Don Quijote: Ciencia, lo social, esclavos negros en España...
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Hay obras literarias, estimado lector, que pese a sus centenarias edades permanecen vivas. Otras pocas, mucho más cercanas en el tiempo, formarán parte del preciado listado de las primeras, también perdurarán.
No entro en planteamientos teóricos sobre cuáles deben ser las características de las aspirantes a “obras clásicas” ajenas a Roma, Grecia o la India antigua (Ramayana, Mahabhárata) de mi Bachiller... Pero como punto de partida vale la inicial definición de ‘creación digna de ser imitada’ o, en una sola palabra, genialidad. Sin aportar nada nuevo (torpeza la mía si tal vanidosa osadía me guiara), Don Quijote de La Mancha es de las más universalmente admiradas.
La pongo como ejemplo porque acabo de saber, gracias al portal de la Real Academia Española, sobre dos conmemoraciones relacionadas con nuestras letras. Una (2015) estuvo vinculada al cuarto centenario (cuadringentésimo) de la segunda parte del Quijote. La siguiente (2016) también conmemora otro cuatrocientos aniversario, el de la muerte de Miguel de Cervantes, su autor.
La académica institución de la lengua española, consciente de la trascendencia histórica, cultural, literaria e intelectual de fechas y autor, lanzará este año la nueva colección Biblioteca Clásica Básica (BCB) cuyo inicio, obviamente, corresponde a obras cervantinas: Don Quijote de La Mancha (inaugura la colección), Entremeses, La Galatea, Novelas ejemplares, Viaje del Parnaso...
(Por cierto: la arriba nombrada BCB me trae a la memoria la aparición entre 1988 y 1989 de la BBC -Biblioteca Básica Canaria-, impecable recuperación de la Viceconsejería de Cultura, Gobierno de Canarias, dirigida por Juan Manuel García Ramos, condiscípulos que fuimos en las aulas universitarias. Y como buen lagunero, preciso geógrafo y pitoniso, nos descubría guachinches - buachinches norteños desde Garachico hasta la Punta de Anaga. Incluso con clandestinas incursiones por otras zonas cercanas… para celebrar nuestros “Viernes Lingüisticoliterarios”).
Se trata de una obra extraordinaria, polifacética, desestabilizadora para fábulas y leyendas, profundamente psicológica, analítica, sabia también en contenidos ajenos a lo tradicionalmente estudiado en una novela (las técnicas literarias, lo histórico, lo lingüístico…). Y es que otros aspectos dentro de ella tan científicamente dados a conocer por especialistas permiten una certera afirmación: Cervantes conocía el mundo en el cual vivía y había estudiado el desarrollo de las ciencias hasta su momento. Más: incluso adelanta planteamientos inimaginables en su siglo pero muy presentes desde finales del XX hasta hoy. Se trata de observaciones sobre cuestiones sociales, astronomía, locura, mitología, matemáticas, naturaleza, ciencia médica, geografía, el buen gobierno, la sabiduría popular…
1. Lo social. Solo tres ejemplos: uno, la rebeldía femenina frente a imposiciones. Dice la pastora Marcela: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”, es decir, Naturaleza como libertad. (Es el beatus ille -‘feliz aquel’- del romano Horacio, siglo I a. C., tan presente en momentos de la cultura universal.) Añado sobre Natura: ya en los primeros momentos de la mañana, cuando “los pintados pajarillos […] habían saludado la venida de la aurora”, comenzó la andadura. (Tiene este paisaje elementos comunes con el que nuestro paisano Cairasco de Figueroa había descrito, al menos veinte años antes, para referirse a la selva de Doramas: “…hinchan el aire los pintados pájaros”.)
El segundo, sobre los mayores. Afirma Don Quijote: “Porque estamos todos obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros”. (Aún me escuecen y mortifican barbaries en algunas residencias madrileñas, años de la pandemia: “Antiguos altos cargos sanitarios de su gobierno [de Ayuso] se culpan mutuamente de la parte de los protocolos que bloqueó la derivación de miles de internos a hospitales”, leo en elDiario.es, 30/1/26. Hubo 7291 fallecidos según la Comisión de la Verdad. rtve.es/noticias.)
El tercero echa por tierra las afirmaciones de falsos historiadores actuales que niegan la esclavitud en aquella España: sí, fue consentida por el Estado y la Iglesia. Plantea Sancho: ¿”Qué se me da a mí que mis vasallos sean negros [etíopes]? Habrá más que cargar con ellos y traerlos a España, donde los podré vender, y adonde me los pagarán de contado, de cuyo dinero podré comprar algún título […] Por negros que sean los he de volver blancos o amarillos”. (Es decir, monedas de plata u oro, respectivamente).Por contra, Don Quijote: “Porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y Naturaleza hizo libres”.
2. En torno a las ciencias tradicionalmente consideradas, se confirma también la extraordinaria riqueza arriba apuntada. Acerca de las matemáticas sentencia Don Quijote: “Encierra en sí todas o las más ciencias del mundo y quien la profesa ha de saber matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidades della”).
Sobre la medicina: “Y tomando [Sancho] algunas hojas de romero […] las mascó y las mezcló con un poco de sal y aplicándosela a la oreja […] no había menester otra medicina, y así fue la verdad”).
Alrededor de la astronomía (“Sabía la ciencia de las estrellas […] el sol y la luna porque puntualmente nos decía el cris del sol y de la luna”, dijo Pedro, a quien rectifica Don Quijote: “Eclipse se llama, amigo, que no cris”).
3. Alimentación. Amplio conocimiento sobre hierbas. Así, “Su más extraordinario sustento debía de ser de algunas yerbas”. A lo cual añade Sancho: “Me voy imaginando que algún día será menester usar de ese conocimiento” (hierbas / yerbas).
4. Y en hablando de Política y profesionales de la misma, “… apartar las mentes de tu injuria si te sucediese juzgar algún pleito de algún enemigo”, fragmento reproducido por el señor Martín Menis (presidente del Gobierno canario el año 2005). Aparece en el preámbulo (“El Quijote y las ínsulas”) a una edición muy especial realizada por la Asociación de Academias de la Lengua Española con motivo del IV Centenario de la primera parte (1605). Es recomendación hecha por Don Quijote, una de las tantas que pueden valer para hoy si acaso se impusieran algún día razones, reflexiones, máximo respeto a pueblos e ideas ajenas y absoluto (o aproximado) dominio de la razón sobre la sinrazón”que a mi razón se hace”.
En fin: candor e ingenuidad caracterizaron a Don Quijote, aunque la lógica de algunos planteamientos invita al lector a darle la razón, por más que Sancho hable sobre su irregular locura. Porque cuando uno palpa el día a día de ciertas y determinadas conductas, la verdad es que se añora al tal personaje. Este, al menos, sueña con reparar injusticias y mantiene una proporcionada coherencia: “Desfacer agravios y sinrazones” puede oponerse, sin mayores calenturas, a los vacíos discursos de muchos ejercientes actuales de la profesionalizada política. Por no decir, ni tan siquiera llegan a idealizar.
Nicolás Guerra Aguiar





























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