Acaso convulsión volcánica en Las Palmas G.C.

Nicolás Guerra Aguiar

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Es casi diaria noticia la especial sensibilización que comienza a manifestarse en nuestras tierras canarias tras los llamados enjambres sísmicos. Estos, así conocidos por los científicos del Plan Especial de Emergencias, se localizan en las Cañadas del Teide, el milenario Echeide (‘monte de fuego’ según el sabio filólogo Francisco Navarro Artiles, majorero de sentimiento y galdense de nacimiento).

 

Si a esto le sumamos la convulsión producida días atrás en el pasillo conocido como Canal de Anaga - Agaete (zona de el Volcán de Enmedio), la intervención y aclaraciones de los profesionales están más que justificadas: la probabilidad de una erupción volcánica no apunta por el momento, aclaran. Y serena al personal: los tales enjambres sólo son detectables por sofisticados sensores. (El pasado lunes Agaete sintió un suave terremoto perceptible por sus vecinos. Tal titula Canarias7.)

 

Canarias, lo sabemos, es tierra volcánica. Tuvimos dos grandes experiencias muy próximas: el Teneguía (1971) y el Tajogaite (2021) en La Palma. Y el Teide (1909) volvió a retumbar y verter al exterior grandes corrientes de lava. A partir de los volcanes Tao y Nuevo del Fuego surgió en Lanzarote (1824) un tercero, el Tinguatón (Instituto Geográfico). Y remontándonos aún más en el tiempo sabemos que en el XVI explosionó también en La Palma el de Tajuya/Tacande.

 

Así pues, estimado lector, Canarias nació desde las profundidades marinas. Y tal parto tiene su correspondiente presencia en distintos autores. Así, Miguel de Unamuno: nuestras Islas surgieron “en poderosa conmoción, en titánica lucha entre Vulcano y Neptuno” (dioses del fuego y del agua, respectivamente). También para el exrector salmantino, Fuerteventura es “ruina de volcán”. Y “Los abruptos acantilados de Tenerife surgieron del mar, alzamientos volcánicos de las entrañas de la tierra”.

 

Citados por Unamuno, este transcribe documentos del siglo XIX: corresponden a Agustín Millares Torres (Historia General de las Islas Canarias) y Saint-Claire Deville. Ambos, respectivamente, se refieren a los momentos iniciales de la formación archipielágica: “Movimientos histéricos en el suelo, detonaciones horribles en los aires” y “Primeramente aparecieron al exterior las traquitas oligoclásticas […] Por último brotaron los mil y un cráteres, cuyos conos cubren el archipiélago”.

 

¿Y qué vínculo hay entre la formación de nuestras Islas, la relativa frecuencia vulcanológica, las multiplicadas sacudidas como las citadas y Las Palmas de GC, hoy aparentemente ajena a violentas aberturas en montañas y tierras, expulsiones de lava, humo, cenizas, picón, rofe, zahorras…? (Por cierto: la voz “caldera” figura en el Diccionario Básico de Canarismos como ‘depresión del terreno en forma circular tras una actividad volcánico-tectónica’). Pues, sí, haylo. Al menos simbólicamente, es decir, por convención social o literaria como cuando Nicolás Estévanez Murphy (1878) escribe “Mi patria no es el mundo / mi patria no es Europa; / mi patria es de un almendro / la dulce, fresca e inolvidable sombra”.

 

La primera convulsión o agitación natural a las conciencias llegó el pasado sábado. Fue el artículo del señor director de Canarias7 en su espacio regular, apertura de la sección Opinión. En él (“El coste de los carnavales”) plantea si se ajusta a razón o seria y rigurosa reflexión el gasto económico palmense de 2026 (casi ocho millones de euros). Pero la ciudad tiene marcadas deficiencias en torno a espacios públicos, impacta la situación socioeconómica de miles de familias cuyas manifiestas tragedias y agonías están a la vista... Y nos deja una interrogación retórica: “¿Se justifica un millón de euros en la actuación de Marc Anthony?”. (Pero no se trata, añado, de eliminar los carnavales, ¡líbreme Acorac de tal disparate!, sino de conjugar con inteligencia, responsabilidad, aptitudes, talento... la diversión y las necesidades básicas: ahí está la madre de la baifa!)

 

Como voy de adulador, lisonjero y pelotilla con el gran jefe (ando tras un cargo muy importante), me permito su cita (a ver si cuela haciéndole la cama) y la foto. La obtuve a horas mañaneras cuando el señor que ocupaba la austera habitación se marchó, quizás a la búsqueda de un cacho de pan, una sonrisa de cualquiera, un simple “buenos días” o, acaso, un huequito protegido e íntimo para evacuar, dar de vientre, defecar o cagar (vocablo este cargado de malsonancia o grosero uso de la lengua según la RAE). Y solo me refiero a la segunda parte de la acción evacuatoria, pues esencias sutiles a la manera de Rubén Darío, fragancias o efluvios ya dominaban y forzaban ventanas y ventanales de viviendas situadas encima. (Por cierto: buscando el soco de cualquier esquina se distinguen a tales horas otros cuerpos humanos también enredados en sí mismos, como si quisieran pasar desapercibidos...)

 

Sí, estimado lector: allí, en ese coqueto pero austero rincón, embellecido por una columna griega o romana en cualquiera de sus variantes (dórica, jónica, corintia) cierra los ojos la misma persona desde días atrás. Pero dormir dormir, desactivar sus sentidos y soñar con los angelitos, realmente no sé si lo consigue. A fin de cuentas su rechazo a todo lo material (colchón, manta, almohada…) lo lleva a dos cartones y dos tablas geometricamente perfiladas y blancas, pureza. Quizás leyó a los clásicos en su juventud, o acaso nació así de austero, como quien nace pelirrojo o castaño. Pero juraría que supo de Esparta, de su gente de estricta formación dura, rigurosa, sobria…

 

Y convulsionan también en esta ciudad tan carnavalera las quejas de quienes deben velar por nosotros ante siniestros, accidentes o percances: los bomberos. Días atrás salieron a la calle, manifestaron su impotencia ante la imposibilidad de cumplir rigurosamente con su trabajo, su acción social, su profesión. La plantilla supera los cincuenta años de edad, pues para ellos también el tiempo camina aceleradamente. Y no se rejuvenece, no hay oposiciones para que entre gente nueva, joven, preparada y capacitada para la natural renovación.

 

Sumémosle a tan compleja situación lo que ellos llaman “gravísimos problemas estructurales”. Y entiéndase como tales la obsolescencia de los camiones, cansados ya por la edad, un conjunto de profesionales totalmente insuficiente… tal como manifiestan a los medios de comunicación. (Hoy pasan siete días de su protesta. Nada he leído como reacción del grupo de gobierno.)

 

Pero desde esta misma semana ya trabajan los políticos responsables en el tema de los próximos carnavales: ¿cambio climático, ciencia ficción, la música? ¿Y por qué no meditan también a la búsqueda de arreglos -no siempre hay soluciones absolutas- ante la problemática social, estética, olfativa, vial… tan pronunciadas en esta ciudad?

 

La señora alcaldesa sentenció en el último pleno: “Ya veremos cómo lo hacemos, pero lo haremos”. Fue pura ficción, fantasía, imaginación o quimera, ¡cachenlamar, coleguilla: se refería al mes carnavalero de 2027, menuda quintá!

 

Nicolás Guerra Aguiar

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