Si de verdad queremos parar a Vox

José Miguel Martín

[Img #27562]La reflexión que hoy quiero compartir con ustedes no es de aplicación al País Canario. Nuestro mapa político responde a unas coordenadas propias, entre las que la más determinante es la existencia del espacio político canarista, que invalidan de facto lo que yo pueda decir en adelante en cuanto a su puesta en práctica en Canarias. Tampoco me referiré a aquellas comunidades autónomas con partidos políticos nacionalistas potentes, que ya actúan como cortafuegos para la ultraderecha española. Busco poner sobre la mesa la que considero la propuesta más eficaz (no la más viable ni la más probable) para detener el avance de de Vox y hacerlo retroceder; también, en la medida de lo posible, provocar un efecto similar en el Partido Popular.
 
No estoy pensando en apoyar a tal o cual sigla, facción o líder en la lucha por la hegemonía del espacio político a la izquierda del PSOE, algo que me interesa bien poco. Todavía menos me interesa el oportunismo de quien ve aquí una posibilidad, seguramente la última, de prolongar su vida política o la de su agonizante proyecto. No engañan a nadie. Los próximos meses nos depararán muchas ocasiones para ver el ejercicio del “narcisismo de las pequeñas diferencias” en su apogeo. Mi intención no puede ser más dispar. Este artículo intenta armar una táctica plausible para que Vox pierda una buena cantidad de diputados, deje de ganar otros muchos e imposibilite un gobierno de las derechas para la próxima legislatura. No es el bálsamo de Fierabrás. Es solo una modesta aportación en forma propuesta táctica dirigida a un objetivo concreto, que no es poco.
 
Sentado el punto de partida de mi propuesta, delimitaré el alcance de la misma: las próximas elecciones generales, sean cuando sean, en unas determinadas circunscripciones electorales.
 
Dichas circunscripciones serían fundamentalmente aquellas siete que eligen cinco diputados y donde Vox obtuvo el último escaño en disputa: Valladolid, Cantabria, Ciudad Real, Jaen, Castellón, Huelva y Badajoz. También Guadalajara, que solo elige tres diputados pero donde la fuerza ultra obtuvo un escaño. Por la naturaleza misma de la propuesta y por lo que apuntan todos los sondeos conocidos, creo que debe ser extensiva a provincias donde eligen cuatro diputados (León y Salamanca); tres diputados (Palencia, Zamora, Ávila, Huesca, Teruel y Cuenca); dos diputados (Segovia y Soria) y hasta las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla (uno/a cada una). En todas estas circunscripciones, el voto a la izquierda del PSOE, con cualquier sigla, se fue directamente a la basura. Hay que evitar a toda costa que esto vuelva a suceder. En total, hay setenta escaños en liza, de los que ninguno debe caer en manos de la ultraderecha si se juega esta partida con inteligencia, visión estratégica y generosidad.
 
No creo que sea demasiado útil para esto que voy a proponer teorizar sobre si el PSOE es o no un partido de izquierdas, si sus políticas son más o menos progresistas. Esa es una batalla del día a día, en la que la sociedad civil siempre debe presionar de forma crítica y propositiva en una misma dirección. Ahora hablamos de algo de naturaleza distinta: del sentido concreto de un acto político puntual, no irrelevante pero de trascendencia discutible, como es el del voto. Para mí lo fundamental es comprender que, sociológicamente, sí lo es: que la gente cuando vota al PSOE lo hace mayoritariamente porque cree que está votando un partido de izquierdas. Y que, además, es a día de hoy la única fuerza que puede propiciar un escenario en el que el nivel de autogobierno logrado hasta ahora, además de derechos sociales y libertades públicas, no retroceda. Así de grave es la cosa.
 
Propongo que en el ámbito electoral ya mencionado todas las fuerzas de izquierdas –incluido por supuesto el PSOE o los números no darán– presenten una lista conjunta, unitaria, en torno a un programa mínimo y con el compromiso explícito de apoyar en la investidura al candidato con más posibilidades de frenar el gobierno de las derechas. Primero, quitar el agua al pez, luego todo lo demás. Hablen entre ustedes, cedan, concedan, lleguen a acuerdos… ejerzan esas funciones que se les presuponen a los/as profesionales de la política. Creen un “olivo español” quienes pueden hacerlo y donde nunca podrá un independentista catalán por muy bien que le vaya en las redes.
 
Sean capaces de ilusionar y hasta emocionar a un electorado que no quiere elegir entre varias papeletas y que, en buena medida, lo hará por el voto útil o la abstención, hastiado de tantoscodazos a ver quién va primero. No es la solución a todos los problemas pero sí puede ser un buen dique de contención allí donde único se puede alzar. Si es que de verdad estamos hablando de parar en seco a Vox…
 
José Miguel Martín
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