Microrrelatos. Carta desde la Habana

Un emigrante canario relata sus vivencias y añoranzas en Cuba mientras trabaja para asegurar el futuro de su familia.

Juana Moreno Molina Lunes, 23 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:
Ilustración de Juana Moreno MolinaIlustración de Juana Moreno Molina

La Habana a 20 de junio de 1930

Querida Pino, espero que al recibo de la presente te encuentres bien junto con el resto de la familia. Yo, gracias a Dios, voy saliendo adelante  en esta tierra a la  que no llego a acostumbrarme por el calor tan grande y por la añoranza de la mía. Hace apenas un mes que llegué, y no quiero recordar las fatigas que pasamos en aquel barco donde íbamos hacinados muchos canarios y  los miedos  y angustias que nos ocasionó del tremendo temporal del mar dejándonos  a todos muy estropeados, pero gracias a Dios llegamos al puerto de la Habana el 30 de  mayo.
 
Estoy por la zona de Pinar del Río, trabajando en el campo recolectando mangos y aguacates. Es una finca inmensa, propiedad de un yanqui, me pagan bien y puedo comer toda la fruta que quiera. Me quedo en unos boios de techo de paja y duermo en un chinchorro. Hay un río cerca donde puedo bañarme y si no fuera por el calor y la magua que me invade cuando los recuerdo no lo paso mal. Entre mis compañeros hay varios canarios de la Gomera y Tenerife. Somos veinte trabajadores. La zafra dura unos meses y luego buscaré la forma de encontrar otro trabajo, por lo que voy ahorrando la platita que me pagan, ya que apenas tengo gastos, para ir enviándote y guardes para la compra  del terreno en la Hoyeta, que es una buena zona plataneras.
 
Escríbeme y cuenta como vas con el embarazo; no dejo de pensar en ello desde que me dijiste la buena nueva cuando estaba para embarcar; casi me quedo en tierra. ¡Vamos  a ser padres de nuevo a nuestra edad! Ahora tengo más ahínco por juntar dinero por otro hijo más y espero que antes de un año regrese a la añorada tierra y conocerlo. Si es niño ponle mi nombre, si es niña el que tu quieras. Te ruego que evites los trabajos pesados, para ello ya tienes a Julián y Juanillo que  ya son capaces de cargar una cesta  de estiércol, pero que no dejen la escuela; a las niñas tenlas recogiditas en casa y que te ayuden en las tareas y  a ser buenas esposas el día de mañana.
 
Cuéntame cómo te encuentras y si me extrañas como yo, también cómo están tus viejos y si las Fiestas de Santiago fueron buenas este año y si hay esperanzas de que llueva  para poder  plantar las papas y el millo. Te encargo que no vendas el becerro si la vaca pare.
 
Conocí a un paisano, de Arucas, y pronto nos hicimos amigos; trabaja en una fábrica de tabaco y partirá en octubre para Canarias, después de estar dos años en esta tierra aperriando. Con él te mandaré los ahorros de este poco tiempo: su nombre es Tomás G., que da la casualidad que es cuñado de mi primo Alberto, el de la Era.
 
Me despido con un fuerte abrazo deseando que recibas pronto esta carta y me contestes por medio de tu hermano, que ya sé que no se te da escribir. 
 
Tu esposo Rafael
 
Texto e ilustración: Juana Moreno Molina
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