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Esa casa de ensueño está en el Barranco del Álamo, yendo de Teror para Arbejales, y, sobre todo la parte principal, la que parece a dos aguas por la hierba acumulada, me recuerda a una habitación que hay en mi casa de Ingenio, donde nací hace ya una “porriada” de años. Ahora está reformada y es una gran sala de estar, muy moderna ella,
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… (aunque las paredes siguen siendo un metro de anchas, y más desde que, para emparejarla, han puesto una fila de bloques de seis centímetros), pero entonces era la alcoba donde, en dos camas grandes de colchones de paja, dormíamos los seis hijos varones que tuvieron nuestros padres, yo incluido.
Me acuerdo perfectamente de que, a las tantas de la noche, me despertaba porque no ya no quedaba paja bajo mi parte del colchón y estaba durmiendo sobre tablas, y entonces inflaba el cacho que me tocaba, haciendo que el hermano que estaba a mi lado refunfuñara, y volvía a meterme en la cama temblando de frío en las noches de invierno.
El dormitorio estaba en un lado de la habitación, pues un toldo de tela de sacos, albeado, dividía el recinto en dos y la otra parte funcionaba como recibidor, con sillones que mi padre había reciclado de varios coches. Un poste, encajado a una viga que recorría el techado de lado a lado, sostenía el peso de la parte cubierta de la casa, y se decía, en plan leyenda, que debajo de aquella columna había un tesoro. Años más tarde, todos alrededor de aquel puntal, lo quitamos pues no servía para nada, y no encontramos ni una perra chica. ¡Qué desilusión!
Nosotros le decíamos la casa vieja a esa habitación porque sabíamos que tenía más de doscientos años. Un patio lleno de plantas daba a ella, escalonado por estanterías que subían y como el techado era a dos aguas se encontraba con el patio de una tía de mi madre.
Recuerdo que mi hermano mayor, que me llevaba diez años y medio, al cumplir los dieciocho se fue a trabajar de soldador en una plataforma petrolífera de Mauritania, de donde trajo un camaleón a mi hermano menor, que tenía tres añitos, pero éste se asustó al verlo, pues era feo como un diablo, y se puso a gritar y a llorar que no lo quería.
Y entonces me tocó a mí, que me encantan los reptiles, exceptuando los cocodrilos, y estuve presumiendo de camaleón hasta en la escuela, a donde lo llevaba en mi maletín, en la punta de arriba, porque nadie lo quería en mi casa. A mi madre y a mi hermana les daba miedo y no les gustaba verlo entre las plantas, porque podía envenenarse comiendo filodendros o crotones, muy venenosas para esos bichos, y mi padre amenazaba con darle un pisotón.
Cuando mejor se lo pasaba el camaleón, al que tuve durante dos meses, era cuando lo llevaba al chiquero de las cochinas, donde las moscas campaban por sus fueros. Él sacaba la lengua, larga como un día sin pan, y arramblaba por cien insectos de aquellos de un lengüetazo. Allí se hacía el agosto. Recuerdo que una vez se puso malo porque se comió más de quinientas moscas y que se retorció como un alambre hasta que echó para afuera todo lo que había ingerido.
De varios zapatazos lo mató la tía de mi madre, la muy bruta, porque le daba pánico cualquier tipo de reptil.
-¡El legarto! ¡El legarto! –gritaba, después de decir mi nombre, para que fuera a buscarlo, pues, en un despiste mío, se había subido por las plantas y llegado al tejado que daba al patio de la casa de ella. Yo no oí sus gritos y cuando fui a por él ya estaba muerto y aplastado.
De pensamiento traté de pelleja y cabrona a la tía de mi madre y hasta le deseé que le diera una enfermedad que la tuviera varios días en cama, cuando vi al pobre camaleón que mi hermano había traído de Mauritania en el suelo, con la marca del zapato en su cuerpo escachado.
Y entonces lo imaginé reptando hacia el tejado de la casa vieja, con su lento caminar, con su inmensa lengua, y al ver la casa tan bonita del Barranco del Álamo, yendo de Teror a Arbejales, también lo vi sobre el techo verde deslizándose poco a poco por él hasta llegar a uno de los árboles para cazar moscas.
Texto: Quico Espino
Fotografías: Ignacio A. Roque Lugo y Fedra Rodríguez Espino
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