
Cuando las ventanas se convierten en adornos navideños no solo reflejan la existencia de los demás, sino que al mismo tiempo surgen de algunas de ellas las luces del interior, como indicando la vida que se cuece en sus dominios. Por eso la imagen es más que una simple fachada de la Diputación valenciana: es la vida misma en todas sus vertientes que los políticos no suelen tener en cuenta. Más que nada porque viven otros mundos donde sus adversarios son los que opositan eternamente, al menos en esta legislatura.
Juan FERRERA GIL






























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