La historia de la humanidad ha sido la historia de un atropello

Juan Ramón Hernández Valerón.

[Img #32956]Y continúa siéndolo. 

 
Desde que aparecieron en África los primeros homínidos hasta la actualidad, ha llovido mucho. Si nos acercáramos en el tiempo diríamos que desde que los primeros hombres paleolíticos recorrían las llanuras tras la incesante caza de animales hasta que se hicieron recolectores y descubrieran el fuego, transcurrió un larguísimo período de miles de años. Y para que estos nómadas descubrieran la agricultura y se dedicaran a la ganadería, lo cual les hizo sedentarios, también transcurrió un buen periodo de tiempo. 
 
Los varones lamentaron mucho el sedentarismo ya que se les acabó el chiringuito de dejar a la mujer en casa mientras ellos perseguían a todo tipo de fieras, haciendo continuos asaderos lejos de ellas, pasándolo guay con sus bravuconadas, hasta que, hartas de críos, de hacer la comida y atender la casa, ellas lograron apaciguarlos y tenerlos cerca.
 
Está claro que me he dejado llevar por la tontería de tomarme la historia a broma, aunque no dejo de reconocer que dicho enfoque tiene su punto. Pero intentemos ir a donde queríamos. 
 
Lo que en realidad deseaba era extraer algunas conclusiones serias del paso de la Humanidad por este planeta nuestro tan maltratado durante tanto tiempo. Para mí la Historia de la Humanidad es, llana y simplemente, la historia de un atropello. Tal vez me he dejado llevar porque escribo mientras oigo por la radio el bombardeo (selectivo, dicen) de la aviación estadounidense e israelí, dos hermanos gemelos que se confabulan para causar estragos en otros países en nombre de no se sabe bien qué, haciendo la guerra por su cuenta y saltándose todas las leyes internacionales. 
 
Si echamos un vistazo a la Historia, aunque sea a vista de pájaro, observamos que muchos acontecimientos históricos fueron atropellos que se cometieron con total impunidad. Porque no es un hecho reciente como podríamos suponer, sino que ha sido continuo y lo han llevado a cabo las grandes civilizaciones desde la Antigüedad: las matanzas y genocidios a mansalva han sido una constante. Para fundamentar lo que digo, detengámonos un momento en Grecia y Roma. En ambas se cometieron masacres y abusos de poder.
 
En Grecia, a pesar de ser considerada la cuna de la Democracia y de la filosofía occidental, hubo graves atropellos humanitarios. Por ejemplo, los atenienses masacraron a todos los hombres y esclavizaron a mujeres y niños tras el asedio y posterior destrucción de la isla de Milos. Ello no nos debe sorprender porque los prisioneros de guerra, incluidas mujeres y niños, solían ser vendidos como esclavos, que eran la base de la economía griega. Como las mujeres carecían de derechos políticos y estaban bajo la tutela de un varón (no sé si les suena esto), la transgresión de normas sociales o religiosas por parte de ellas podía llevarlas a la pena de muerte. También existía la esclavitud por deuda. Se practicaban las ejecuciones y se aplicaban torturas, como lapidaciones, crucifixiones… Los esclavos eran considerados “propiedad que respira” y sufrían malos tratos, latigazos y forzada servidumbre.
 
En la Roma Antigua no se quedaban cortos en este tema. Hubo atropellos a la dignidad humana, masacres y abusos de poder. Para mantener el Imperio Romano y su expansión se basaron frecuentemente en una serie de actos que hoy consideraríamos auténticos crímenes de guerra. Citaré solo algunos de estos para no cansar mucho al lector: destruyeron la ciudad de Cartago por completo, y a los supervivientes los vendieron como esclavos; masacraron a los lusitanos tras prometerles un tratado si se rendían; incendiaron Roma (se atribuyó a Nerón) provocando una gran catástrofe y se persiguió a los cristianos culpándolos del incendio. Hubo crucifixiones masivas de rebeldes, etc., etc.
 
Si damos un salto de varios siglos nos tropezaremos con la Conquista de América por parte de los españoles y las masacres que llevaron a cabo en esos países. Penetraron a sangre y fuego para evangelizarlos. Casi los exterminaron, pero fue por una buena causa, nos explicaron después en las escuelas. Y así lo creímos durante tantos años, hasta que nos caímos de la parra. 
 
También nos podríamos detener en la historia de Estados Unidos, que cimentó su política expansionista por Norteamérica a lo largo del siglo XIX. Pero esto merece un capítulo aparte que dejaremos para otro día.
 
Y así seguiríamos citando ejemplos donde las masacres, genocidios y violaciones de todo tipo fueron los protagonistas.
 
Entonces no sé yo por qué hoy nos sorprendemos tanto. Los nuevos dictadores cometen las mismas atrocidades que cometieron nuestros antepasados, con la diferencia de que hoy, al vivir en una aldea global, los avances tecnológicos actuales nos informan al segundo de un hecho ocurrido en cualquier parte del mundo. Y aquí radica la gran diferencia con los hechos ocurridos en épocas pasadas.
 
Tal vez, de lo que nos sorprendamos hoy sea que estos hombres poderosos campen a sus anchas por todo el planeta quitando allí y poniendo allá lo que sus mentes destilan y de que lo ejecuten con toda impunidad buscando el aplauso de sus vasallos más cercanos.
 
En definitiva, las bravatas de algunos dirigentes actuales no son nuevas para la Historia (aunque eso no quiere decir que no las condenemos con todas nuestras fuerzas). Tanto las de hoy  como las de ayer son verdaderos atropellos. Lo que pasa es que el tiempo transcurrido sobre los hechos del pasado ha puesto una venda en nuestra mirada y no somos capaces de ver más allá de nuestras narices. Y las cosas que no se ven, que se ignoran, sencillamente no existen.
 
Por lo tanto, y volviendo al principio, si nos dedicáramos a leer la Historia de la Humanidad no como una sucesión de hechos pasados, listado de batallas y de fechas, caeríamos en la cuenta de que toda ella se puede resumir en unas pocas palabras que no ocuparían más de una línea: la Historia de la Humanidad es la historia de un atropello. Lo demás es literatura.
 
Juan Ramón Hernández Valerón
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