Una vez más, Donald Trump ordenó matar

Domingo Sanz

[Img #37163]Estoy terminando “El 23F que me tocó vivir y los dos MASUFAS” y tengo también medio pensado el primer párrafo de “Sánchez con Cercas mucho mejor que Felipe VI con Calvo” cuando, de repente, regresan imágenes de bombardeos que, cuando los ordena Trump y no sé si a usted le ocurre lo mismo, aunque tenga en silencio el ruido de lo que está enseñando la pantalla, escucho las explosiones y los gritos de dolor de unas víctimas que me imagino, pues se habla muy poco de ellas cuando es Trump quien ordena matar, aunque, no me duelen prendas, esta vez sí que he visto algún titular con decenas de niñas asesinadas, una tragedia que, por sí sola, habría justificado la condena inmediata y sin paliativos de una Ursula Von der Leyen que sí tuvo la suerte de alcanzar la mayoría de edad.

 

Quizás el mensaje de Rufián preguntando si las 80 niñas asesinadas estaban enriqueciendo uranio sirva para que más de una y de uno piensen que también les puede pasar a sus hijas y a sus hijos.

 

Más preguntas: ¿Se sabe ya el número exacto de venezolanos y cubanos que fueron asesinados, a las órdenes de Trump, por supuesto, durante el secuestro de Maduro? ¿Ha visto alguien sus fotos sin tener que buscarlas? ¿Y las de sus seres queridos destrozados por la tristeza?

 

Lo reconozco, cuando hay víctimas inocentes me da casi vergüenza hablar de dinero, pero soy de los que piensan que Trump tiene dos objetivos: dominar Europa y destruirla, y que nos está concediendo una prórroga para que sea lo primero lo que nos “suceda” primero.

 

Por eso, estos nuevos asesinatos ordenados por Trump, para los que está contando con la complicidad activa del genocida Netanyahu que no duerme tranquilo desde que tuvo que reducir en más de un 90% el número de asesinados diarios en Gaza gracias a la Flotilla (por si las dudas, consultar las cifras antes y después), tienen como principal objetivo debilitar aún más a unos mandatarios de este lado del Atlántico que ya no saben qué inventar para que olvidemos las muchas maldades disfrazadas de errores que han cometido desde que el amigo de un tal Epstein regresó a la Casa Blanca. 

 

¿Qué me importan las vidas de 80 niñas, o de 80.000, si consigo que el petróleo suba únicamente en Europa, donde millones de imbéciles culparán a sus gobiernos del precio de la gasolina votando a mis títeres en las elecciones que se irán celebrando en sus cultas democracias?

 

Si, esta es la pregunta retórica que Trump construye en su cabeza mientras ríe por dentro, y quizás también por fuera, tras golpear una bola más en ese Mar-a-Lago desde donde, mientras descansa bebiendo, señala en un mapamundi el país en el que ordenará cometer los próximos asesinatos.

 

(Tengo que llamar a Elon para que dispare el precio de sus coches en Europa porque, sí sigue vendiendo muchos, la subida de la gasolina no tendrá las consecuencias políticas que me interesan) también se estará diciendo mientras abre un paréntesis entre bola y bola el matón más mundial de todos porque sabe que podríamos ser como él, pero hemos decidido no serlo, aunque sepamos que no existe el Infierno.

 

Si cuando Hitler hubiera existido Internet, lo más probable es que la única inteligencia que seguiría funcionando en todo el mundo sería la artificial, y puede que unos cuantos arbustos, resistentes a cualquier intemperie, fueran el único rastro de vida que quedaría sobre la faz de nuestro planeta. Por tanto, la principal duda que nos falta por resolver ahora es la cantidad de parecido que pueda existir entre aquel genocida y un Trump que siempre tendrá a su favor al Elon Musk capaz de hacer el saludo nazi ante miles de millones.

 

La vida es lo principal y vuelvo a preguntarme cómo es posible que no nos demos cuenta que siempre mueren menos personas en una guerra local que en una internacional, y no digamos si nos embarcamos en una mundial. Si los venezolanos o los iraníes tienen problemas con sus gobiernos, que se organicen y los resuelvan, porque mucho peor será el resultado de una intervención extranjera, que nunca se sabe cómo puede terminar, y es en momentos como este cuando no podemos evitar el recuerdo de uno o varios ejércitos exteriores que no intervinieron en cierta guerra civil, pero debieron hacerlo, pues habrían respondido a la de otros ejércitos, también ajenos, que estaba ayudando de manera cruel y decisiva al bando golpista. Para qué seguir con los detalles, pues usted sabe que con su inacción en el 36 se convirtieron en cómplices, por omisión, de unos nazis que a partir del 39 asesinaron a millones de inocentes de sus propios pueblos. 

 

Pensando en los poderes que dominan el mundo, siento en ocasiones que cuando no asesinan, son cobardes y, en el mejor de los casos, se confunden.

 

Regreso al principio para ir terminando. Además de los dos borradores que espero terminar algún día, con permiso de Trump, para este finde tenía unas encuestas en papel para pasar a la Excel y también preparar el dossier de un asunto que se remonta a las elecciones del 20D de 2015 pero que para mí sigue bajo sospecha y que implicaría, presuntamente, por supuesto, a ese ex ministro llamado Fernández Díaz y que, por fin, pronto será juzgado. Y no sé cuántas cosas más en una agenda que dejo de cumplir casi todos los días desde que Trump regresó a la Casa Blanca tras amenazar a su propio electorado con un nuevo Capitolio si no le entregaban su confianza, ciega por supuesto, en las urnas de noviembre del 24.

 

Entonces pienso que en todo el mundo debe haber cientos de miles de personas con agendas parecidas a la mía y a quienes Trump les gusta tanto como a mí, es decir, menos que nada, por lo que deduzco que, a muchas de ellas, los excesos criminales con los que tanto disfruta él les provocan la misma desazón y consiguen lo mismo: agarrotar por un tiempo nuestros cerebros, el suficiente para que en este “campo de batalla” potencial en el que está convirtiendo a todos los países del mundo, su “ejército” mundial de admiradores consiga conquistar nuevas posiciones. Sí, me refiero a los neofascistas que tanto proliferan y que declaran que harían “lo mismo” que él y a quienes, por tanto, les gustaría que Trump repitiera en sus países incursiones asesinas como las que ha ordenado contra Venezuela e Irán con menos de 60 días de diferencia.

 

Ahora que termino, siento ganas de borrar todo lo que usted acaba de leer, no vaya a ser que lo vea también alguno de esos patriotas de boquilla entregados a Trump para ver si les financia sus campañas electorales y consiguen ganar las próximas elecciones para quedarse con todo y después destruir esas urnas que, en ocasiones, dan disgustos, incluso a quienes se los tienen más que merecidos.

 

“Ese cabronazo de Trump ha decidido morir matando, pues la sangre de sus víctimas le hace disfrutar y sabe que fabricar cualquier otro placer exige mucho más tiempo, y más a su edad”, escucho que dice uno en un pub de Washington mientras lanza dardos contra una diana que dibuja la cara del mismo que acaba de salir por la tele recordando, de nuevo, lo de Groenlandia, para que nadie pueda acusarle de atacar por la espalda.

 

Quizás mañana consiga yo terminar los dos artículos que tenía empezados y así “derrotar” a Trump en la intimidad, pues estoy convencido que con sus excesos también busca que aplacemos las acciones para mejorar la calidad de nuestras democracias, una lucha que practicamos empleando la libertad de expresión para denunciar también a quienes, como a él le gustaría ser con todas las de la peor ley, disfrutan del privilegio que les permite cometer delitos con total impunidad en reinos que vienen de un pasado terrible pero donde él todavía no manda.

 

Por mi parte, hoy he decidido no afeitarme la barba, que no es de un día, y tampoco me ducharé, que tanto esfuerzo no merece la pena si de lo que se trata es de parecer más guapo tras morir asesinado. 

 

Domingo Sanz

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.