Educación infantil

¿Quién manda aquí?

Cómo transformar la lucha de poder con tu hijo en una oportunidad para crecer juntos

Haridian Suárez Vega Miércoles, 25 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

Tu hijo te desafía, te dice “no” a cada instrucción, desobedece, intenta controlarlo todo, siempre quiere tener la última palabra...¿Te suena?

 

Probablemente sientas que vives en una lucha de poder constante, y eso es agotador.

 

Normalmente los adultos nos centramos en corregir y controlar ese “mal” comportamiento, y entramos en su lucha a ver quién gana. Un bucle agotador e ineficaz.

 

Rudolf Dreikurs (Psiquiatra y educador austríaco que sentó las bases de lo que hoy conocemos como Disciplina Positiva) sentenció que ese comportamiento desafiante solo es, en realidad, la punta del iceberg. Bajo él, se esconden creencias y necesidades que, si no sabemos detectar, seguirán resurgiendo en forma de conflicto.

 

En otras ocasiones hemos explicado que todo niño necesita pertenecer (sentirse visto) y contribuir (sentirse útil y valorado). Cuando un niño no siente cubiertas estas necesidades básicas, y no sabe cómo cubrirlas de forma positiva, desarrolla una creencia errónea.

 

En el caso del Poder Mal Dirigido, el niño cree: "Solo tengo tu atención (me siento visto) cuando soy yo quien manda, cuando demuestro que nadie puede mandarme, o cuando te mantengo en una lucha de poder constante".

 

Por eso el niño desafía, desobedece, quiere tener el control, discute o ignora tus peticiones.

 

Su objetivo (inconsciente) es sentir que tiene voz y que se le tiene en cuenta (y esta es la forma que ha encontrado para conseguirlo).

 

Evidentemente esa actitud, a nosotros como adultos (que tampoco nos gusta perder el control) nos hace sentir amenazados, desafiados, provocados o derrotados. Por eso reaccionamos forzándole a obedecer (“Aquí se hace lo que yo digo”), entrando en una discusión interminable para "ganar" el pulso o cediendo para evitar un nuevo conflicto.

 

Pero si luchamos, el niño escala en su rebeldía y desafía con más fuerza. Si cedemos, confirmamos su creencia de que solo el poder le da seguridad.

 

En ambos casos, la distancia emocional crece, y el conflicto también.

 

¿Cómo podemos darle la vuelta? (Estrategias de Disciplina Positiva)

 

En lugar de luchar por el control, el secreto está en enseñarle a usarlo de forma constructiva:

 

  1. Involucra en lugar de ordenar: El cerebro se cierra ante una orden y se abre ante una pregunta. En lugar de decir "recoge eso", prueba con "¿qué necesitamos hacer para que el salón esté listo para la película?".

  2. Ofrece opciones limitadas: "¿Prefieres ponerte el pijama ahora o después de lavarte los dientes?". Das poder de decisión dentro de tus límites.

  3. Busca ayuda real (Contribución): Dale responsabilidades donde su poder sea positivo: "Necesito que tú seas el encargado de revisar que todas las luces estén apagadas antes de salir". Cuando un niño se siente útil, deja de necesitar luchar por eso.

  4. Decide qué vas a hacer tú: Evita la pelea de palabras. "Cariño, yo solo leeré el cuento cuando estemos metidos en la cama". Pon el límite con amabilidad y firmeza, sin entrar en la discusión.

  5. Poner palabras a su necesidad de autonomía: Valida su deseo de mando. "Veo que te gusta decidir por ti mismo y eso es una gran cualidad, ¿cómo podemos usarla para solucionar este problema?".

  6. Busca acuerdos en momentos de calma: En pleno pulso de poder, nadie aprende. Retírate, respira y dile: "Ahora mismo estamos muy enfadados para llegar a un acuerdo. Hablamos cuando estemos calmados".

  7. Fomenta las reuniones familiares: Deja que participe en la creación de las normas de casa. Si él ayuda a poner las reglas, sentirá que el poder está compartido y tendrá más interés en cumplirlas.


 

Nuestra meta como padres (y entrenadores de vida) no es vencer a nuestros hijos, no es controlar sus comportamientos ni castigar sus acciones. Nuestra meta es descubrir qué necesidades hay detrás de esos comportamientos para cubrirlas y que puedan desarrollarse de una forma sana (para él y para su entorno).

 

Porque cuando tu hijo lucha por el poder, en realidad, está pidiendo a gritos sentirse capaz e influyente.

 

Y cuando dejamos de luchar por ver "quién manda" y empezamos a buscar formas de redirigir su fuerza de forma positiva, el clima en casa cambia. Porque ya no necesitará desafiar para demostrar que existe.

 

Haridian Suárez

Trabajadora social y Educadora de Disciplina Positiva (@criarconemocion)

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