El Ayuntamiento de Gáldar va de sobrado

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]En el último pleno del Ayuntamiento de Gáldar se vivió una escena que, más que política municipal, parecía sacada de una comedia de enredo. Durante la votación de una moción, uno de los concejales del grupo de gobierno —absorto en su teléfono móvil— no llegó a tiempo de emitir su voto. Sí, tal cual: el dedo más rápido del pleno no estaba en el botón de votar, sino en la pantalla del móvil.
 
El episodio, que en cualquier institución con un mínimo de rigor habría provocado al menos un gesto de incomodidad, aquí se resolvió entre risas. El mandamás municipal, con ese aire de quien gobierna con mayoría absoluta y autoestima también absoluta, restó importancia al asunto. Entre bromas llegó incluso a ofrecer algún voto extra de otros concejales, como quien reparte caramelos en una cabalgata. Total, votos parece que sobran.
Y ahí está el verdadero chiste.
 
Porque lo ocurrido no es solo una anécdota simpática de pleno municipal. Es un síntoma. Cuando quienes gobiernan empiezan a comportarse como si las votaciones fueran un trámite sin importancia y las responsabilidades un mero decorado, lo que se refleja no es confianza, sino una preocupante sensación de impunidad.
 
La pregunta es inevitable: ¿merece Gáldar este tipo de trato?
 
Hemos llegado a un nivel de endiosamiento bastante peculiar. Concejales de un municipio —muy bonito, con muchísima historia, sí— que parecen haberse creído protagonistas de una superproducción política. Estrellas locales, celebrities institucionales o quizá divinidades administrativas tocadas por la mano de algún dios del Olimpo municipal.
 
Conviene recordarlo de vez en cuando: esto es un pueblo. Un pueblo orgulloso de su historia, de su gente y de su identidad, pero un pueblo al fin y al cabo. Aquí no se gobierna un país, ni se dirige un ministerio, ni se decide el futuro geopolítico del planeta. Se gestiona un municipio. Ni más, ni menos. Y eso, precisamente por eso, debería hacerse con algo más de seriedad.
 
Porque cuando las mayorías se sienten eternas y el poder se confunde con una especie de derecho natural, suele llegar ese momento incómodo en el que la realidad se encarga de poner las cosas en su sitio.
 
Las próximas elecciones, dicen algunos, podrían venir cargadas de sorpresas. Y será interesante ver qué ocurre cuando empiecen a moverse los nombres, cuando ciertas manos dejen de estar tan presentes y cuando llegue el momento de la famosa foto.
 
Ahí es cuando suele pasar lo más curioso en política local: de repente, algunos que siempre estaban muy callados… empiezan a hablar.
 
Guayarmina Guanarteme
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