
A Gonzalo Celorio (México, 1948) no lo conocía, ni sabía lo que había escrito ni de dónde era. Ahora, leyendo estas memorias deshilvanadas, lo descubro no solo por sus extraordinarios recuerdos, sino por su sinceridad literaria que siempre llega un paso más allá. Se ha propuesto hablar de su tiempo y no solo lo consigue, sino que además se atreve a ordenar ese arsenal de instantes que ha sistematizado claramente. Gonzalo Celorio, Ese montón de espejos rotos, Tusquets Editores, Barcelona, 2025, es la referencia de la obra, que cuenta en el título con unos versos de Jorge Luis Borges. Lo que viene a demostrar su respeto hacia el escritor argentino y ofrece al mismo tiempo toda una declaración de intenciones que se precipitan en las páginas escritas, dando lugar a una taxonomía difícil de entrañar; páginas que salen al encuentro de la memoria donde hace revivir a sus maestros, amigos y familiares que suponen toda una vida. Y no es que cuente maravillas del mundo mundial, sino que desde la cercanía más absoluta no suele dejar títere con cabeza: una vida vivida intensamente, sí.
Gonzalo Celorio dibuja un panorama abierto y respetuoso; si alguien busca chismes y actitudes vergonzantes va aviado, que mire en otro sitio. Porque su manera de contar habla de verdades absolutas, sinceras y ciertas. Así, cuando trata de los boleros y sus diversos representantes hablan de un tiempo que se ha esfumado; sabe mostrar la realidad que vivió entonces, cuando casi todo estaba por hacer. Y nos cuenta sus enamoramientos y sus ídolos. Nostalgia prematura es, acaso, el capítulo que más nos ha gustado, donde da rienda suelta a todo su amor por las canciones y los cantantes que han significado una época. Y no solo se fija en las pequeñas cosas, sino que estas cobran vida para significar que en un tiempo fueron importantes ahora que han cambiado de sitio, como los cuadros y los libros que, aglomerados en cajas, esperan un nuevo destino.
Y en último término el valor de la palabra, preciso y auténtico, que sirve no solo para recordar, sino para dar forma a la casa, por ejemplo, donde durante diecisiete años vivió y escribió lo que a su alrededor se producía. “La muerte de la casa” de las señoritas Carrasco, así acaba el capítulo. Una joya literaria.
Por otro lado, el breve capítulo Literatura Iberoamericana nos ha traído entrañables recuerdos de nombres y obras y al mismo tiempo surge la figura honorable del profesor que tuvimos sobre Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La Laguna (ULL), el doctor Sáinz de Medrano que con su tranquilidad nos regaló todo un complejo arquitectónico de la Literatura que estudiábamos en aquellos años de universitaria formación. Y como una cosa sirve para otra, de ahí el valor de lo literario, Gonzalo Celorio nos ha devuelto miradas que creíamos olvidadas. Por eso nos ha gustado tanto su obra.
Cuando enfilamos la última parte del libro observamos que no solo gana en profundidad, sino que además capítulos como el dedicado a “Mis libros” suponen un abrirse en canal donde la sinceridad adquiere todo su valor. Es Gonzalo Celorio un memorialista nato donde deja huella indeleble de su bien estar y mejor decir y escribir: su memoria es tan fuerte y precisa que nombra a la gente completamente: con nombre y dos apellidos.
Quizás los últimos capítulos tal vez sean los más interesantes. Y no tanto por su llegada a la meta final, sino porque el lector estaba más interesado en cómo cerraba su actuación el autor. En cualquier caso, el libro nos ha encantado y durante las semanas que vivió en nuestras manos e imaginación, México se hizo muy presente. Y eso está bien. Gracias, Gonzalo Celorio: ha sido un auténtico placer conocer tu labor universitaria desarrollada durante años al tiempo que realizas las valoraciones de otros tantos escritores de las dos orillas.
Ese montón de espejos rotos sustancian los recuerdos de una vida. Que no es poco.
Juan FERRERA GIL






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152