Preguntas a las cuales no pude responder…
![[Img #37136]](https://infonortedigital.com/upload/images/02_2026/1445_esclavos.jpg)
Hay situaciones externas, mi estimado lector, de las cuales uno aprende. Anónimos ciudadanos, sin proponérselo, se convierten en informantes para quien, involuntariamente, es receptor de conversaciones ajenas cuando el azar lo coloca físicamente muy cerca de ellos. Volvió a sucederme.
Fue como por un casual: saboreaba en amistosa soledad (‘carencia voluntaria de compañía’) el buchito cafetil cuando un señor llegó a la cafetería, se dirigió a dos conocidos suyos, se sentó e, inmediatamente, tomó la palabra. Dijo que llegaba muy molesto de un centro sociosanitario público donde sus padres estaban internados y que no había derecho a ciertos abusos. Añadió: “¿Podría alguien explicarme por qué debo pagar trescientos cincuenta euros por mis padres si a cualquier extranjero que llega en patera lo atienden gratis total sin haber pagado un duro al Estado y después le dan cama, techo e incluso una paguita para ir tirando?”.
Lo sospeché de inmediato: quizás iba a ampliar un tema de contenido social, si no original sí al menos muy importante e interesante. Acerté. La disconformidad con una situación, para él injusta, era manifiesta. Los cientos de euros mensuales y el supuesto comportamiento preferente o no igualitario de la Administración con algunos extranjeros, insistía, le afectaban personal y familiarmente: “¡Primero los emigrantes y después los canarios!”, repetía con vehemencia.
Obviamente, me limité a ser simple escuchante, oyente atento… y en el más sepulcral de los silencios. Ni tan siquiera se me ocurrió, por supuesto, mantener fija la mirada en el grupo, no parecía lo procedente, lo prudente. No era, pues, el momento para intervenir. Ante tal situación (local público) terminé la ingesta del buchito cafetil, saludé al camarero y me marché. (Por cierto: no hubo “contesta”, voz presente en Cuba, Panamá, Venezuela, Gáldar...)
No me fui a solas: llevaba conmigo la experiencia inmediata. E hice presente el recuerdo de otras situaciones muy parecidas también captadas en ajenas conversaciones (guagüeras, callejeras…). Por tal razón meses atrás había preguntado a una persona rigurosamente fiable sobre el cobro denunciado. Su respuesta fue concisa: sí, alguien debe abonar un tanto por ciento. Pero ese “alguien” es el residente, a quien de su paga mensual se le deduce el importe (en este caso, 175 euros por persona).
Y repasé de memoria mis argumentos silenciados: el migrante (salvo excepciones) viene de un país pobre; busca mejores condiciones de vida; quizás sea un perseguido político; miles de nuestros paisanos se refugiaron en países americanos desde siglos atrás, huían del hambre. Incluso, tras la Guerra Civil española, centenares de isleños embarcaron en miserables barquichuelos para salvar el pellejo. O para romper el yugo de la esclavitud a la cual fueron sometidos por el caciquismo, la barbarie de los vencedores. O simplemente por un natural principio de supervivencia.
Añadí para mi: ¿cuántos canarios están hoy en cualquier parte de nuestra universal geografía con la aceptación de los nativos y un trabajo consolidado, nuevos vecinos y segundos paisanos? ¿Cuántos hicieron fortuna en África, empresas regentadas por isleños hasta 1975 y de las cuales oí hablar en Smara, a doscientos veinte kilómetros de El Aaiún?
Tomé respiro y continué mi silencioso soliloquio: ¿qué fue inicialmente la fiesta palmera de los indianos -surgida a finales del siglo XIX- sino la ostentación pública de quienes, enriquecidos, regresaban a su Isla con la pella iniciada y engordada en la tierra antillana y caribeña del poeta Nicolás Guillén? Sí, elegantes trajes, vistosas pamelas, relojes varoniles colgados de cadenas áureas... (Por cierto: ¿cómo vestiría “La Negra Tomasa”?)
La cubana es la misma geografía a la cual empresas catalanas surtieron durante muchos siglos de mano negra africana, esclavizada para trabajar las tierras de la burguesía barcelonesa, tarraconense, leridana, gironana (“El sol despertó temprano, / y encontró al negro descalzo, / desnudo el cuerpo llagado, / sobre el campo. / Látigo, / sudor y látigo, / tinto en la sangre del amo, / látigo, / sudor y látigo”).
Y yo pregunté: ¿por qué está tan arraigada entre los insulares la denuncia arriba expuesta por un ciudadano, quizás basada en incompleta información? Vista la complicada situación política en que se encuentra el Gobierno español; sentidas a flor de piel las disputas de intereses personales y los aparentes desajustes entre la “izquierda a la izquierda”; constatados los errores tácticos de psocialistas, podemistas y sumaristas y los intereses políticos de quienes vituperan contra “la plaga que se extiende aceleradamente”, hay una verdad incuestionable tras las dos últimas elecciones autonómicas (Extremadura, Aragón): el avance de quienes hablan contra la entrada de migrantes y la españolización de medio millón camina, aumenta, se consolida.
Y a la par rasga al centroderechismo tradicional del Partido Popular. Este echa por tierra naturales planteamientos ideológicos y acelera hacia posicionamientos de extremaderecha y extremadura ajenos a su respetable ideario, el que corresponde a la derecha conservadora, la europea y liberal (libertad individual y social, iniciativa privada). ¿Por qué, si no, este cambio tan riguroso, aparentemente extraño, que obliga al PP a exhibir públicamente su identificación -por ejemplo- con el partido del señor Abascal en el tema del feminismo (léase correctamente: antifeminismo)? ¿Desde cuándo la agrupación del señor Feijóo se hermanó en sentimientos y comportamientos ajenos para reclamar la prohibición en sitios públicos del burka y el niqab, vestimentas cubridoras de todo el cuerpo femenino musulmán o solo deja al descubierto los ojos, respectivamente? ¿Por qué no cuando gobernó el señor Rajoy (2011- 2018)?
Pues bien, lector. ¿Se plantea la izquierda española (decenas de partidos, plataformas, asociaciones, cofradías, entidades...) a qué se debe el llamativo avance en votos de un pensamiento ultraconservador (legítimo) entre miles de ciudadanos de a pie, tradicionales votantes de la izquierda? ¿Por qué también se radicalizan recién licenciados, profesionales jóvenes... cuya frustración lleva a titulares (CANARIAS7) como el del pasado miércoles/18 (”Fuga de cerebros: 2 de cada 3 jóvenes talentos canarios se marcha fuera en busca de mejores oportunidades”), reportaje de Javier Sheng Pang Blanco?
Si acaso los interesados políticos (¿prisas, ausencia de serena dosificación, manifiestas torpezas, aislamiento social?) leyeran las decenas de comentarios enviados por los lectores, quizás descubrirían algo de lo que piensa la calle. Transcribo solo algunos, claro: “El problema es que en las islas no hay industrias, solo turismo y servicios”; “A estos políticos no los voto, no los legitimo”; “Sueldos entre 1000 y 1600, pisos en alquiler 800-1400, carrito de la compra 300 euros”; “Simplemente aquí no hay trabajos para ellos, y los poco que lo consiguen es a sueldos miserables”; “No se van, los obligan a marcharse, solo quieren sector servicios”…
La izquierda ya no baja a la calle, “calle ausente todavía” (Agustín Millares).
Nicolás Guerra Aguiar






























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