LA BRISA DE LA BAHÍA (275). El librero de Gaza, de Rachid Benzine

La novela de Benzine explora la dignidad y la humanidad que persisten en medio del sufrimiento cotidiano en Gaza, destacando el poder de las palabras y el silencio frente a un conflicto interminable.

Juan Ferrera Gil Lunes, 23 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

Acabo de leer una novela corta, pero no por ello menos trascendente e importante: me ha dejado desmadejado; así me he sentido. Y no precisamente por el conflicto que plantea, del que presumimos conocer: Gaza y su triste realidad; sino, acaso, por la forma de solventar tanta desdicha.

 

En esta ocasión, Rachid Benzine, su autor, ha escrito algo que para nosotros tiene mucho valor: la existencia, el silencio y la cotidianidad que sobreviven en Gaza, zona conflictiva donde la vida no vale nada. Todo ello lo cuenta sin ira y sin desconcierto alguno: Rachid Benzine, El librero de Gaza, Salamandra, Barcelona, 2026. Y se ha centrado el escritor en lo verdaderamente importante: las personas y sus pareceres. En ellos ha trasladado una tristísima realidad que aún hoy lo sigue siendo. Sin embargo, el valor auténtico de las palabras y sus silencios sirven para acentuar otra vuelta de tuerca en un conflicto que no cesa; es más, parece que cada día se encona más hasta decir ¡basta! Lo que ocurre es que nunca es suficiente. Parece que el dolor ha venido para quedarse impregnado en tantas y tantas generaciones. Y así no se puede respirar. Ni cuerpo que lo aguante.

 

Por eso Rachid Benzine ha sabido redactar unas líneas tan precisas y preciosas donde el ser humano es lo relevante. Sí, ya sé que no les digo nada nuevo, pero esta novela me ha dejado con el pensamiento en otro lado. Sus apenas 125 páginas son más que suficientes para expresar lo que el autor crea. ¡Y no necesita más! Y eso está muy bien: no alarga la cuestión planteada y no vocifera más de lo debido. Por eso antes hablamos de novela corta.

 

Otro descubrimiento ha sido el autor: Rachid Benzine, al que desconocía totalmente, se ha mostrado como un hombre preparado que no solo sabe lo que quiere, sino que su manera de sentir se nos antoja única y sincera. Así que me dejé llevar por una recomendación. Y ha sido tan efectiva como “el aire que respiramos trece veces por minuto”. Y muy necesaria. Y creo que, a veces, está bien, muy bien, dar con escritores nuevos: encontrarlos y disfrutarlos es toda una hazaña. Por eso lo recomendamos encarecidamente: su capacidad de sugerir ha servido para que este artículo se sustancie debidamente.

 

Y, en el otro lado, el imperio desde el que se olvidan las señales y los improperios y mentiras que sirven para deshumanizar. Este nuevo lenguaje, vulgar y agresivo, sirve para insuflar determinaciones ultraderechistas donde la cotidianidad se utiliza para ser olvidada y añorada. Y así se suceden los días. Hasta que un librero regala libros a sus ocasionales clientes, perdón, lectores.

 

Es preciso llamar a las cosas por su nombre verdadero: lectores, sí.

 

Juan FERRERA GIL

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