Luján PérezApreciado cronista de Santa María de Guía:
En relación al artículo publicado en el periódico Infonortedigital.com, el pasado 27 de enero, titulado ”A propósito de la supuesta vinculación del secretario de Estado Marcos Rubio con el escultor guiense José Luján Pérez”, basado en el artículo publicado por mi el domingo 25 del mismo mes, titulado, “Entre la descendencia de José Luján Pérez y los orígenes de Marcos Rubio”, donde expuse una hipótesis basada en crónicas de un antepasado mío, cuyo legajo conservo.
Como decía Marc Bloch, el historiador no debe ignorar “la inmensa masa de los testimonios no escritos”, transmitiendo que el conocimiento del pasado está siempre en transformación y perfeccionamiento.
Considero que siempre es interesante, y hasta necesario, que todos los que por circunstancias podemos corregir, enmendar y rectificar vertidas informaciones que no se ajustan a la realidad, es de agradecer que el que está en posesión de la verdad lo indique para el bien y el mejor conocimiento de la historia.
También es cierto, que tenemos dos tipos de historias, la oficialmente documentada en certificaciones públicas, y la historia privada y verbal que solo trasciende en especiales ámbitos extraoficiales y que no hay que despreciar.
Por ejemplo, si no hubiese trascendido los dos hijos naturales que procreó el famoso escultor, y dos siglos después alguien lo desvela, se diría que era imposible porque el artista murió soltero. Hay noticias privadas de que aparte de las tres amigas que tuvo el ardoroso imaginero, hubo otros entretenimientos con jóvenes muchachas que también quedaron embarazadas y que luego el fruto de sus entrañas se depositaba en los tornos de las casas cunas de expósitos de los conventos de la ciudad.
Podría haber ocurrido lo mismo con la hija de Luján, que siendo soltera quedó tres veces embarazada, aunque como es público y notorio arreglaría más adelante sus esponsales.
Y en cuanto al hijo viajero y soltero de Luján, criado en una familia tan “revuelta”, sería difícil imaginar que llegara soltero virgen a sus 52 años y más puro que la Inmaculada Concepción. Es un decir.
José Manuel, como se llegó a indicar en su momento, durante su estancia caribeña estuvo relacionado con amistades canarias y, entre ellas, con Vicente Marichal Cabrera, su testigo de excepción en varias ocasiones en documentos oficiales, un conocido practicante y sagragrador del siglo XIX, y tío tatarabuelo de quien esto escribe y del que afortunadamente conserva su interesante archivo privado y personal. En cartas y apuntes manuscritos entre ambos colegas, surge la insinuación de que ha habido en tierras cubanas semilla del virtuoso solterón y la relación con una paisana, que bien pudiera ser la pareja, la casera o un fugaz entretenimiento.
Y aunque en el artículo publicado solo se afirmaba la posibilidad de que hubiese alguna relación consanguínea con el secretario americano, era por encontrarse entre ambas filiaciones muchas coincidencias: el nombre de Carlos, que llevaba el hermano predilecto de Luján, como el del bisabuelo de político, que se complementaba además con uno de sus apellidos.
Y para más aseveración a lo expresado y a todo este entramado y complicado árbol genealógico, se observa que en el testamento del hijo de Luján se remarca con mucho interés, que “declaro hallarme en estado de soltería sin tener herederos forzosos”, una expresión que no era necesaria indicar si no se contemplaba la posibilidad de que en el futuro se presentaran reclamaciones. En términos notariales se nos indica que “la declaración en un testamento de ser soltero y sin herederos forzosos es una fórmula preventiva muy utilizada en la práctica notarial española, y su objetivo principal es crear la certeza jurídica para los herederos nombrados que suelen ser colaterales, amigos o instituciones y así evitar futuras reclamaciones”.
Termino agradeciendo al cronista de Santa María de Guía, tierra de nuestro insigne y admirado escultor, por la maravillosa herencia que nos ha dejado, su puntualización, pues con la aclaración pretendida ha demostrado su honestidad intelectual, su precisión y labor bien hecha que enriquecen los trabajos de sus investigaciones y el compromiso de ser fiel a nuestra entrañable y querida historia.
Afectuosamente,
Miguel Rodríguez Díaz de Quintana






























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