LA BRISA DE LA BAHÍA (274). Libros

La organización y el traslado de los libros reflejan el paso del tiempo y la evolución personal, mientras la literatura mantiene su presencia viva en cada rincón del hogar.

Juan Ferrera Gil Lunes, 16 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

Los libros marcan sus tiempos. Antes de bajarlos a la estantería del garaje, han ocupado el espacio del Palomar, habitación de la azotea en las que tres módulos se disputan los posibles mejores ejemplares. Al menos, los últimos.

 

Todo ello, es verdad, de acuerdo a un criterio personal que no pretende nada más. No queremos dejar organizado un canon que sirva solo para mostrar. Ni es nuestra intención ni pretende ser nuestro deseo. Solo son los libros que nos han marcado durante una época que ha ido acorde con nuestra existencia. Y se colocan ellos solitos en su lugar. Ocupan espacios libres: aquellos que han sido trasladados al garaje. Y no es que el garaje desmerezca más, no es eso. Solo tenemos en cuenta la falta de espacio. Y creemos que actualmente ese espacio de coches que duermen dentro de la casa ofrece otras posibilidades de almacenamiento de contenidos diversos, donde la Literatura Canaria, por ejemplo, mantiene todo su poder y su fuerza. Total: que ese espacio liberado en el Palomar sirve para ir colocando las nuevas novelas antes de que se trasladen a otros espacios casi definitivos. Y digo casi porque así lo vemos: nada es eterno; y si algunos libros sirven para reciclar pues bienvenidos sean a esa nueva existencia provocada por papeles viejos y amarillentos y manchados. Desconocemos si es por el uso o abuso de sus lecturas en distintas épocas: solo llegamos a aventurar que piden otro mundo, otra existencia, como cuando nosotros trasladamos algunos ejemplares de arriba a abajo indicando otra aventura distinta. No sé si más placentera o no.

 

En cualquier caso, como lo preceptivo es dejar espacio libre, de ahí que hayamos actuado de esa manera. Que no es desmerecer, sino, sencillamente, trasladar. Así que los libros recolocados en lugares nuevos viven una segunda vida que llamará la atención de supuestas y posibles visitas. Es agradable sentir detrás del que escribe el peso y el paso de las palabras, donde distintos estilos y siglos surgen en la espalda como si pesaran. Pero nunca es así: al sentirnos arropados por tantas palabras y líneas de texto, configuran un todo que luce en cada página escrita. Y es agradable, muy agradable, sentir el peso y el paso de la tradición en la que una legión de lectores da vida continua a una existencia que intenta vivir por sí misma. Es una auténtica revelación que brilla por sí sola. Y eso en los tiempos que corren es una buena señal de que la existencia vale la pena. Y LEER también, por supuesto.

 

De todas formas, la librería de la azotea no huele a libros olvidados, sino que han encontrado su disposición a la hora de colocarse. Sí, un misterio tan cotidiano que por esa misma razón los libros tienen vida propia. Y son capaces, además, de organizar no solo su distribución, sino que más allá de la magia se organizan debida y razonadamente. Claro que al darnos cuenta, toca hacer otra distribución, cuando no posibles traslados de varios autores. Todo ha de estar casi previsto. Así que lo intentaremos una vez más.

 

Y que el Señor, o el Destino, o la sencilla Literatura reparta suerte.

 

Juan FERRERA GIL

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