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Gáldar tiene alcalde. Lo que no tiene, desde hace demasiado tiempo, es un alcalde presente. Teodoro Sosa, que lleva en su particular guanartemato tantos años que a Matusalén se le quedarían cortos, parece haber decidido que el municipio que gobierna ya no está a la altura de sus aspiraciones políticas.
Desde hace años ocupa la vicepresidencia del Cabildo de Gran Canaria y, más recientemente, su actividad pública se ha desplazado claramente hacia Las Palmas de Gran Canaria, donde busca visibilidad constante, foco mediático y proyección personal. En ese camino rompió con Nueva Canarias, la formación que lo impulsó, para fundar Primero Canarias, un proyecto que dice querer unir el nacionalismo, pero que gira, casualmente, en torno a su figura.
La duda es razonable y cada vez más compartida por la ciudadanía: ¿a dónde va realmente Teodoro Sosa? ¿Al Cabildo con más protagonismo? ¿Al Congreso de los Diputados? ¿Al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria? ¿O a todo a la vez? Porque si algo caracteriza su estrategia es la omnipresencia política… salvo en el municipio que gobierna.
En Gáldar, su ausencia se intenta maquillar delegando el protagonismo institucional en Julio Mateos. Sin embargo, la operación no convence. Ni su figura ni su papel generan liderazgo real. Su corte —esa que lo acompaña fielmente a todas las fiestas y actos— se esfuerza por hacerlo parecer cercano, pero el resultado es el contrario: todo se ve artificial, impostado, poco creíble. No hay naturalidad, no hay peso político, no hay autoridad. Simplemente, no está a la altura de lo que Gáldar necesita.
Y mientras tanto, en el casco histórico, la purpurina no falta. Fiestas, eventos, escenarios, confeti y sonrisas para la foto. Para eso siempre hay recursos, tiempo y planificación. El centro luce, brilla y se celebra sin descanso. La gestión municipal convertida en espectáculo permanente, pensada más para el escaparate que para resolver problemas.
Otra cosa muy distinta son los barrios, especialmente los más pequeños. Ahí no llega la purpurina ni la música. Ahí faltan servicios, mantenimiento, atención y respuestas. Dos Gáldar claramente diferenciados: el del foco y el del abandono; el que sale en redes y el que solo aparece cuando hay que pedir paciencia.
Gobernar no es encadenar eventos ni vivir en una precampaña eterna. Gobernar es estar, escuchar y atender a todo el municipio, no solo al que luce bien en la postal. Y si el alcalde está demasiado ocupado construyendo su próximo salto político, recorriendo despachos y escenarios ajenos, la pregunta final ya no es incómoda: es inevitable.
Si Teodoro Sosa no tiene tiempo para Gáldar, ¿por qué no dimite y deja el municipio en manos de quien sí esté dispuesto a gobernarlo, más allá de la purpurina, las fotos y el teatro político?
Guayarmina Guanarteme
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