primera piedra del edificio.

 

Sobre Morán, aparece en el libro 1º de confirmaciones de Teror al folio 161 vto., que “entró el señor Obispo Dn. Fray Valentín Moran en este lugar el día veinte y uno por la noche, del mes de agosto de mil setecientos cincuenta y seis, con parte de su familia, y el veinte y tres vino toda su familia. Se mantuvo hasta el día catorce de Septiembre” y que “dio este lltmo. Prelado catorce mil pesos con que se dio principio a la fábrica de este templo, que de su orden se proyectó por estar muy detrimentado el antiguo. Estando en esta fábrica que duró siete años, renunció el obispado y se retiró a su celda, con cuatro mil pesos que tomaba de este obispado y le hizo gracia el Rey. Falleció aun estando en la obra”

 

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El obispo, perteneciente a la Orden de la Merced o Mercedarios -orden fundada por San Pedro Nolasco el 10 de agosto de 1218 en Barcelona- que se dedicaba a la redención de cristianos cautivos de las prisiones musulmanas, así como dar la vida por quien corría el peligro de perder su fe. Morán era profundamente mercedario y lo demostró de varías formas. El investigador Francisco Pérez Navarro recogió en el siguiente apunte que consta en el archivo parroquial de Teror que en 1756

 

Hízose misión en esta iglesia por el padre presentado Fr. Juan Medinilla y el padre lector Fr. Pedro de Villorlada, de la Orden de Ntra. Sra. de las Mercedes, Redentora de Cautivos, la que se comenzó el día diez y ocho de agosto y se acabó el día veinte y nueve de dicho mes del mismo año, por cuya ocasión vino Su lltma. a este lugar. No asistió en la iglesia a los sermones porque era demasiado el concurso, pero la oía todas las noches del balcón de su palacio (1) A estos padres los mandó buscar Su lltma. a España para este efecto. Comenzáronla en la Sta. Iglesia y acabada, tomaron su vereda por Telde, Agüimes, Tirajana, Texeda, Aldea de San Nicolás, Agaete, Guía, Gáldar y Moya, y de allí vinieron a este lugar. De aquí pasaron a Arucas, San Lorenzo y la Vega, donde concluyeron; y bajaron a la ciudad para pasar a Tenerife”

 

El tercer templo dedicado a Nuestra Señora del Pino tenía mil detalles que lo hacían una maravilla arquitectónica y artística del archipiélago canario en el siglo XVIII. Uno de ellos era su extraordinario conjunto de retablos.

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Julio Sánchez publicó que el retablo centrado por la imagen de San José desde inicios del pasado siglo hasta esta semana y el del Señor atado a la columna fueron realizados por José de San Guillermo Quesada, mientras que los otros tres por Nicolás de Jacinto.

 

Para cubrir parte de las esculturas destinadas a los mismos también quedó comisionado Estanislao de Lugo. Interesa al fin de este escrito las adquiridas en Sevilla que como aparece en el trabajo “El patrimonio histórico de la Basílica del Pino de Teror”, son cinco: los Santos Varones, los arcángeles Gabriel y Rafael, y San Ramón Nonato.

 

Julio Sánchez afirma que diferentes autores coinciden en que la imagen de San Ramón es del artista sevillano Benito de Hita. El profesor de arte e investigador José Concepción lo argumenta así:

 

San Ramón se corresponde con los cánones de la estética de lo bonito en la dulzura de la cara, orientada hacia lo alto, así como en el preciosismo de los paños. Las facciones del rostro en las cejas, nariz y angulosidades de la piel en torno a ésta, así como la configuración y postura de la mano izquierda, nos recuerdan los mismos rasgos de San Juan Nepomuceno ubicado en la ermita de San Antonio Abad de Las Palmas de Gran Canaria, que hemos atribuido a la gubia de Benito de Hita, por lo que no es descartable el que esta pieza terorense pertenezca también al taller del sevillano”

 

Dato no constatado pero tomado hasta hoy como fiable.

 

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San Ramón, mercedario, patrono de parturientas, “no nato” por haber venido al mundo gracias a una cesárea; ocupó en 1771 el retablo para él reservado y pagado por el obispo tal como aparece en un documento donde se dice que “por 1.200 reales costo de la efigie de San Ramón Nonato que mandó poner el obispo Morán”

 

En dicho retablo e insistiendo en la finalidad para la que fue creado, uno de los ángeles porta un estandarte con el escudo de la orden mercedaria y el otro la palma del martirio.

 

Asimismo, el investigador Julio Sánchez en su obra “La Merced en las Islas Canarias” dice de la escultura que

 

Sus ornamentos corresponden a su dignidad de cardenal, donde predomina el color rojo, incluso en el calzado. En la mano derecha muestra la custodia, que quiere recordar el episodio de su agonía, física y espiritual. Al no aparecer el sacerdote que le debía administrar el viático, Jesucristo mismo en persona le da la comunión. La postura dinámica e itinerante del santo nos sugiere que el Pan Eucarístico es el alimento y viático en el camino hacia la vida eterna. La palma que lleva en su mano izquierda y que apoya sobre su hombro, nos recuerda los tormentos que sufrió durante su cautiverio en el Norte de África. Los tres anillos que circundan la palma son los símbolos de sus tres virtudes: castidad, elocuencia y martirio, dando lugar a que la iglesia lo venere como casto, confesor y mártir. Por ello es el único santo que se representa con la palma del martirio sin haber sido sacrificado en el potro de la tortura”

 

El investigador y académico Pedro Tarquis afirmaba de la efigie que, aun considerándola como talla distinguida, la cabeza le parecía mejor que los ropajes, dando la impresión de ser obra de diferentes artífices.

 

Decía que “en el rostro pudiera advertirse cierto manejo y soltura de gubia, aunque ya estamos bien lejos de Pedro Roldán, el celebrado discípulo de Juan Martínez, y de otros buenos escultores de la segunda mitad del XVII en Sevilla. Hallamos al autor del San Ramón preocupado de alcanzar una expresión delicada de las formas y de la expresión bondadosa. No consigue volar alto en ello el de Sevilla. Si la idea del Cabildo Catedral de Las Palmos, al hacer el encargo, fue conseguir para la Basílica de Teror una escultura superior a la que pudiera hacerse en Gran Canaria, sería muy discutible si lo consiguió o no. Entiendo que en Las Palmas había artistas capaces de hacer algo aproximado”

 

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En el año 2002, la imagen era restaurada con la colaboración del Ayuntamiento de Teror. Pero, veinte años después el Cabildo la restauraba nuevamente, junto a otras como la del Cristo Resucitado o la Virgen de la Soledad.

 

Debe decirse que nunca ha sido imagen de gran devoción y que si alguien con problemas para el parto pensaba en quien pudiera interceder ante Dios; le venía a la cabeza mil veces antes la Virgen del Pino que el pobre San Ramón.

 

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Tampoco es advocación muy extendida en el resto de Canarias. En nuestra isla, es el teldense barrio de El Caracol quien le celebra fiestas y lo procesiona en septiembre junto a Nuestra Señora de la Merced. Es bella imagen más pequeña que la nuestra, que ésa es otra. Porque en los anuales sorteos de dos imágenes que acompañaran a la Virgen del Pino en las procesiones del Agua y otras ocasiones; la papeleta de San Ramón quedaba excluida a propuesta popular porque “pesaba mucho” y pobrecitos de quienes tuvieran que portarlo.

 

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Las magníficas obras de restauración en los cuatro retablos, realizadas en los últimos años gracias a la intervención del Gobierno de Canarias y la Fundación de la U. D. Las Palmas, culminadas el pasado mes, han determinado el definitivo retorno de la imaginería a sus respectivas hornacinas.

 

Menos San José y San Ramón, que han mudado de casa.

 

Una por otra; aunque para mí que San Ramón ha quedado más arrequintado en la que ocupó hace 255 años.

 

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Una señora, intrigada por verme realizar parte de las fotografías que aparecen en este artículo, me preguntó en la plaza a qué era debido aquello. Explicada la razón; me contestó que, para ella San José seguía siendo más guapo y continuaría teniendo fiesta en la Villa.

 

Que lo de San Ramón era cosa de cambios de patrimonios e historiadores como usted y no de devociones como ella.

 

Estuve completamente de acuerdo.

 

José Luis Yánez Rodríguez

Cronista Oficial de Teror

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