Barranco de Arguineguín, millones de metros cúbicos de agua de lluvia al mar, vecinas aisladas...

Julio Cuenca Sanabria

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... mientras en La Aldea de San Nicolás celebran las lluvias con júbilo por el llenado de las presas.

 

En el barranco de Arguineguín no hay fiesta posible. Allí, la realidad es otra: carreteras cortadas y colapsadas, vecinos aislados, fincas dañadas, un riesgo constante y Antonio Morales que no asume públicamente su grave responsabilidad, hasta el punto que por Arguineguin ni aparece.

 

El agua de lluvia de la Cuenca hidrográfica de Arguineguín, se está tirando al mar, salvo la que retiene de momento la Presa de Las Niñas. Pero el gran embalse de Soria está abierto desde poco después de la Borrasca Filomena, 2021, que descargó 15 millones de  m3  de agua en las presas , de las cuales 1,3 millones de m3 fueron a parar a Soria, 0,91 millones de m3 a Chira y 0,42 millones a La Gambueza. Con las cuatro borrascas que siguieron, en las presas de Chira y Soria entraron unos 5 millones de m3 de agua de lluvia. Esto sería antes de que REE se hiciera cargo de esas presas y por tanto del agua que contenían. A estas alturas, las presas de Chira y Soria están vacías, porque toda el agua almacenada incluso la que pudiera estar entrando ahora con la borrasca Therese, y la que desborda de la Presa de Las Niñas, se está tirando al mar.

 

Los responsables de esta errática y ruinosa decisión, es la multinacional REE a quien Antonio Morales le ha entregado, por espacio de 75 años, prorrogables otros tantos, es decir casi por espacio de 200 años, la propiedad y gestión de toda el agua que capte la Cuenca de Arguineguín, y decimos toda el agua de la Cuenca de Arguineguín, porque Morales, ya ha anunciado que también le entregará en breve la Presa de Las Niñas, para que REE la incorpore al complejo hidroeléctrico de Chira-Soria. Así los agricultores y habitantes de Arguineguín y Rampa de Tauro, no tendrá derecho más que al agua, ahora desalada y tratada químicamente, que REE les quiera trasvasar para la agricultura y consumo humano.

 

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Muy distinta de momento es la situación de la Gran Cuenca Hidrográfica de Tejeda, cuya agua de lluvia en gran medida se retiene en las tres presas del municipio de Tejeda, que se localizan en el cauce del Barranco Grande y el de Taguy-Siberio. La cifra que arroja el paso de esta borrasca Therese, no es menor: más de 11 millones de m3 de agua almacenados en las presas del Parralillo, Siberio y Caidero de Las Niñas, pertenecientes a la Aldea de San Nicolás, aunque todos estos embalses como hemos dicho, se encuentran en territorio de Tejeda.

 

Pero el repique de campanas y la fiesta en la Aldea por el llenado de sus tres presas, pronto tornará en desgracia, dado que en poco tiempo las presas referidas pasaran a manos de REE así como toda el agua que embalsen, porque Antonio Morales así lo ha decidido con el PIO de Gran Canaria, dado que pretende construir otra central hidroeléctrica en el barranco de Los Juncos, aprovechando la fuerza de las agua embalsadas en Parralillo, Siberio y Caldero de Las Niñas.

 

La Aldea de San Nicolás, cuando la gestión de estas presas, pase a manos de REE, no tendrá la capacidad para decidir que hacer con esos once millones de m3 de agua embalsada en las tres presas, porque será REE quien tenga la última palabra.

 

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Y es que a esta multinacional del Oligopolio Energético, lo del agua de lluvia de esta parte de Gran Canaria, donde se encuentran las cuencas hidrográficas de Arguineguín y Tejeda, le interesa solo para mover sus enormes turbinas que van a instalar para generar electricidad, por eso ahora mientras la obra no esté finalizada, el agua que se embalsa en las presas de Chira y Soria, se tira literalmente barranco abajo en dirección al mar. No es su lucha, porque esta multinacional está aqui para cumplir con un servicio público pero sobre todo para ganar pasta, no olvidemos que el negocio del consumo eléctrico en Canarias mueve un montante de más de cuatro mil millones de euros al año.

 

Pero aquí no hablamos solo de agua, hablamos de patrimonio público despilfarrado. Hablamos de decisiones. De compuertas abiertas mientras los barrancos bajan descontrolados. De infraestructuras que no están respondiendo a su función esencial: proteger a la población y aprovechar un recurso escaso. Y hablamos, sobre todo, de prioridades.

 

El presidente del Cabildo, Antonio Morales, lleva 11 años defendiendo un relato basado en la llamada “ecoisla”, pero la realidad en el barranco Arguineguín desmonta ese discurso. Tras más de cuatro años de obras vinculadas a su proyecto Chira Soria, promovido junto a Red Eléctrica de España, no se habla de sostenibilidad: se habla de un infierno cotidiano de ruido, polvo, explosiones, tránsito pesado y degradación ambiental en uno de los entornos más sensibles de la isla de Gran Canaria, con hasta siete espacios protegidos dentro de la Red Natura 2000.

 

Lo que se prometió como almacenamiento energético eficiente se percibe hoy como una intervención agresiva contra el territorio, con efectos colaterales evidentes: alteración de cauces, aumento del riesgo en episodios de lluvia y una gestión del agua que resulta difícil de justificar. Mientras el agua de lluvia —bien común— se pierde en el mar, se impulsa paralelamente un modelo basado en desaladoras para abastecer la cumbre, con un coste económico y energético elevadísimo que pagamos entre todos.

 

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La pregunta es inevitable: ¿cómo se puede defender este modelo sin dar explicaciones? ¿Cómo se justifica que, en plena crisis climática, se desaprovechen millones de litros de agua natural mientras se encarece artificialmente el acceso al recurso?

 

Pero hay algo aún más grave: el uso sistemático del “interés general” como herramienta para intervenir el territorio. Bajo ese paraguas, se facilita la ocupación de suelo, se imponen infraestructuras y se abre la puerta a un modelo donde el viento y el sol —recursos públicos— acaban en manos de un oligopolio energético. Un modelo en el que las instituciones actúan más como gestores al servicio de grandes empresas que como garantes del bienestar de la ciudadanía.

 

Los resultados están ahí: vecinos aislados, patrimonio natural tensionado, agua desperdiciada y un silencio institucional de Morales y los que le rodean. Once años de gobierno no pueden saldarse con propaganda mientras la realidad se impone con tal crudeza.

 

Lo que ocurre en el barranco de Arguineguín no es un hecho puntual. Es el síntoma de un modelo fracasado con altísimo coste social y ambiental. Y ya no basta con eslóganes ni relatos. Hace falta asumir responsabilidades, dar explicaciones y, sobre todo, rectificar.

 

Porque no hay ecoisla posible si el agua se pierde, el territorio se degrada y los ciudadanos quedan atrás.

 

Julio Cuenca Sanabria

Pedro Hernández Camacho

Salvar Arguineguín - SOS Gran Canaria

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