Ventana folclórica, hoy con el "Canto de la morena" (vídeo)

Esta ancestral melodía, utilizada por los pescadores de Canarias para atraer a la morena, fusiona técnica y ritual en una expresión única del patrimonio sonoro insular.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Martes, 10 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

En la penumbra de la roca volcánica, cuando el mar respira despacio y el viento apenas roza la superficie del agua, una voz rompe el silencio:

Jo, morenita… jooo…”

 

No es una canción cualquiera. Es uno de los cantos de trabajo más singulares del archipiélago: el canto de la morena, una tradición que se sitúa entre la técnica de pesca y el ritual ancestral.

 

Un canto para pescar

 

El canto de la morena se utilizaba en las costas de Canarias para atraer y aletargar a este pez escurridizo y de poderosa mandíbula. No bastaba con lanzar el anzuelo. El pescador debía situarse frente a la grieta donde se escondía la morena y entonar una tonada repetitiva, acompañada de silbos intensos y una entonación marcada, casi hipnótica.

 

Las palabras variaban según la isla, pero en casi todas se repetía la fórmula:

Jo, morenita… jooo”

 

Y también esta variante, cargada de simbolismo marinero:

Ven, morenita pintada,
que viene el macho y te come la carnada.”

 

Aquí la tradición mezcla advertencia, picardía y técnica. La “carnada” (o carná, en el habla popular) alude al cebo —generalmente pulpo— que forma parte esencial de la dieta de la morena.
 

Entre trabajo y rito

 

Aunque se le clasifica como canto de trabajo, su dimensión va más allá de lo funcional. El pescador no solo canta: ejecuta una especie de ceremonia sonora. La voz debe proyectarse con fuerza, acompañada de silbidos que penetran en la oquedad de la roca.

 

La escena posee algo de mágico: el mar golpeando el pedregal, el eco en las cuevas volcánicas y la voz humana estableciendo un diálogo con la naturaleza.

 

Con el tiempo, esta práctica quedó incorporada al patrimonio musical canario. El grupo Los Sabandeños popularizó la composición “El pescador de morenas”, mientras que la agrupación ARTENARA llevó al escenario su obra “El Canto de la Morena”, consolidando así su dimensión artística.
 

Raíces históricas

 

Restos arqueológicos confirman el consumo de morenas en época aborigen. Además, un texto del siglo XVI, “Una relación inédita de las Islas Canarias”, ya menciona que estas se “llaman y pescan silbando”.

 

La tradición era conocida incluso fuera del ámbito insular. El escritor Lope de Vega alude brevemente a este canto en su obra Pastores de Belén, señal de que la práctica había trascendido el archipiélago.

 

Las investigaciones históricas apuntan también a un posible origen mediterráneo, con antecedentes en la antigua Grecia y paralelos más recientes en la isla portuguesa de Madeira. Canarias, puente atlántico de culturas, adaptó y conservó esta tradición dentro de su identidad marinera.

 

 

La morena: fuerza y fascinación

 

La morena, de cuerpo anguiliforme y cabeza alargada, puede alcanzar hasta metro y medio de longitud. Es un pez voraz, de hábitos nocturnos, que habita entre pedregales y escolleras del litoral.

 

En 2007, un estudio publicado en la revista Nature reveló que posee una doble mandíbula interna, mecanismo comparable al popularizado por la criatura de la película Alien, lo que le permite sujetar con firmeza a sus presas.

 

Desde la antigüedad ha despertado fascinación. En tiempos de Julio César era considerada un manjar en Roma, donde se criaba en viveros. El naturalista Plinio el Viejo recoge anécdotas sobre morenas domesticadas y veneradas por sus propietarios, prueba del prestigio que alcanzó este pez en la cultura clásica.

 

En Canarias, más allá del lujo romano, su valor fue siempre práctico y alimentario, formando parte de la dieta tradicional costera.

 

Técnica tradicional

 

Para capturarla se utilizaba un instrumento específico: una caña o palo grueso y hueco por cuyo interior pasaba un alambre terminado en lazo corredizo. A este se sujetaba la carnada, preferiblemente pulpo.

 

Mientras el pescador realizaba movimientos circulares entre las rocas, entonaba el canto una y otra vez. Según la tradición oral, la morena, atraída por la voz, abandonaba su escondite en estado de aletargamiento, atravesaba el lazo y era capturada.

 

Los viejos pescadores afirmaban que sin el canto resultaba casi imposible atraparla, pues su fuerza y dentadura destrozaban anzuelos con facilidad.

 

Patrimonio sonoro del Atlántico

 

El canto de la morena es más que una técnica de pesca: es memoria colectiva, diálogo con el mar y expresión identitaria. Representa una forma ancestral de entender el entorno, donde la voz humana se convierte en herramienta, en rito y en música.

 

Hoy, aunque la práctica casi ha desaparecido, el eco de aquel llamado permanece en el imaginario canario.

 

Porque mientras el Atlántico siga golpeando las piedras volcánicas y alguien recuerde aquel verso antiguo —

Jo, morenita… jooo…”

— el canto de la morena seguirá formando parte del latido cultural de Canarias.

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