
Desconocemos si escribimos para recordar.
Ni si solo la llevamos a cabo para reinterpretar el pasado, que recurrentemente regresa para sentir que vamos con el pie cambiado. No sabemos qué tiene el escribir, ni siquiera si lo empleamos para verificar otras actuaciones o, en cambio, para optar por una aventura que vibre más allá de nuestras ensoñaciones. En cualquier caso, el escribir tiene el encanto de jugar con las palabras y de soñar con lectores atrevidos, acaso enloquecidos, que dan continuidad y presencia al PHOTOTEX. Sí, es un orgullo pensar que nos leen los anónimos leyentes y que realmente significamos para ellos. Al menos, un poquito.
Aunque no sea más que un sueño.
Juan FERRERA GIL






























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