Represas del Pinto (Arucas)La historia agrícola de Arucas no puede comprenderse sin atender a su extraordinaria cultura del agua, forjada a lo largo de generaciones en un territorio donde cada gota ha sido siempre un tesoro. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando el cultivo del plátano comenzó a consolidarse como uno de los principales motores económicos del municipio, se hizo evidente la necesidad de garantizar un suministro constante y regulado. En este contexto nacen las Presas del Pinto, auténticos símbolos del ingenio hidráulico y del esfuerzo colectivo de la sociedad aruquense.
En 1883, un grupo de agricultores elevó una petición a la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas solicitando soluciones ante la escasez de agua que amenazaba sus cosechas. Aquella iniciativa marcó el inicio de un ambicioso proyecto destinado a recoger y almacenar las aguas de lluvia del barranco del Pinto, topónimo que daría nombre a estas emblemáticas construcciones. No se trataba solo de asegurar el riego, sino de sostener el desarrollo económico y social de toda la comarca.
La presa inferior, levantada entre 1899 y 1906, constituye la primera gran obra hidráulica de la etapa moderna en Canarias. Su construcción fue dirigida por el ingeniero aruquense Orencio Hernández Pérez, tomando como base el proyecto redactado en 1867 por Pedro Maffiotte. Esta presa destaca por su imponente muro curvo, construido con sillares de piedra azul cuidadosamente labrados, que le otorgan una poderosa presencia paisajística. Su silueta, sólida y elegante a la vez, se integra armónicamente en el entorno del barranco, evidenciando la maestría técnica y estética de la ingeniería de la época.
Pocos años después, hacia 1902, se acordó la construcción de la segunda infraestructura, conocida como la Presa de Arriba. El proyecto fue elaborado por el ingeniero Manuel Hernández Pérez, completando así un sistema hidráulico pensado para optimizar la recogida y distribución del agua. Ambas presas se complementan, formando un conjunto que permitió regular el caudal, prevenir pérdidas y abastecer eficazmente las fincas agrícolas.
A los lados de sus muros se localizan diversas cantoneras de distribución, elementos fundamentales dentro de la red hidráulica tradicional. Desde estos puntos se repartía el agua siguiendo turnos rigurosamente establecidos, reflejo de una organización comunitaria profundamente arraigada. Junto a las presas, acequias, estanques, lavaderos, molinos y casas de reparto conformaban un entramado que iba mucho más allá de lo técnico: era una auténtica expresión cultural.
Las Presas del Pinto representan, por tanto, mucho más que una obra de ingeniería. Son testimonio de la capacidad de adaptación del pueblo aruquense, de su conocimiento del medio y de la importancia de la cooperación en la gestión de los recursos. En medio del rico patrimonio etnográfico de Arucas, estas construcciones destacan como ejemplo vivo de la llamada “cultura del agua”, donde tradición, trabajo y paisaje se entrelazan.
Hoy en día, su contemplación no solo permite admirar su valor arquitectónico, sino también comprender el papel esencial que desempeñaron en el desarrollo agrícola y económico del municipio. Las Presas del Pinto son memoria de piedra y agua, legado de una época en la que el progreso dependía, literalmente, de saber almacenar el cielo en la tierra.





























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