Hemos fracasado como sociedad
Es 26 de marzo, año 2026. El día está plomizo y gris, lluvioso como todos estos días atrás. He querido escribir unas líneas porque estoy triste.
Estos días ha trascendido a los medios de comunicación la historia de Noelia Castillo, una joven de tan solo 25 años, que lleva dos luchando por lograr la eutanasia, con su padre en contra. Dos años hasta que, por fin, ha conseguido que la ley ampare su deseo de morir.
No voy a entrar a opinar sobre la eutanasia, ni sobre nada referente al caso. Voy a dejar salir los sentimientos y las preguntas que, desde que vi esta historia, se me agolpan en la garganta en forma de un nudo horrible.
La historia de Noelia es la que de una mujer abandonada víctima de los errores de otros. Sus padres se separan en un divorcio traumático que acaba con ella internada en un centro de menores tutelado donde sufre una violación en grupo, de la cual, se ignoran quienes fueron los culpables.
Las palabras: centro tutelado, menores y violación son las primeras que me hacen sentir controversia. Si el centro es tutelado, ¿cómo no van a saber quien la violó? ¿No tienen un registro de jóvenes? ¿No tienen seguridad? ¿Los chicos que por los motivos que sean acaban en esos centros, para “protegerles”, están en realidad desprotegidos? No me cabe en la cabeza que un grupo de delincuentes (porqué no tienen otro nombre) violen a una chica en un centro controlado y nadie sepa quien fue. ¿Qué se oculta detrás de esto?
Por otro lado, están sus padres: ¿hasta que punto descuidas a tus hijos para que pierdas la tutela en un divorcio? Ambos padres. ¿Y el padre? Noelia ha contado que nunca ha estado para ella, que no la llama, que no la visita. ¿Entonces? ¿Qué pretende señor? ¡Haber estado para su hija cuando la necesitó! Después de varios intentos de suicidio y de haberse quedado en silla de ruedas tras uno de ellos, ¿no había notado usted que su hija necesitaba ayuda?
¿Y la madre? No entiendo muy bien el papel de la madre en todo este entramado. Está con ella durante la entrevista, habla a los medios, pide estar presente en el momento de la eutanasia y Noelia dice: “NO”. ¿Porqué? ¿Qué ha podido pasar para que no quiera a su lado a su madre en el último momento de su vida? Puede ser que sienta que su madre también la abandonó cuando más la necesitaba y total, ¿ahora para qué?
Mención aparte para los medios de comunicación. Soy periodista, conozco, entiendo y siempre defenderé el derecho a la información. Tanto a informar, como a estar informado. Pero pienso que llega un punto en toda historia donde hay que parar. Lo que se está haciendo ahora mismo con Noelia ya no es informar es alimentar el morbo de la gente que, ya demasiado tarde, pretende ayudar y darse golpes contra la pared, culpar a todo el mundo y lanzar mensajes al vacío que no valen nada para esta chica. He llegado a leer un “vente a mi casa, que yo te cuido” ¿En serio?
¿Porqué nadie la cuidó antes? Somos, me incluyo, unos hipócritas. “Nunca te olvidaremos” ¡JA!, perdonen que me ría. En un par de semanas, cuando otro drama ocupe las portadas y los telediarios nadie se acordará de Noelia.
Escuché a una periodista que sigo en redes sociales decir que hemos fracasado como sociedad y sí lo hemos hecho. Una sociedad que permite que se ignore y maltrate a una joven hasta que no ve más solución que la muerte. Una sociedad que no hizo nada por ella cuando había tiempo. Una justicia que dejó escapar a sus violadores. Ojalá el remordimiento los mate, si es que tienen conciencia.
No sé en qué momento del día ocurrirá el fallecimiento, espero que no lo conviertan en un circo mediático.
Y a ti, Noelia: No alcanzo a entender qué pasa por tu cabeza para decidir que la muerte es el camino, pero no te juzgo. Has sido valiente, te arrebataron la juventud y la vida. Espero que en la muerte encuentres la luz y la paz que no te digo la vida. Descansa en paz.
Zeneida Miranda Suárez































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