
Mujer tenías que ser para que desde que nacieras te dijeran que tu papel era el estar en la casa, atendiendo al hombre, facilitándole la vida.
Mujer tenías que ser para que toda tu vida estuviera controlada por el padre o por el marido, sin derecho alguno.
Mujer tenías que ser para que te dijeran que tu inteligencia era mínima, que no podías tener estudios universitarios, que no podías gestionar el dinero que te ganabas, que solo eras una segundona y que tus opiniones no contaban.
Mujer tenías que ser para darte una bofetada, para violarte, para que sepas que tu casa no es segura y que tu puesto de trabajo tampoco lo es y que si te vas de fiesta, te atienes a las consecuencias.
En este ocho de marzo, mujer tenías que ser para salir a la calle, con la cabeza bien alta, con la voz bien firme para gritar que no hay un paso atrás, que se sigue en la lucha y que por muchos ataques que se reciban, no las pararán porque la igualdad es el futuro que todos y todas nos merecemos.
En este ocho de marzo nos unimos a la voz de las mujeres, a esa voz que habla de sueños, que habla de dignidad, que habla de fraternidad.
Esa voz que pone palabras de aliento, palabras de superación, palabras que construyen y no destruyen, palabras que cuidan y palabras que ayudan avanzar.
En este ocho de marzo, mujer tenías que ser. Por Nevenka y muchas más, por ser mujer y sufrir lo que sufrió. La vemos, la creemos como a todas las demás.

































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