110 años de la basílica de Nuestra Señora del Pino de Teror

El templo de Teror fue distinguido como Basílica Menor en 1916 tras un proceso impulsado por el obispo Marquina y respaldado por la devoción popular y el arte religioso.

José Luis Yánez Rodríguez Martes, 10 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:
Imagen de Nuestra Señora del PinoImagen de Nuestra Señora del Pino

Se cumplen 110 años de la concesión al Santuario del Pino del título honorífico de Basílica Menor por el Vaticano el 13 de enero de 1916.

 

Ese día, el Cardenal Secretario de Estado Pietro Gasparri firmó el segundo rescripto que en los tiempos del obispo Marquina elevaba aún más los honores y prebendas del templo terorense y su advocación titular. Todo venía desde dos años antes.

 

En 1914, por otra concesión vaticana, Nuestra Señora del Pino era declarada Patrona de la Diócesis de Canarias y, previamente a las fiestas de aquel año, Marquina subió en agosto, antes de las fiestas, para, tal como quedó constancia, "ultimar, por encargo de la Sagrada Congregación de Roma que entiende en este asunto, ciertos detalles referentes al Santuario de Ntra. Sra. del Pino de Teror, que por gestiones del dignísimo Prelado será erigido pronto en Basílica Menor"

 

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La ceremonia de consagración del templo terorense, uno de los requisitos para elevar y razonar el argumentario a elevar a la Santa Sede se celebró el 30 de agosto de 1914. Para ello, se construyó un nuevo altar -de cemento recubierto de cantería- ya que el anterior, por ser de madera no podía ser consagrada, y por no hallarse pieza de cantería del tamaño requerido. Setrajeron reliquias de los mártires San Urbano, San Constancio, San Victoriano y Santa Severina, que fueron encerradas con tres granos de incienso en una cajita redonda, sobredorada por dentro y ceñida con cordones encarnados y el escudo episcopal. Mucho más oropel y ceremonial tuvo esta previa consagración, como la invocación del Divino Espíritu por medio del himno “Veni Creator Epíritus”, o el ruego que hizo el obispo a Dios para que visitara el recinto y designara ángeles para su custodia eterna que permanecerían por los siglos entre sus paredes; ceniza sobre el pavimento formando una cruz con inscripciones en griego y latín; bendición de sal, ceniza y vino; aspersiones sobre las puertas y paredes.

 

Todo ello no pretendía -repito- otra cosa que aumentar los valores del templo de Teror, cara a la solicitud de la concesión del título basilical, que en aquel momento sólo ostentaba en toda nuestra Diócesis, sólo la Catedral de Canarias. Como todo ello fue a puertas cerradas, el pueblo no se enteró de nada. Sólo espero pacientemente, la autorización para entrar. Y tampoco entendía mucho que era aquello de basílica, que en la actualidad sigue necesitando permanente explicación.

 

Pero si era bueno para la Virgen, era bueno para todos.

 

El obispo comenzó a moverlo después todo en las alturas vaticanas. El documento que en poco más de un año se conseguía lo pretendido lo argumentaba desde el inicio tal como aparece en la transcripción de su texto latino:

 

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BENEDICTO PAPA XV PARA PERPETUA MEMORIA”

 

La singular devoción de los fieles a la Virgen Madre de Dios siempre y en todas partes ha sido causa de que se la dedicaran templos grandiosos en los cuáles la piedad y el arte rivalizan por rendir a tan Excelsa Madre él culto más espléndido. Así también en la Villa de Teror de la Diócesis de Canarias existe desde el siglo XV un Templo consagrado a la Santísima Virgen María bajo la advocación del PINO tan enriquecido de preciosas obras de arte durante el siglo diecisiete y después en nuestros mismos días que a ningún otro cede, fuera de la Iglesia Catedral, en amplitud y magnificencia. A esto se añade que el Clero llena con celo y diligencia sus deberes en aquella Iglesia dotada de abundantes y ricas alhajas; las piadosas Asociaciones del Augusto Sacramento, del Sacratísimo Corazón de Jesús, de la Santísima Virgen del Rosario canónicamente establecidas en ella, así como las Archicofradías de Jóvenes de ambos sexos, y por último la Adoración Nocturna que celebra cada sábado su Vigilia, hacen que las funciones sagradas del mismo resulten más espléndidas y el Templo acreedor a que se le añadan nuevos honores y privilegios.

 

Creemos, pues, oportuno atender benignamente las Preces de Nuestro Venerable Hermano ÁNGEL MARQUINA CORRALES, que a la vez nos ha manifestado los mismos deseos del Clero y pueblo, y de acuerdo con Nuestros Venerables Hermanos los Cardenales de la Sagrada Congregación de Ritos, enriquecer con este nuevo favor dicho Templo ya antes favorecido con otras gracias e indulgencias por esta Sede Apostólica.

 

Por lo cual, por estas Nuestras Letras, y en virtud de la Autoridad Apostólica, ELEVAMOS A LA DIGNIDAD DE BASÍLICA MENOR la Iglesia dedicada al Señor bajo la advocación de la Santísima Virgen DEL PINO que se halla en la Villa de Teror de la Diócesis de Canarias, y la concedemos todos y cada uno de los derechos, privilegios, prerrogativas e indultos que corresponden por derecho a las Basílicas Menores de esta Nuestra Esclarecida Ciudad. Decretando que las presentes Letras han de ser y tenerse siempre por firmes, válidas y eficaces y han de surtir sus efectos plena e íntegramente y que aquellos a quienes pertenecen o en adelante puedan pertenecer los disfruten con perfecto derecho, y que así se ha de juzgar y definir debidamente y que será nulo e inútil si se pensase atentar contra ellos por quien quiera revestido de cualquier autoridad, a sabiendas o por ignorancia.

 

Sin que obste a ello cosa alguna en contrario.

 

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día trece de enero de mil novecientos dieciséis, segundo de Nuestro Pontificado.

 

PEDRO CARDENAL GASPARRI Secretario de Estado”

 

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A la semana siguiente, el obispo Marquina, trasladado a Teror, comenzó una semana de celebraciones litúrgicas, religiosas, civiles, para festejar el honor recibido.

 

Al ayuntamiento terorense reunido en pleno el 30 de enero de aquel año llegó la propuesta de una comisión de jóvenes que se lo habían transmitida al concejal Juan Hernández Suárez, “de ofrecer un modesto pero perpetuo recuerdo de gratitud a nuestro dignísimo Prelado Ilrmo. y Reverendísimo Sr. Dr. D. Ángel Marquina Corrales, que felizmente rige esta Diócesis, por sus gestiones cerca de la Santa Sede, que han dado el resultado apetecido, para erigir en Basílica nuestra Santa Iglesia parroquial; habiéndose adquirido a tal fin con parte de la suscripción popular iniciada, una lápida de mármol para que pueda ser colocada en una de las calles de esta población; solicitando el permiso necesario de esta Corporación para que pueda realizarse tan hermoso pensamiento, con el propósito de que esto pueda tener efecto el día dos del próximo mes de Febrero en que se celebrará de un modo oficial la inauguración de la citada gracia concedida por nuestro Santísimo Padre el Papa Benedicto XV”

 

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La corporación por decisión unánime decidió “dar el nombre de Obispo Marquina á la calle que corre al costado Naciente de la misma Iglesia parroquial, en la que se halla la entrada principal del Palacio Episcopal: que se descubra la lápida ya preparada al efecto que indicará el nombre de la calle inmediatamente después de la salida de la solemne función que tendrá lugar en la mañana del indicado día dos del próximo Febrero, pues a él se debe el que Ntra. Sra. haya sido declarada Patrona de toda la Diócesis, el mismo nos otorgó la consagración del Santuario y á sus gestiones se debe la gracia que ahora conmemoramos; el cual, además, trabaja con gran empeño por que sea declarado festivo en la Diócesis el día ocho de Septiembre en el que tiene lugar la gran festividad y romería de Nuestra Santísima Virgen, con el fin de que lejos de decaer en lo más mínimo, siga en aumento, si es posible, la devoción que generalmente se le tiene”

 

Los privilegios o prerrogativas simbólicas que ostentan las iglesias con tales honores son muchos, pero se circunscriben básicamente en tres: utilizar la umbela (un dosel parecido a una sombrilla) o el de la campana llamada tintinábulo, que son utilizados en procesiones o a la cabeza del clero en actos oficiales; así como el uso de capa magna para el rector de la misma.

 

Y también que los oficios celebrados en ellas sean permanentemente un ejemplo para los demás templos de la Diócesis a la que pertenece además de promover la formación bíblica y religiosa de los fieles, el estudio y divulgación de los documentos con los que se propone el magisterio del Sumo Pontífice.

 

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La sombrilla y la campana fueron regalados por la hermana de la Camarera de la Virgen del Pino, María Dolores Manrique de Lara y Massieu. Desaparecieron durante unos años, pero recientemente han vuelto a ser ornato y simbología no sólo de la devoción sino también de la historia de Teror y de toda la Diócesis de Canarias.

 

El 2 de febrero de 1916 estando Marquina en la Villa, el ayuntamiento terorense cumplió con el acuerdo plenario del 30 de enero.

 

Tal como destacó la crónica, el pueblo de Teror recibió en triunfo al obispo desde su llegada el 1 de febrero de hace 110 años, con las autoridades, la banda de música, y entre repiques de campanas y vítores, bajo una lluvia de pétalos de flores y entre salvas de aplausos, le acompañaron hasta el palacio episcopal. Aquella noche, la villa lució luminarias, hubo música y fuegos artificiales.

 

Al día siguiente en la función religiosa a la que asistieron todos los sacerdotes nacidos en Teror que viven en la isla, una comisión del Cabildo Catedral, las autoridades municipales y miles de personas, el prelado ofició de Pontifical.

 

En la tarde del 2 de febrero de 1916, se descubrió solemnemente la lápida de la calle obispo Marquina.

 

Los discursos oficiales y las emocionadas palabras del obispo dieron realce a uno de los pocos actos civiles que se realizaron hace más de un siglo para conmemorar el privilegio vaticano.

 

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Las conmemoraciones duraron aún cuatro días más.

 

El templo teldense de San Juan fue nombrado basílica menor el 6 de abril de 1973 y el Santuario de Nª Sª de la Candelaria en Tenerife lo fue el 24 de enero de 2011.

 

Como por honor y prebenda se tiene este tipo de títulos muy ligados a las emociones y sentimientos que se mueven en torno a Nª Sª del Pino, por lo que hay que respetarlos y difundir sus verdaderos y profundos significados.

 

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Y parejo al título nos llegó una devolución de gran importancia para las celebraciones del Pino.

 

En 1916, la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora en Teror, el Día del Pino, recuperó el doble precepto; la doble obligación para los católicos cumplidores: participar en la misa ese día -que no se nos había retirado- y la de descansar del trabajo -que sí nos habían quitado años antes-.

 

Todo ello en espera de declarar el Día del Pino festivo en toda la Diócesis, que ahí quedó.

 

José Luis Yánez Rodríguez

Cronista Oficial de Teror

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