Educación Infantil

Cuando un niño busca "venganza"

La clave para romper el ciclo de la venganza infantil está en comprender el dolor que hay detrás de la conducta y reconstruir el vínculo desde la empatía y la conexión emocional.

Haridian Suárez Vega Miércoles, 11 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

Hay veces, demasiadas, en las que un pequeño conflicto con tu hijo escala de forma incontrolable. La lucha de poder porque se ponga los calcetines o recoja los zapatos, torna en una mirada desafiante y de repente te suelta algo como...¡¡eres mala, no te quiero!!

 

Otras veces no son palabras, es un manotazo, o rompe algo, o empuja a su hermano...

 

Ufff ...La conducta de tu hijo cuando se desborda no solo te enfada, te duele.

 

Sientes que tu hijo quiere hacer daño a propósito. Y es inevitable plantearte si se está volviendo cruel o si no estamos sabiendo desarrollar su empatía.

 

La culpa, siempre la culpa ¿Qué estoy haciendo mal?

 

Sí, ese comportamiento consigue herirte profundamente.

 

Y la reacción natural cuando alguien nos hiere es atacar… o alejarnos.

 

Así que castigas, gritas, amenazas...en un intento de devolverle el golpe y hacerlo sentir mal por hacer daño.

 

Y otra vez la lucha de poder, otra vez el bucle, otra vez el conflicto escala.

 

A veces somos más parte del problema que de la solución.

 

Pero ¿Cuál es la salida?, ¿Cómo se sale del bucle? ¿Cómo corregimos esa conducta de venganza sin vengarnos?
 

Vamos a analizarlo desde la Disciplina Positiva.

 

Lo primero es, como siempre, no quedarnos en la superficie (el comportamiento) sino mirar qué hay más allá (las necesidades o las creencias).

 

Siguiendo las teorías de Rudolf Dreikurs (uno de los padres de la Disciplina Positiva), la venganza es una de las cuatro "metas equivocadas" (o erróneas) que un niño adopta cuando siente que no pertenece o no es importante en su entorno.

 

Cuando un niño recurre a la venganza, su lógica (inconsciente y errónea) es: "No siento que pertenezca (no me siento visto) y eso me hace sentir herido, rechazado, apartado. Si te hago sentir lo mismo quizás entiendas mi dolor".

 

Si entendemos esto, nuestra mirada cambia.

 

Si no lo entendemos, todo lo que hagamos por corregir ese comportamiento sólo conseguirá que se intensifique y que reafirmemos su creencia (“¿Ves? Tenía razón. Nadie está de mi lado” )

 

Empecemos por entender que nuestro hijo está intentando defenderse de un dolor que no sabe gestionar.

 

Y que nuestro objetivo principal no es ganar una batalla imaginaria.
Es conectar con ese dolor y reconstruir el vínculo.

 

Deja de tirar de la cuerda y prueba esto:

 

  1. No devuelvas el golpe: Es la regla de oro. Si respondes al dolor con más dolor, confirmas su creencia de que herir es la forma de relacionarse. Respira y mantén la calma.

  2. Mira más allá del comportamiento: Olvida por un momento la frase hiriente y pregúntate: "¿Qué le ha dolido tanto para que necesite atacarme así?". El comportamiento es solo el síntoma; el dolor es la causa.

  3. Valida su sentimiento (aunque no su conducta): "Veo que estás muy dolido conmigo y que ahora mismo me quieres hacer daño. Debes de estar pasándolo muy mal". La empatía rompe su esquema y frena la venganza.

  4. Haz un acto de reparación (tú primero): Si te das cuenta de que tú le heriste antes (con un grito o una injusticia), pide perdón. "Siento haberte hablado así antes, creo que eso te ha dolido". Esto le enseña que la vulnerabilidad es más fuerte que la venganza.

  5. Crea momentos de conexión: Un niño que se siente amado y conectado no tiene necesidad de vengarse. Dedica algo de "tiempo especial" exclusivo al día para reconstruir el vínculo.

  6. Fomenta la reparación, no el castigo: En lugar de castigarle, cuando la calma vuelva, pregúntale: "¿Qué podemos hacer ahora para volver a sentirnos cerca el uno del otro?".

  7. Da estrategias para la próxima vez: ¿Qué podrías hacer la próxima vez que te sientas así en lugar de hacer daño?" (dale tú las alternativas si es necesario)

  8. Escucha activa: A veces solo necesitan ser escuchados sin juicios. Permite que exprese su rabia sin interrumpir para corregirle.

 

Recuerda que la venganza es un grito desesperado de conexión.

 

Es la meta de un niño que se siente solo en su dolor. Nuestra labor no es castigar ese dolor, sino ser el puerto seguro donde pueda soltarlo.

 

Cuando dejamos de defendernos de nuestros hijos y empezamos a abrazar su herida, la necesidad de venganza desaparece.

 

Porque cuando alguien se siente verdaderamente amado y comprendido, ya no necesita herir para que vean su dolor.

 

Haridian Suárez

Trabajadora social y Educadora de Disciplina Positiva (@criarconemocion)

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