“Biogás: ¿energía limpia o amenaza ambiental? El caso de La Atalaya”

Juan Reyes González

[Img #5587]Una planta de biogás cerca de una población puede ofrecer varias ventajas, en tanto que, el biogás es una fuente de energía renovable que puede reducir la dependencia de los combustibles fósiles y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (gases atmosféricos que mantienen la temperatura de la Tierra), y también puede procesar residuos orgánicos, reduciendo el volumen de desechos en vertederos y minimizando el impacto ambiental; además de poder generar empleos locales con la construcción y operación de la planta; y por si esto fuera poco, el material residual resultante del proceso de biogás, se puede utilizar como fertilizante orgánico. Pero, también hay que ver los inconvenientes que plantea; tales como, el hecho de que la planta de biogás, puede generar olores y molestias para los vecinos, ya que no se duda de que puede producir emisiones de gases de efecto invernadero y contaminar el agua y el suelo, si no se gestiona adecuadamente; también puede presentar riesgos de accidentes, como explosiones o fugas de gas y no tener aceptación social y ser rechazada por la comunidad local, debido a preocupaciones sobre el impacto ambiental y la salud que no es poco.

 

Ni que decir tiene, que en Canarias hay varias plantas de biogás; una de ellas, es la planta piloto ubicada en Agüimes, que utiliza residuos ganaderos para producir biogás a través de un sistema de biodigestión anaeróbica, que es un proceso biológico que descompone la materia orgánica, en ausencia de oxígeno, produciendo biogás (metano y dióxido de carbono) y compost (fertilizante natural, llamado “oro negro”). Esta planta tiene una capacidad para procesar los residuos de 500 cerdos y produce biogás, que se utiliza para abastecer la demanda energética de la explotación ganadera. Además, hay proyectos en curso para construir más plantas de biogás en las islas, más concretamente, en Gran Canaria y en Tenerife; que utilizarán residuos de poda, recortes de césped, residuos de plátano y residuos de la industria alimentaria para producir biometano (gas combustible renovable) y compost. También hay empresas que están trabajando en la producción de biogás y biometano en nuestras islas, utilizando residuos orgánicos de hoteles y supermercados.

 

Sin embargo la valoración del funcionamiento de las plantas de biogás en Canarias es un tema controvertido. En el caso de la pretendida planta de biogás en La Atalaya, hay una fuerte oposición ciudadana y también del Ayuntamiento de Gáldar, debido a preocupaciones sobre el impacto ambiental y sanitario. Por una parte, se comenta que el Ayuntamiento de Gáldar, ha presentado alegaciones contra la planta, cuestionando su impacto ambiental, sanitario y territorial; y por otra, la Plataforma Stop Planta de Biogás en La Atalaya, también se opone al proyecto, argumentando supuestamente, que no se ha realizado una evaluación ambiental conjunta y que la planta de biogás, está demasiado cerca de zonas habitadas. Pero es que además, según tengo entendido, la planta de biogás en La Atalaya forma parte de un proyecto más amplio; ya que incluye también una instalación híbrida de cogeneración y eólica, lo que significa que se utilizarán dos fuentes de energía, el biogás que se producirá a partir de residuos orgánicos, que se utilizará para generar electricidad y calor y la energía eólica, que generará electricidad a partir del viento.

 

Resumiendo, lo que busca el proyecto, a mi entender, es aprovechar las ventajas de la energía eólica y la cogeneración a partir de biogás para generar energía renovable de manera eficiente y sostenible. No obstante, el proyecto se encuentra, supuestamente, en fase de tramitación y parece ser que el Ayuntamiento de Gáldar ha tenido sus más y sus menos, con la empresa promotora; y según comentarios, la resolución del conflicto ha pasado a depender de la Justicia; que será entonces, la que decida sobre la legalidad de las autorizaciones y el respeto a los derechos de la población afectada. Si bien, es muy importante destacar que la oposición a la planta de biogás no se debe a la tecnología en sí, sino a la ubicación y la falta de evaluación ambiental conjunta. El Ayuntamiento de Gáldar y la Plataforma apoyan la transición energética, pero exigen que se realicen con garantías ambientales y sanitarias. Y es que está previsto que la planta se ubique cerca de zonas habitadas, lo que genera temores sobre posibles riesgos para la salud y el medio ambiente. La planta estaría a unos 800 metros de un colegio y otras instalaciones deportivas y de ocio, lo que aumenta las preocupaciones sobre la seguridad de los niños y jóvenes. El Ayuntamiento de Gáldar y la Plataforma, denuncian supuestamente, que no se ha permitido la participación efectiva de la comunidad en el proceso de toma de decisiones. La planta generará un flujo constante de camiones con residuos y productos, lo que podría afectar la calidad de vida de los vecinos. El Ayuntamiento de Gáldar denuncia que no se ha realizado una evaluación ambiental integrada para la planta de biogás y la instalación híbrida asociada. En resumen, la oposición a la planta de biogás se debe a preocupaciones legítimas sobre el impacto ambiental y sanitario, así como a la falta de transparencia y participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones.

 

Y para finalizar, entiendo que para corregir los inconvenientes asociados con la planta de biogás en La Atalaya, se requieren, a mi juicio, implementar medidas tales como: Considerar la reubicación de la planta en un lugar más alejado de zonas habitadas y centros educativos; así como realizar una evaluación ambiental integrada que considere el impacto conjunto de la planta de biogás y la instalación híbrida; al igual que Implementar tecnologías avanzadas para minimizar las emisiones de gases y olores; asegurarse de que los residuos se gestionen de manera segura y responsable; involucrar a la comunidad local en el proceso de toma de decisiones y garantizar la transparencia en la información; a la vez que, se implementen medidas para reducir el tráfico y el ruido, como la utilización de vehículos eléctricos o la creación de rutas alternativas; además de, establecer un sistema de monitoreo y supervisión para garantizar el cumplimiento de las normas ambientales y sanitarias.

 

También sería recomendable, realizar estudios de impacto ambiental y sanitario más exhaustivos. Considerar la implementación de tecnologías de tratamiento de gases y olores. Establecer un plan de emergencia para casos de accidentes o incidentes. Garantizar la participación ciudadana en la toma de decisiones y la transparencia en la información. Es importante destacar que la solución a estos inconvenientes requiere un enfoque integral y colaborativo entre las autoridades, la empresa promotora y la comunidad de Guía.

 

Juan Reyes González

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