Todos somos conscientes de que subir a un mirador y sentarnos con los cinco sentidos abiertos al paisaje que nos brinda, nos proporciona un sexto, un séptimo y hasta un octavo sentido extra.
Como peregrinos, acudimos a la llamada para descubrir el tercer camino de los paisajes ocultos de la Capital.
Esos tesoros guardados en la retina que un niño y un chiquillo descubrieron con sus abuelos a través del paisanaje de cada lugar en particular.
El barrio del Zardo se convirtió en el anfitrión de este paseo.
A través de su antigua "Presa de el Zardo", nos abrió su patio interior con preciosas escaleras adoquinadas de innumerables líneas y cruces de caminos y acequias (hoy, tristemente cubiertas y entubadas).
Através de ellas, enlucidas con arcenes de colores verdes, lilas, amarillos, blancos, rosas...palmeras, flores de mayo y algún que otro drago, accederemos a sus balcones, terrazas y azoteas.
Mientras subimos, aparecen al Norte los vecinos barrios de El Zardo, San Lorenzo y sus charcas, El Román y se deslumbran ya, en la península de La Isleta, al fondo, sobre un Atlántico abierto a los Alisios, Las Coloradas, el Vigía, Montaña Pelada y la Cruz del Confital.
Seguimos subiendo y aparece el barrio de El Pintor sobre barranco homónimo y que mas arriba se cruzará con el barranco de Castillejo, conocido como "de las Vacas".
Paso a paso, peldaño a peldaño nos vamos olvidando de la subida y con las vistas, animando.
La llegada al primer balcón, la Cruz de La Palma, nos sorprendió.
Un mirador con vistas al sur y centro de la isla. A nuestros pies, desde este privilegiado balcón, vistas al barrio de La Palma, El Dragonal Alto, La Calzada y su puente, Siete Puertas, La Angostura, Camino de los Olivos y Montaña La Caldereta. Altos del Guiniguada. A lo lejos Tafira, el Jardín Botánico, Bandama, Marzagán y lo que nuestros ojos nos deja descubrir hasta la Cumbre.
Al norte de nuestros pies Tamaraceite, Los Giles, Arucas, con los altos de Riquianez y también su Montaña, El Toscón, Santidad, Almatriche...cumbre, mar. También una privilegiada vista sobre la Capital.
Avanzamos por la cara norte de esta azotea rumbo oeste para apreciar desde lo alto el curso de los barrancos: los conocidos y pateados "de Mascuervo" y "de las Vacas" , en busca de su nacimiento y de paso conocer el camino que transitaban antaño acequeros encargados de mantener las vías acuíferas y los soldados de la milicia Canaria encargada de mantener y guardar la isla de piratas, por ejemplo, holandeses o bereberes. Pero eso es otra historia complementaria.
Por el camino nos encontramos con la línea que separaba los distintos pagos de San Lorenzo y Real de Santa Brígida, guía segura para encontrar el nacimiento del Barranco de las Vacas, que encontraremos a los pies de la Presa de Sintes o Presa de la Umbría.
Tomamos resuello para subir y coronar nuestra última cima: "La Cruz de Siete Puertas" desde la que nos observan un puñado de cabras asombradas por la visita.
Y no engaña su subida al caminante. Apoteósico.
Este Camino es de esos lugares isleños en el que como digo yo:
"Hay que subir a esas Cruces Canarias, a esas azoteas, a esos tejados y balcones de las contemplaciones, que nos permitan una introspección y una reflexión personal para tomar la vida con perspectiva y volver con sabiduría al punto de inicio".
Lo dejo ahí, no me quiero enriscar...
Con el sol poniéndose en el horizonte, los pueblos y barrios comienzan a encender sus luces para mostrarnos en todo su esplendor, el maravilloso paisaje que se nos presenta. Un regalo para la vista de los cansados caminantes de estos balcones y azoteas.
La bajada, muy a pesar nuestro, emprendemos con diligencia.
La noche se acerca, la lluvia amenaza y el viento nuestras velas, llena.
De frente el faro de la isleta, fiel guía de barcos, señala nuestro rumbo, nuestro seguro puerto.
La lluvia y la tenue luz, nos da tiempo de ver otro regalo: la única ventana con la que cuenta Las Palmas de Gran Canaria en sus cercanos montes. Una mirilla con vistas a La Caldereta, Los Lentisco y La Angostura.
Con el faro a la vista y a nuestros pies la última acequia, acompañados de populares cánticos excursionistas regresamos a la luz de la Luna sanos, salvos y secos a nuestro punto final de este "recorrido cabrero".
Texto: Tomás Rodriguez Fajardo
Vídeo: Adolfo Aguiar Suárez
Tema: ATLANTIDA. Camino hacia el sol.
Atlántida Trío
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