Sentarse frente al mar, sobre todo cuando estaba bravo, y sentir los estallidos de las olas dentro de su cuerpo fue un bálsamo para suavizar sus penas.
La estela de la espuma se mezcló con las lágrimas que derramaba y sus gritos de dolor se eclipsaron con los golpes de la marea.
Cuando se marchaba, aliviada el alma, recordó una frase de la novela “Como agua para chocolate”, una expresión que repetía a menudo su madre: "Las penas con pan son menos".
Y cambió pan por mar.
Texto e imagen: Quico Espino
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