LA BRISA DE LA BAHÍA (270). Interpretaciones

La experiencia estética y vital de interpretar el arte transforma la percepción individual y enriquece la conexión con el mundo.

Juan Ferrera Gil Lunes, 16 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:
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Cuando las interpretaciones personales sobre determinados asuntos se verifican meridianamente viene a suceder que la vida hace mucho rato que se puso en marcha.

 

Interpretar un libro, un cuadro o una composición musical no solo es descifrar su contenido, sino la cantidad de belleza que lleva encima; belleza que se sustancia como si fuera apenas una mirada sencilla y única; mirada que siempre va más allá de la realidad más cercana: su deseo de abarcar traspasa las fronteras conocidas. Ese hecho tan común como el de mirar tiene su aquel. En él se encierran actitudes nuevas y sucesivas cuestiones que tienen que ver con el modo de ser y estar en el mundo. No solo sirven para dar un paso más, sino que demuestran que su sabor y olor se aseguran más allá de la realidad que tenemos delante. Es curioso cómo nunca antes habíamos tenido en cuenta esa especie de acertijo; quizás porque realmente fuera un texto, un dibujo o una música que acercaran y transmitieran posturas opuestas. En cualquier caso, no lo sabemos. Y quizás sea eso lo que menos importe.

 

Cuando atravesamos las puertas de entrada a un museo no solo invadimos un espacio casi sagrado, sino que lo que allí se expone viene hacia nosotros de manera única, personal y directa; cuando traspasamos la sala de música nos invade toda una visión cósmica del músico que aportamos y, además, la interpretación del autor, en su afán de atrapar lo que realmente sugiere, nos deja medio desamparados y con el ritmo de otro modo; cuando atravesamos las páginas de un libro y descubrimos entre sus atrevidas líneas la hermosura de los términos ya no solo nos queda respirar profundamente, sino que ese estilo del escritor o escritora se nos hace presente y ya no nos suelta hasta que llegamos al final de la obra que se resiste a morir.

 

Son las interpretaciones personales nuestra particular visión de un fragmento, de una esquina del cuadro o, tal vez, de aquel estribillo de la composición musical que se resiste a ser olvidada. Las interpretaciones vitales conforman la lucha particular que llevamos contra el olvido, que continuamente camina a nuestro lado. Quizás por eso los distintos pregoneros de pueblos, villas y ciudades dejan huella imborrable en la imaginación de sus escuchantes. Quizás hayan, estimados lectores, asistido a diversos pregones por si eran nombrados en la alocución de los entusiastas y ocasionales cronistas, pero al utilizar las palabras del poeta no solo consigue ser enumerado, sino que todo da un paso más en el mágico mundo de las palabras. Por eso creemos que las palabras de los pregoneros van mucho más allá de sus variados y novedosos contenidos. Y al convertirse las personas en infrecuentes protagonistas de crónicas dictadas al sosiego de la vida representan otra manera de ver y decir.

 

Ya se sabe: a cada uno lo suyo.

 

Juan FERRERA GIL

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