Microrrelatos. La chaqueta de estameña

Una prenda artesanal que atraviesa generaciones y simboliza el legado familiar entre pastores.

Juana Moreno Molina Lunes, 30 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Ilustración de Juana Moreno MolinaIlustración de Juana Moreno Molina

Mi bisabuela Paula después de la esquila, recogió y lavó los vellones de las ovejas en el barranco y durante aquellos días de caluroso verano los puso a secar en un extremo  del patio, bajo el manzano. Entrado ya el otoño,  cardó e hiló la lana  en la rueca, obteniendo una gran madeja que llevó al telar  de cha Petra en Caideros, a ésta, en pago por el tejido, mi bisabuela  le ofrece un suculento queso y un corderillo. Al poco tiempo tiene entre sus manos un paño tirando a un blanco-beig, que no tarda en convertir  en la chaqueta que tenía en mente hacía ya casi un año desde que su marido, José,  esquiló las ovejas. Se alegró que sobrara para un fajín. 
 
Paula sorprendió a su marido con la chaqueta de estameña el día de San José, fiesta de su barrio. Estaba muy elegante arropado con aquella prenda forrada de lino que prometía inviernos cálidos cuando estuviera por las cumbres con su ganado. Por lo que me cuentan mis padres, mi bisabuelo nunca se quitó esa chaqueta; formaba parte de él ,impregnada del   aroma  del ganado y  los olores del campo: romero, tomillo, salvia…,   y  del tabaco de hoja  que fumaba en cachimba tiñendo de amarillo su canoso bigote. Al morir,  mi abuelo heredó el ganado junto con su chaqueta, la cual había obtenido con el tiempo, un cierto color marrón claro, pero seguía amorosa y confortable, sólo se la quitaba y llevaba sobre los hombros cuando hacía la trashumancia  a la montaña de Amagro, zona más cálida que las Medianías de donde procedía.
 
Cómo había de esperar, mi abuelo falleció  a una edad muy avanzada sentado en el poyo del patio, bajo el manzano, mientras dormitaba una tardecita arropado con su chaqueta de estameña. Mi abuela, entre lloros y ayayais le quita la chaqueta y lo acuesta   llamando a su hijo, a grandes y estranguladas voces, ofreciéndole la prenda con mucha reverencia   cual si fuera un  distintivo de la familia; como un legado…
 
Así fue como mi padre siguió con la tradición de ovejero llevando esta chaqueta que parece incombustible, ahora más oscura de color, pero perfecta, que guarda  los olores familiares de sus antepasados junto con los del campo donde se criaron. A su muerte fue mía, yo también soy ovejero, pero no la uso en mi trabajo; uso prendas modernas, más livianas y aptas para la lluvia que me facilita el trabajo con el ganado, pero la chaqueta de mis antepasados,  que cardó e hiló mi bisabuela, la guardo como un tesoro en una caja de cedro a salvo de polillas, y me la pongo con mucha reverencia cuando voy de romería a Gáldar con el ganado para que Santiago me lo bendiga y a la vez bendiga esta prenda que lleva la esencia de los míos  seguro de que ellos recibirán esta bendición en el Más Allá.
 
Texto e ilustración: Juana Moreno Molina
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